Cultura

Cavafis / La satrapía / 1 de 3

Radio UAQ / No. 10

Cápsulas de luz y sonido… / Libros, autores y temas

Texto: Julio Figueroa

Voz: Miguel Ángel García / Producción: Presencia Universitaria

Qro. Qro., febrero 2016

El poeta griego alejandrino Constantino Cavafis nació y murió en abril: 1863-1933. Setenta años de existencia oscura de un oficinista, años en que no sucede nada extraordinario, dicen sus biógrafos, nada, salvo su poesía.

Cuando al fin se vio libre de la oficina, sólo exclamó: “Por fin me veo libre de esta asquerosidad”. Le quedaban diez años de vida. Los dedicó a su vida literaria, a su poesía histórica y política, sensual, y el atroz paso del tiempo. En 1932 se le detectó un cáncer en la garganta y el último año de su vida sólo pudo comunicarse con pluma y papel, en hojas sueltas. Eso se llama el rencor de la grandeza, diría Nietzsche. Hoy es uno de los poetas universales imprescindibles del siglo XX.

Supe de Cavafis a fines de los 70 gracias a unos amigos griegos, Efi y Mariano, las traducciones de Cayetano Cantú, y las aproximaciones de José Emilio Pacheco en su libro Islas a la deriva (Siglo XXI, 1976). Y desde entonces lo cargo en mi memoria y no dejo de frecuentarlo. Me acompaña como me acompañan mis pensamientos, mis sensaciones y mi sombra. Cavafis, Pessoa, Cernuda… son los poetas más recurrentes en mi vida, junto con Paz y Pacheco, entre otros pocos.

“La satrapía” fue publicado en 1910 pero fue escrito mucho antes de esa fecha. Es el número dos de sus poemas canónicos, el número uno es “La ciudad”, luego vendrían “Ítaca”, “Los dioses abandonan a Antonio”, “Teódoto”, “Cuánto puedas”… “La satrapía (dice Marguerite Yourcenar) trasluce la amargura de un hombre obligado a renunciar a sus grandes ambiciones de escritor  para triunfar en el plano material: el burócrata Cavafis debió conocer esta clase de tristezas”. Cansado y decepcionado, el poeta claudica y cede. También nos recuerda la dignidad o la sumisión ante el poder. ¿Qué dirían nuestros políticos, si escribieran algo más que prosas burocráticas, pensamientos correctos y cápsulas publicitarias, al darse cuenta de que queriendo hacer el bien, hicieron más mal que bien?

LA SATRAPÍA

Qué triste. Aunque estás hecho para las cosas grandes y magníficas, el cruel destino no te ofrece jamás una oportunidad ni calma tus deseos; por todas partes tropiezas con mezquindades, hábitos vulgares, indiferencia. Y qué terrible el día en que cedas (el día en que, cansado, claudicas y cedes) y tomas el camino de Susa y te presentas ante el rey Artajerjes quien, magnánimo, te ofrece un lugar en la corte, satrapías y cosas así: premios que no deseas y que sin esperanza acabas aceptando. Mas tu alma anhela otras cosas: el simple elogio de las gentes y de los sabios, el aplauso difícil e inestimable, el ágora, el teatro, los laureles. ¿Cómo podría darte todo eso Artajerjes? ¿Cómo vas a encontrar lo que amas en una satrapía? Y sin eso que quieres, ¿cómo vas a vivir?

“La satrapía”, Constantino Cavafis, versión libre en prosa gracias a la enseñanza de Marguerite Yourcenar. (Va la versión en griego por si alguien entre nosotros sabe griego). Gracias.

 

 

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