Cultura

Cero treinta horas de la madrugada

Por: Juan José Lara Ovando

Hugo Chávez es un enemigo menos del imperio, al igual que Muammar Gadafi, Saddam Hussein y Osama Bin Laden. Faltaría Fidel Castro que ya ha dejado la conducción de su país y eso reduce ligeramente la enemistad mediática, al menos a nivel personal. Aunque todos proceden de orígenes geográficos e ideológicos distintos tienen en común haberse enfrentado al imperio y buscar una alternativa diferente para desarrollarse. Un saludo respetuoso a todos ellos por habernos despertado en algún momento del insomnio.

La película La noche más oscura trata sobre la persecución y asesinato de Osama Bin Laden. La traducción literal sería la que da título a este artículo, ya que fue la hora en que se implementó el operativo de su captura en los alrededores de la ciudad de Abbottabad, Pakistán, el 1° de mayo de 2011.

El tema central de la película es la obsesión por encontrar a Bin Laden a cualquier precio. El tema secundario (esta película lo tiene) es el intento de legitimación por encontrarlo pasando abiertamente sobre todo tipo de límites, como la tortura, independientemente de que la información que se tuviera fuera o no fidedigna (torturaron y encarcelaron a todo el que les pareciera sospechoso, sin tener pruebas contundentes), es decir, hicieron válido un delito tan fuerte como aquél del que querían desquitarse: el asesinato de tres mil personas en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.

En la película aparece la tortura como algo legítimo si su empleo sirve para obtener una información que pueda evitar daños mucho mayores, lo que tal vez no haya sido ese atentado sobre la población civil sino a un país y una ciudad que se creían blindados frente a cualquier tipo de ataque externo. Así, en el filme, los terroristas que atentaron contra la población civil estadounidense merecen sufrir su venganza, tienen que ser sujetos de una represalia sólo comparable con la que se ha sufrido, como si fuera una cruzada nacional avalada por gobierno y población.

El personaje principal de la película es una mujer, la agente de la CIA encargada de la investigación para localizar al terrorista afgano, está completamente obsesionada en su trabajo (para ella no habrá días de descanso, vida privada, amores, ni casa), y endurecida en el castigo a los sospechosos, al grado de volver indispensables las represalias, por eso transita con menor impresión de una primera compasión por un hombre torturado a una rigidez sorprendente que no admite contemplación ni consuelo, lo único que acierta a decir, ajena totalmente al sufrimiento, es “sólo puedes salvarte apelando a tu propia responsabilidad”.

La noche más oscura es una película estremecedora y precisa, lo mismo que directa e inteligente. La cinta agarra al espectador desde la primera escena cuando con voz en off y sin imagen nos sitúa en el atentado al World Trade Center. No hace falta volver a ver esas escenas, ya tan conocidas, pero sí situar el momento y hurgar en nuestros recuerdos, para de ahí pasar a una escena de tortura (muy criticada por diputados norteamericanos que alegaron que eso no fue así porque no se dio autorización para ello), para más tarde combinar a la perfección escenas de conversaciones en despachos en Washington con otras en bases militares, cárceles, embajadas, hoteles en Pakistán, Afganistán y hasta en Guantánamo, para finalmente llegar a un clímax magistral: el asalto a la casa donde se encuentra el buscado terrorista, que fallece sin defensa alguna, totalmente copado.

No sólo el clímax es genial, toda la película lo es, la escena de la tortura es de casi de 20 minutos (la del clímax es de 30) pero están hechas milimétricamente, van creando aproximación, la tortura provoca repulsión, pero el asalto apasiona, se va siguiendo con atención cada posición del comando a través de sus filtros de visión nocturna como si estuviéramos ahí. El seguimiento de la historia es como si lo viéramos en un documental, como si se realizara en ese momento, si parece un hecho real (recordemos que toda película es ficción aunque se base en hechos reales) es labor sustancial de la directora Kathryn Bigelow (que lucha por sobresalir en un cine dominado por los hombres, tal como el personaje de esta película) y el guionista Mark Boal, la primera por dirigir con enorme meticulosidad y realismo y el segundo por formar un libreto preciso y directo, ambos tuvieron oportunidad de consultar los archivos de la CIA.

El resto de la película es un seguimiento muy estructurado de la investigación a través de quienes la llevan a cabo: la agente de la CIA, un pequeño equipo, otro agente que deja el asunto y sus jefes, entre otros. Lo interesante es que la cinta está desprovista del contexto histórico, no sabemos razones, ni se menciona el malestar gringo, ni hay frases políticas, todo se resume al papel de la investigación (en algunos momentos la burocracia política parece harta del asunto y pueden darle carpetazo, como si el malestar nacional contara poco), incluso la severidad de las estrategias de la CIA no se ven. Aun del personaje femenino estelar tampoco se indica nada, no sabemos nada de ella salvo su empeño vigoroso por cumplir la misión encomendada: capturar al terrorista.

Si estorba o es innecesario el contexto es porque la película reflexiona no sobre un hecho histórico reciente, sino sobre las humillaciones y los miedos colectivos, así como la irracionalidad para superarlos por métodos tan siniestros como la tortura. El civilizado y moderno imperio aparece confundido por la indignación moral que le ha producido ser sujeto de desastre. Una película brillante de una directora que sabe mantener el ritmo aun en secuencias de lento hilado (ya lo había hecho con un tema similar en su premiada cinta anterior, Zona de miedo); una actriz, Jessica Chastain, impecable, al igual que un buen cuadro de actores, aunque casi todo recae en ella; un guión magnífico que me atrevería a decir que no ganaron el Oscar porque no juegan totalmente a favor de Estados Unidos, con un tema que empieza a hacer ruido en ese país, de hecho Argo toca algo similar, aunque sea menos inquietante nacionalmente. No se la pierda toda una lección de buen cine.

{loadposition FBComm}

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba