Cultura

Cantinflitas

Por: Juan José Lara Ovando

Uno de los personajes más conocidos, al nivel de emblemático, del cine mexicano es Mario Moreno “Cantinflas”. Es el cómico más popular al grado de convertir su imagen en una de las más utilizadas (y hasta explotadas comercialmente) como rasgo de identificación de lo representativo nacional, de manera que una caricatura del personaje fue inicialmente imagen del Mundial de Futbol de 1986 en México y otra similar dio lugar a una serie televisiva animada: Cantinflas show.

Por supuesto, Cantinflas es una figura muy querida en el pabellón de estrellas del cine mexicano que sigue teniendo enorme aceptación, por lo que continúan teniendo gran audiencia sus películas en la programación televisiva, aunque se repitan incesantemente. La importancia de sus películas radican en su gracia (lo medular de su actuación) sustentada en su forma de hablar, en la que menciona muchas cosas pero no dice nada. Los temas no son tan buenos como sus interpretaciones, él es quién las levanta y las vuelve atractivas, porque si somos exigentes, no tienen mayor validez que tenerlo a él en el rol principal; fuera de eso, serían cintas sin importancia, pero gracias a él, la productora Columbia Pictures, ahora dueña de sus películas, sigue cobrando muy buenas ganancias por su uso.

De hecho, sus mejores películas son las primeras que filma, donde su personaje es el mismo: Cantinflas, hasta llegar muy pronto a su climax en Ahí está el detalle (Bustillo Oro, 40), aunque el personaje subsiste de manera muy irregular hasta fines de los años 50, con Sube y baja (Delgado, 58); a partir de ahí, el personaje se diluye en diferentes roles encarnados más por Mario Moreno, el actor, que por su personaje cómico.

La película Cantinflas rinde un pequeño y pobre homenaje a la figura de este personaje, visto principalmente a través del actor, es decir, es más una película sobre Mario Moreno que sobre Cantinflas, aunque por supuesto, el punto de partida que es el que parece marcar el guión del film (correalizado por el mismo director, Sebastián del Amo) y lo que define la linealidad de su historia es el inicio en la actuación de Mario Moreno, que antecede a Cantinflas. De modo que nos encontramos en 1931 en una carpa en Veracruz a donde llega a buscar trabajo, pues para lo que había llegado no existía. Empezó barriendo, después sustituyendo a algún comediante, posteriormente imitando al cantante norteamericano Al Jolson, que se pintaba la cara de negro, hasta que lo encuentra Shilinsky (conocido años más tarde en el dueto Manolín y Shilinsky) un actor de carpa de origen ruso, que se lo lleva a la carpa Valentina, de su familia, en la Ciudad de México.

Ahí, Cantinflas conoce a la hermana de Shilinsky, Valentina Ivanova, de la que se enamora y unos años más tarde se casan. Pero no es hasta independizarse de esa carpa que Cantinflas va logrando cierta popularidad con su personaje de peladito de un barrio de la ciudad que improvisa los diálogos porque no se los puede aprender y adquiere su nombre conjuntando las palabras que un espectador posiblemente borracho, al no entenderle, le gritó ¿en qué cantina inflas’ o ¿qué tanto inflas? Y él lo convirtió en el nombre que por siempre tendría su personaje, que al igual que sus diálogos tampoco tenía un significado, ni se sabe realmente que haya sido así, pues como muchas de las cosas sobre él, es asunto mítico.

Hasta aquí, la película tiene atractivo y mantiene el encanto inicial, pero en adelante se va a ir muy rápido queriendo explicar mucho, pero sin profundizar en nada; por ejemplo, el inicio sustancial de Cantinflas es haciendo pareja cómica con Manuel Medel, con quién el peladito incursiona en la sátira política y, dado su éxito, saltan al cine. Las cuatro primeras películas de Cantinflas son al lado de Medel, eso brilla por su ausencia en el filme que comentamos, en tanto trata a Medel sin tolerar ni soportar al peladito.

Se intenta ubicar algunas de las películas que filmó sin lograr absolutamente nada serio con eso, aunque logra sobreentenderse (para el informado) por qué eligió a Miguel M. Delgado como director de cabecera de sus filmes, siendo considerado pésimo a diferencia de Bustillo Oro y Alejandro Galindo, que también lo dirigieron: que a estos últimos se les complicaba tanta improvisación y cambio de texto, en tanto que el primero lo dejaba hacer lo que quería, prácticamente era Cantinflas quién se autodirigía.

Pero lo medular de la película se sitúa en la internacionalización del actor con la cinta de Hollywood, La vuelta al mundo en 80 días y los esfuerzos del productor Mike Todd por contratarlo. Ciertamente es una película importante que le dio a ganar un Globo de Oro como Mejor actor de Musical o Comedia, pero a pesar del peso tan fuerte de este asunto, queda muy enredado con tantos otros, que va tratando al mismo tiempo por medio de flashbacks, que no logra darle independencia y ni éste ni caso alguno se vuelve relevante.

La forma en que se tratan los problemas del personaje resultan demasiado obvios, casi telenovelescamente, se omite todo aquello que inquiete (infidelidades, abusos, cambios de carácter) y se le endiosa porque todo lo hace bien (es el líder, el triunfador, el que casi somete a Hollywood) sin que haya algún elemento crítico que la sostenga. Como historia grata de una persona tan querida es aceptable, pero como una película brillante, deja mucho que desear.

Formalmente la película es buena, cuenta con atractiva fotografía, técnicamente está bien cuidada, el sonido, el vestuario, la cinematografía es muy buena con esos escenarios en el parque de Santa María la Ribera, las actuaciones son muy buenas, todos están en su papel, Oscar Jaenada, intérprete del comediante, es estupendo y hasta Bárbara Mori se luce como Liz Taylor en su par de escenas. El problema es el guión, tan flojo, y la dirección, tan lineal, que no explican nada y gracias a que se trata de un personaje tan conocido se deducen muchas cosas, que de otra forma no corresponderían y en las que incluso podemos no estar de acuerdo, ya que se limita a hablar bien, no a cuestionar.

A la película le falta reflexión y profundidad, está bien para pasar el rato, para divertirse comiendo palomitas. El director Sebastían del Amo ha realizado su segunda película acercándose a otro personaje del cine mexicano, el anterior fue Juan Orol (El fantástico mundo de Juan Orol, 12), pero en ninguna de las dos ha logrado más que despertar el interés del espectador por esas figuras de la cinematografía nacional. Lástima, Cantinflas se merece algo mejor y tiene mucho para ello, ojalá haya un buen cineasta que lo recupere y no lo muestre tan chiquito como en ésta resultó.

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