Cultura

Cavafis / Velas / 3 de 3

Radio UAQ / No. 12

Cápsulas de luz y sonido… / Libros, autores y temas

Voz: Miguel Ángel García / Producción: Presencia Universitaria

Qro. Qro., febrero 2016

Por: Julio Figueroa

 

Constantino Cavafis escribió “Velas”, uno de sus primeros poemas, hacia finales del siglo XIX. Pero no figura entre sus poemas canónicos publicados póstumamente. Sin embargo el poema circuló en hojas sueltas, como varias de sus creaciones, entre el círculo selecto de sus lectores. Fue tan bien acogido y representativo, que entonces al poeta se le llamó el poeta de las velas.

La poesía de Cavafis está llena de reticencias, sensualidad, detalles precisos y sugerencias. Apenas toca las cosas pero las toca de un modo muy peculiar. Es un sacador más que un metedor de palabras, sensaciones y emociones apenas veladas. Sabe del atroz paso del tiempo y lo utiliza: hace del pasado una presencia viva y toca el río de imágenes de la memoria que pasa en fuga. La poesía del griego alejandrino es tiempo puro, luz y sombras.

Los poetas no tienen biografía; lo que cuenta son sus poemas. O no son poetas, son personalidades. Sin embargo, para los hambrientos sociólogos, críticos, periodistas e historiadores el poeta dejó estas palabras de 1924:

–Soy constantinopolitano de origen, pero nací en Alejandría, en una casa de la calle de Cherif. Siendo muy pequeño me marché a Inglaterra, donde pasé buen tiempo de mi infancia. Después volví otra vez a este país, ya mayor, pero pasé poco tiempo. También viví un tiempo en Francia. En mi juventud viví poco más de dos años en Constantinopla. Hace muchos años que no voy a Grecia. Mi último trabajo fue de funcionario en una oficina gubernamental, dependiente del Ministerio de Obras Públicas de Egipto. Sé inglés, francés y un poco de italiano.

Todo Cavafis está allí en esa prosa concisa, reticente, sugerente, entreabierta… como su poesía. Cosmopolita y originario de un espacio y un tiempo perdido. En otra parte dice:

–Yo no sé si la perversión da facultades. A veces lo pienso. Pero es seguro que es una fuente de grandeza. // Los monjes ven cosas que nosotros no vemos… Cincelan su alma con la soledad, la reserva y la contemplación.

 

Velas

Como una hilera de velas encendidas, los días futuros aparecen ante nosotros; pequeñas velas cálidas, doradas, vivaces. Quedan atrás los días pasados, como una triste hilera de velas consumidas. Humean todavía las más próximas; velas frías, derretidas, deformes. No quiero verlas: me apena su triste forma y me duele recordar su luz primera. Veo adelante mis velas encendidas. No quiero mirar atrás y ver estremecido qué aprisa la oscura fila se alarga, qué rápido aumenta las velas apagadas.

 

Cuanto puedas

Aunque no puedas hacer tu vida como quieras, trata de no vejarla al menos. Evita cuanto puedas el demasiado contacto con el mundo de palabras sin rumbo y sin sentido. No la envilezcas arrastrándola y exponiéndola en relaciones falsas y estúpidas fiestas, que van dejando un vacío, un peso, un extraño lastre.

 

Deseos

Como bellos cuerpos que murieron jóvenes, encerrados con lágrimas en ricos mausoleos, con rosas en el pelo y a los pies jazmines, se van los deseos que pasan sin cumplirse, sin que alguno de ellos haya alcanzado la plenitud de una noche sensual o un amanecer iluminado por la luna.

 

Jura

Jura con frecuencia empezar una vida nueva; pero… cuando llega la noche, con sus consejos, tentaciones y promesas… cuando viene la noche, con sus instintos, deseando, buscando… accede entonces como siempre a su acostumbrado placer.

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