Cultura

Blues, género único sin importar el tiempo

Este género siempre se ha caracterizado por ser versátil y contundente. Siempre existirán factores que hacen lo hacen único, sin importar cuánto tiempo pase entre cada brecha generacional.

Desde hace más de 40 años, se volvió un estilo de vida para gente de todas las edades en Querétaro. El blues en México tiene su origen en el norte del país. Una manifestación que prueba su alcance es precisamente el Festival Nacional QueretaBlues, que este 2018 convocó a 14 bandas en su quinta edición.

Género versátil pero contundente. Explosivo como el de John Lee Hocker o melancólico como Gary Moore: Siempre existirán factores que hacen a este género único sin importar cuánto tiempo pase, pues nunca dejan de agregársele más elementos musicales. El blues, género al cual los queretanos suman más adeptos, es la raíz del rock junto a las canciones populares del sur estadounidense.

De Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Ciudad de México y bandas locales, se unen para un fin de semana lleno de melancolía, pasión y amor por la música.

Al aproximarse al jardín del Arte, se siente cómo el blues recorre el cuerpo. Primero una base firme de la batería, después en el corazón una vuelta de 12 compases provocados por el bajo; los licks de la guitarra -icónicas lineas musicales- juegan de forma traviesa y melódica con una voz profunda que atrapa y no deja ir con facilidad. Siempre se querrá bailar.

Apoyo escaso

Sube al escenario la banda No limits proyect; sin embargo se les presenta como “Claudio Irrera”, quien es un músico versátil. Con más de 26 años de experiencia, ha logrado dominar géneros como el jazz y liderar su proyecto de blues.

Un atuendo discreto, una mirada penetrante y una barba muy característica. Explica que el blues en el estado de Querétaro cada vez se ha diversificado en más bandas. Añadió que proyectos como El Callejón del Blues Band, junto con la Oca Blues Band han sido proyectos que se han mantenido en pie y han logrado evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos, sin embargo, destacó que el apoyo del gobierno siempre ha sido escaso.

La gente sigue llegando al festival. El vocalista en turno hace una pequeña pausa para presentar una nueva canción: ‘No tienes llenadera’. El guitarrista hace un lick que llama la atención de la audiencia y comienzan a tocar.

Mientras tocan las últimas piezas, aparece José María Cabrera, ‘Chema’, quien es coorganizador y bajista. Habló de dificultades para organizar el festival, pero a diferencia del año pasado, recibieron apoyo gubernamental para el espacio y recurso económico para los viáticos de los músicos que provienen de otros estados.

‘Chema’ destacó que su plan es hacer el festival cada vez más grande, para que la gente quede satisfecha y las autoridades se sientan interesadas y comiencen a invertir en el festival. En la edición del 2017 fueron aproximandamente 2 mil asistentes.

Un estilo de vida

El clima es inestable. Horas antes de que comenzara el festival, una lluvia cayó sobre la ciudad. Esto provoca pánico entre los organizadores y asistentes; no importó a los artistas, quienes salieron y dieron todo por su audiencia.

La primera banda en abrir el festival es Bocanegra Blues. Un, dos tres, cuatro, cinco, seis… comienza con una progresión que recuerda a B.B. King. Cada miembro logra meter los matices y acentos justos en la canción y los oídos de la audiencia. Constantemente cambiaron instrumentos y voz. Gracias a una base firme pueden apreciarse los solos de guitarra y bajo.

Comienza a hacerse de noche y las luces iluminan a uno de los guitarristas. En su cara se nota cómo deja todo en el escenario, sus dedos recorren el diapasón en busca de la nota ideal para rematar el primer solo.

La lluvia irrumpe de forma estrepitosa, pero eso no hizo que la gente se fuera, al contrario comenzaron a acercarse y el concierto se volvió íntimo. La noche era perfecta para un buen concierto de blues. La lluvia, el público y el talento de la banda de Claudio Irrera hicieron del cierre algo glorioso.

El teclado tuvo una plática con los instrumentos. La gente quiso más, enloquecieron. La banda tocó una última canción que termina con una ligera improvisación; se oyeron los aplausos del público y del cielo. Alguna vez la comunidad del blues explicaba que más que un género, es un estilo de vida.

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