Cultura

Che Guevara: Una vida Revolucionaria

Por: Aurora Vizcaíno Ruiz

«Che Guevara: una vida revolucionaria» de Jon Lee Anderson, ha sido adaptada a una novela gráfica (de título homónimo) por José Hernández, caricaturista mejor conocido por su apellido al firmar los cartones que dibuja para publicaciones como El Chamuco y los hijos del averno y La Jornada.

No es la primera novela ilustrada que realiza Hernández, ya había trabajado en conjunto con Fabrizio Mejía Madrid en «Septiembre. Zona de desastre», una novela gráfica sobre el terremoto de la ciudad de México en 1985.

La experiencia en la creación de tal novela gráfica, hizo que Hernández definiera al Che Guevara como «un idealista rayando en lo ingenuo en el sentido que realmente buscaba vivir en un mundo mejor, pero estaba convencido de que la única manera de liberar a un pueblo era por medio de la lucha armada»

Fue «complicado» para Hernández hacer una adaptación de la novela de Jon Lee Anderson, así que se decidió por hacer una trilogía que comienza con el libro dos; mismo que consiste en cuando «Ernesto Guevara se convierte en el Che».

Después seguiría el primer tomo, mismo que trata sobre la estancia del ídolo argentino en México y finalmente, Hernández explicó que el tercer libro consistirá en el paso de este personaje en Bolivia.

Rafael Pineda, su colega en El Chamuco y los hijos del averno, dijo de Hernández que «es uno de los más grandes exponentes de la caricatura mexicana».

«Ojalá lo disfruten y lo sufran así como yo lo disfruté mucho y sufrí mucho al hacerlo; muchas gracias», remató el autor de la novela gráfica.

La presentación del libro fue realizada en la Galería Libertad, el 11 de diciembre del 2015 y contó con la participación de Rafael “Rapé” Pineda, monero de El Chamuco y los hijos del averno y Milenio.

En entrevista con Tribuna de Querétaro, José Hernández explicó que México no está preparado para tener a un personaje tan radical como el Che Guevara, ya que prefiere la vía pacífica para cambiar el entorno. Además el monero de La Jornada habló sobre su admiración hacia Miguel Covarrubias, otro artista plástico mexicano.

–          ¿Con qué virtudes te identificas con el Che Guevara?

Más que identificarme, sería un poquito soberbio decirlo, sí le admiro y ojalá pudiera yo. Fue lo que dije. Su idealismo y su congruencia, básicamente la congruente. Yo quisiera ser así de congruente, pero es muy difícil. Realmente él lo llevaba a unos límites incomprensibles para la mayoría de la gente.

Eso es realmente lo que admiro y lo que quisiera parecerme al Che Guevara. Y hay cosas que no me gustan, desde cosas tan importantes como su lucha armada, como otras. Por ejemplo, no se bañaba. O por ejemplo, también, tenía un pésimo oído musical. Les pedía a sus amigos qué era lo que estaban tocando, si un tango o un cha-cha-chá, para él bailar era totalmente, un sordo musical.

–          También hablaban un poco de recuperar a esta figura para esta generación, que todavía sigue vigente ¿qué tan factible es una figura como el Che Guevara en un contexto tan complicado como lo es México ahora?

Temo que, precisamente, la parte en la que no concuerdo con él, sea la que más pueda influir para mucha gente, en un contexto como en México. La gente que está en el Poder ha hecho todo lo posible por convencernos de que lograr el cambio, por medios pacíficos y por medios institucionales, es imposible. Entonces, a mucha gente la puede orillar a buscar otros medios, los medios violentos.

Entonces, yo me temo que la parte en la que yo no estoy de acuerdo con el Che, a la larga sea la que puede influir. El Che, por ejemplo, siempre trató, a raíz del triunfo de la Revolución Cubana, de repetir ese fenómeno en otros lugares, se fue al Congo, quiso hacerlo en Argentina, mandó gente de avanzada, amigos suyos que fueron a preparar las condiciones para realizarlo. Finalmente lo intentó en Bolivia. Él quería en su propio país sembrar una revolución. No lo logró y finalmente lo mataron. Es que la gente le decía «es que las condiciones no están dadas» y el Che decía «no hay que esperar a que estén las condiciones, hay que crearlas».

Entonces yo sería de las personas que dicen «es que no están dadas las condiciones», yo estoy convencido de que en México no están dadas las condiciones para una lucha armada. De hecho, espero que nunca estén dadas. No están dadas las condiciones para un cambio pacífico, esas sí creo que debemos de crearlas.

Sobre el panorama de la novela gráfica en México, decías que hiciste una que ¿funcionó o no funcionó?

Creo que no se vendió muy bien. Yo estoy medianamente satisfecho. Me gustó cómo quedó en el sentido de que se cuenta una historia importante. Aunque no funcionara mucho mejor, yo, personalmente, me siento mucho más satisfecho con respecto a la novela.

 

–          ¿Se consume bien en México la novela gráfica?

Afortunadamente ya se está promoviendo bastante la novela gráfica de autores mexicanos. Sexto Piso, entre otras editoriales, lo está promoviendo bastante. Sé que hay mucho más público. Antes estaba como que muy cerrado en un circulito, de cómics, novelas gráficas; ahora ya se ha abierto bastante.

Me da mucho gusto que en cualquier librería grande ya encuentras tú una zona especial de novela gráfica y ya hay más espacios especiales. Y no sólo novelas grandes, sino los pequeños espacios. Hay un gran reconocimiento.

 

Si tuvieras la oportunidad de hacer a otro personaje ¿a quién te gustaría hacer?

Hay uno que no es muy conocido, curiosamente no está muy conocido en México, es el caricaturista más conocido fuera de México. El caricaturista más importante en el exterior, es Miguel Covarrubias. Entonces, es un personaje que a me llama mucho la atención. Tal vez si quisiera yo seguir un poquito con esta idea de las biografías, de personajes, creo que a mí me gustaría retratar.

 

Y en ese mismo sentido, a Miguel Covarrubias, ¿qué tanto se le puede rescatar ahora? ¿Por qué puede ser importante ahora?

Fue un personaje muy completo, artísticamente, culturalmente. Fue un extraordinario caricaturista que fue muy famoso en los Estados Unidos. En los años 20, 30. Hizo caricaturas de los personajes más importantes: actores, de teatro, cine, política.

Trabajó en The New Yorker y aparte fue un personaje muy importante dentro de la danza en México, dentro de la escenografía y dentro de la arqueología en México. Fue muy completo. Tiene muchas facetas y promovió mucho la cultura en México.

En México su trabajo es más conocido como escenógrafo, que como rescate arqueológico que como caricaturista. Entonces, este tipo de personaje, culturalmente hablando, son muy, muy completos. Tiene mucha pertinencia.

 

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