Cultura

Camilo José Cela, centenario

Julio Figueroa

PARA DESTACAR: Tres libros fundamentales de don Camilo: La familia de Pascual Duarte, La colmena y Viaje a la Alcarria.  Junto a esos libros, sus reflexiones literarias, sus cuadros costumbristas y los retratos de sus clásicos españoles, y otras morongas.  Don Camilo me enseñó a andar por andar y de paso ver, y luego, si es posible y necesario, escribir.

Nació el 11 de mayo de 1916 en Iria Flavia, La Coruña, España

Premio Nobel de Literatura en 1989. Un año antes que Paz. Y el Premio Cervantes lo recibió hasta 1995, un año después de Mario Vargas Llosa.

Se casó dos veces y tuvo solo un hijo con su primera mujer.Fue franquista, delator, censor y cronista dentro del franquismo, y todo un personaje en la vida de la transición democrática española.

Novelista, cronista, ensayista, viajero, articulista y editor, académico y político, tiene un primer libro de poemas: “Pisando la dudosa luz del día”.

Al flaco y enjuto don Camilo de los años 40 y 50 lo leí con intensidad y pasión en los 70 y 80, gracias al profesor ERG, vital en mis años decisivos.

Desgraciadamente no tengo a la mano mis numerosos libros de don Camilo, por lo menos una docena, empolvados en mi biblioteca perdida.Tres libros fundamentales de don Camilo: La familia de Pascual Duarte, La colmena y Viaje a la Alcarria. Los temas: un crimen tremendista de aquella época; la vida bulliciosa y subterránea en torno a un café; los pasos perdidos y recobrados por los caminos de dios y de los pueblos.

Junto a esos libros, sus reflexiones literarias, sus cuadros costumbristas y los retratos de sus clásicos españoles, y otras morongas.

Erudito, erótico, escatológico, lingüista, estridente; con una seriedad, una cara de palo y un vozarrón que daban miedo; rumiante de las letras.

Con su yo inmenso creía y decía que en su tiempo y en su tierra sólo se podía novelar como él lo hacía: viendo pasar los acontecimientos sin intervenir, registrando lo menudo y lo grande, esperando en el pabellón de reposo el fin.

Don Camilo me enseñó a andar por andar y de paso ver, y luego, si es posible y necesario, escribir.

Otra de sus cualidades era saber apoltronarse en su escritorio y saber rumiar las cosas y esperar la ocasión de echarse un buen pedo en el momento preciso. “Tenía cuatro estómagos, como los bueyes”.

Creo que en los años oscuros del franquismo fue como El Padrino de las letras españolas, se me ocurre pensar ahora.

Su franquismo fue real y sin embargo tampoco fue un dulce para el régimen autoritario: se cuenta que su primera novela, La familia de Pascual Duarte, la escribió en el reverso de las hojas de la censura, y su novela La colmena, con cientos de personajes, tuve que editarse en Buenos Aires, porque no cabía en la España de los años 50.

Yo no busco a los tipos puros y santos; me atraen más los autores y personajes vivos, contradictorios y pataleando en apuros.

Cela es un escritor tradicionalista y vanguardista a la vez, que alborota y enoja a los tradicionalistas y a los críticos modernos.

Cuando ganó el Premio Nobel en 1989, en México esperábamos el Nobel para Paz. No pocos pacianos, denostaron al Nobel español. Más de uno pensó y dijo que sus libros eran como literatura en alpargatas. Como si las alpargatas españolas y los huaraches mexicanos no fueran tan cómodos y naturales en su medio y circunstancias.

Lo curioso fue que al año siguiente, en que ganó el Nobel el mexicano, no lo esperábamos. Entonces no pocos izquierdosos denostaron a Televisa y a Salinas, artífices según ellos del Nobel concedido a Octavio.

Si la vida es una cadena de malentendidos y equívocos, mucho más lo es la vida política y la vidita literaria.Camilo José Cela Trulock dobló el siglo y murió en enero de 2002. Su última estridencia: “¡Viva Iria Flavia!”

“La donación de mis órganos”, poema de Cela: «La pinga la donaré / y que se la den a un caído / y levante poseído / el vigor que disfruté. / Pero pido que después / se la pongan a un jinete, / de esos que les gusta el brete. / Eso sería una gran cosa / yo descansando en la fosa / y mi pinga dando fuerte. // El culo no lo donaré / pues siempre existe un confuso / que pueda darle mal uso / al culo que yo doné. / Muchos años lo cuidé / lavándomelo a menudo. / Para que un cirujano chulo / en dicha trasplantación / se lo ponga a un maricón / y muerto me den por culo».

Hoy en la plana editorial de Plaza de Armas (11-V-2016) aparece esta sentencia de Cela: –La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro.

Con placer y provecho he leído los dos textos dedicados a don Camilo en el Laberinto 673 de Milenio diario: “Ese ego infiel y altisonante. Camilo José Cela: 100 años”, de Víctor Núñez Jaime, desde Madrid, quien dice: “La conmemoración del centenario de este ‘hombretón de barriga prominente y boca llena de sentencias’, está siendo más bien discreta”. Todavía más entre nosotros. Y un texto del propio Cela: “Sobre el concepto de novela”. Valdría la pena revisar los ricos prólogos a las distintas ediciones de La colmena. Pues no vale la pena dejarse invadir por la tristeza; la tristeza es también una rémora, decía don Camilo.

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