Cultura

Concurso de Calaveritas Literarias FCPS SJR 2019

1er Lugar – Paola Díaz Olvera

Doce Años

De plástico ametrallado,

enfermo y contaminado,

le vino al planeta Tierra

visita de quién le aterra

 

Que gusto, mi nueva amiga.

Yo soy la dichosa muerte.

Me llevo a quien te castiga

y trajo tu pobre suerte

 

No me hagas daño, te pido

dijo el mundo suplicando—.

Si yo, del mal que recibo,

apenas me estoy salvando

 

Yo no te estoy lastimando.

La vida te ha envenenado,

la vida que tú has creado;

tu fruto el que te ha matado:

Tus bosques se están incendiando,

tus ríos ya se están secando,

tus flores se están marchitando,

tu tiempo ya se está acabando

 

Tiempo es lo único que pido,

solo para ser amado;

respeto de a quienes cuido:

Lo único que no me han dado.

 

 

2do Lugar – Rick Trejo

Los Amantes

Como una marcha fúnebre, la guitarra tocaba.

En un cuarto miserable, a la muerte esperaba

Cantando canciones sus sentimientos rimaba;

a la una de la tarde su mano temblaba

 

De la nada llegó la visita.

Vio a la calaca y alzó la vista

Sus ojos negros a su corazón le incitan,

a darle un beso y prolongar la visita

 

Eduardo, creyendo en los cuentos,

a la muerte le develó sus sentimientos;

pero su respuesta no fue la esperada:

La muerte le dio, como siempre, la espalda

 

—No eres tú, soy yo —le dijo halagada—.

Si tu corazón late, el mío ya no hace nada.

Tus mejillas son tibias, las mías son heladas.

Lo nuestro no es posible, pues ya estoy enterrada.

 

Con el corazón triste y el alma deshecha,

Eduardo de un balazo se voló la cabeza.

—Ahora puedes amarme, mi muerte está hecha

—Pero a la flaca su amor ya no le interesa—.

 

Ahora en el cementerio la guitarra llora.

El joven Eduardo en la tumba mora.

Dicen que, si te acercas, su voz enamora:

Inolvidable será hasta que te llegue la hora.

 

 

3er Lugar – Nadia Velázquez Moreno

Piel morena y ojos grandes,

un buen día fue a pasear,

sus zapatos bien cuidaba

Lupita al caminar

 

Al girar en una esquina,

la Calaca la alcanzó

y, por frenar de repente,

su tenis blanco pisó

 

Muy furiosa, Guadalupe

a lavarlos la mandó

y la Calaca, asustada,

sin remedio se quedó

 

Humillada la Calaca,

un buen rato se tomó,

cuando bien limpios quedaron,

a Lupita se llevó.

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