Cultura

Cavafis / Apuntes / 2 de 3

Radio UAQ / No. 11

Cápsulas de luz y sonido… / Libros, autores y temas

Julio Figueroa

Voz: Miguel Ángel García / Producción: Presencia Universitaria

Qro. Qro., febrero 2016

 

La obra de Cavafis cabe en un solo libro pero las versiones y traducciones de sus poemas son innumerables. La concentración de la escritura invita a la concentración del lector.

No es necesario leer a todo el mundo para sentir la experiencia del otro, y enriquecernos con ella. Unos cuantos autores, poemas y novelas pueden ser suficientes. Naturalmente la diversidad de las experiencias refleja muy bien la diversidad de nuestros gustos más íntimos. Diversidad que no excluye las contradicciones, motor de la vida humana.

Cavafis también escribió unas cuantas notas y apuntes sobre el arte, la vida y la literatura. Allí percibimos al poeta y al hombre en la cocina de su quehacer literario y en la recámara secreta de su espíritu. Llama especialmente la atención un apunte fechado en junio de 1905. Es el encuentro entre un joven y el viejo poeta. Vale la pena transcribirlo íntegramente como una lección para los jóvenes y los maduros artistas.

El joven y el viejo

–Un joven poeta me visitó. Era muy pobre, se mantenía de su trabajo literario, y me pareció que de alguna manera lo entristeció ver la buena casa en la que yo vivía, mi sirviente que le sirvió un exquisito té, mis ropas que estaban hechas por un fino sastre. Dijo: “Qué cosa más horrible es batallar para que salgan las cosas, tratar de llamar la atención a suscriptores para tu revista y compradores para tus libros”.

–No quise dejarlo en la oscuridad, y le dije algunas cosas, más o menos lo siguiente: Tu situación es desagradable y pesada, pero qué caro pago yo mis pequeños lujos. Para obtenerlos, me aparté de mi curso natural y me volví un empleado gubernamental (qué ridículo), donde paso y pierdo muchas horas preciosas durante el día (a las que hay que agregar las resultantes horas de fatiga y tedio). Qué desperdicio, qué desperdicio, qué traición. Mientras que tú, pobre, nunca pierdes una sola hora; siempre estás dispuesto, un fiel y dedicado hijo del Arte.

–Cuántas veces durante la jornada laboral llega a mí una idea espléndida, una impresión insólita, en forma de un poema ya hecho y no precipitado, y me veo forzado a no hacerle caso, porque el servicio civil no puede ser pospuesto. Luego regreso a casa y me recojo un poco, trato de recordarlo, pero ya se ha ido. Y con razón. Es como si el Arte me dijera: “No soy un sirviente a tu disposición para ordenarme que me vaya cuando llego, y venir cuando me llames. Soy la más grande Dama en el mundo. Y si me desdeñas, miserable traidor, por tu maldita casa fina, por tus malditos trajes finos, y tu maldita buena posición social, entonces conténtate con ellos y con las pocas veces en que te busque y estés en condiciones de recibirme, parado ante tu puerta, esperándome, como deberías hacerlo cada día”. (Constantino Cavafis, “Notas sobre literatura y vida”, traducción de Mateo Pliego, Biblioteca de México, enero-abril 2013, pp. 103-109).

Conozco bien esa experiencia porque la he vivido en la oficina y en la calle. Tener todo el tiempo del mundo sin el dinero necesario para moverse y satisfacer las necesidades elementales, no es muy grato que digamos. Y al revés. Igual de ingrato es tener un puño de ideas y emociones en la cabeza que quieren ser expresadas y no tener tiempo para ello porque el día y la semana y el mes están empeñados en otros menesteres que nos importan poco pero nos dan el comepán. Sin embargo he aprendido que cuando se quiere hacer algo se hace con tiempo y sin tiempo, con dinero y sin dinero. Palabra de palabrero rodante.

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