Cultura

Crónica de un amor anunciado

Por: Juan José Lara Ovando

Uno de los más grandes amores de Gabriel García Márquez fue el cine. En 1954 estudió cine en Roma y aunque él tenía muy bien definido que estaba en el camino literario, porque para entonces era más periodista que escritor (hacía ya periodismo literario) coqueteaba con el cine, como lo hizo toda la vida. Cómo todo amor platónico, al cine lo amó por siempre, pero aventurero como era, todavía, siendo joven y soñador como lo fue, intentó pasar de lo platónico a lo real y se convirtió, probablemente, en el escritor más filmado de la historia (23 películas), además de tener apariciones como actor en al menos cinco ocasiones y haber intervenido en el guión de más 20. Sin embargo, su amor no deja de ser imposible, o al menos mal correspondido, pues ninguna de ellas es, de lejos, una obra maestra como sucede con varias de sus novelas.

Una de sus declaraciones conocidas es que quiso ser director de cine, pero su verdadera labor ligada a ese arte fueron sus críticas en un diario colombiano, que le ganaron reconocimiento internacional, aunque su labor más conocida es la que realizó al llegar a México, a inicios de los años 60, como guionista de cine. En realidad fue coguionista, nunca elaboró ni firmó un guión él sólo, siempre fue en compañía de otro guionista, la mayor parte de las veces el director de la película, aunque en esa época se distingue por colaborar con Carlos Fuentes y Juan Rulfo en ellos; de hecho, su colaboración más reconocida es para El gallo de oro (Gavaldón, 64), con guión de Rulfo y adaptación de Fuentes y Gabo.

Con el tiempo, a partir de los años 70, sus historias llamaron tanto la atención que corrió mucho interés en filmarlas, así que él mismo se encargó de coescribir el guión de la mayoría (en este caso, una adaptación de su obra). Pero no quedó ahí. Después de obtener el Premio Nobel, Fidel Castro (con quién llevaba buena amistad) lo invitó a crear la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano para apoyar la creación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en La Habana, Cuba, apoyándose en sus excompañeros cineastas en Roma, los reconocidos directores Julio García Espinosa (cubano) y Fernando Birri (argentino). Pero nunca se dedicó a la dirección, aunque tiene un trabajo de codirección en una época muy temprana, La langosta azul, en la Colombia de los años 50.

Lo que sí lo distinguió en su etapa tardía fueron los talleres de guionismo de cine que impartió en la escuela de cine en Cuba, de los que se produjeron varios guiones, tanto de él como de alumnos y profesores, además de textos donde recupera sus enseñanzas como guionista, tales como, Cómo se cuenta un cuento y el ensayo El precio de los adjetivos. La experiencia de estos talleres resultó muy redituable en el sentido de que su influencia en el cine latinoamericano se dejó sentir. Se filmó una serie de películas llamada Amores difíciles (88), que constó de cinco películas que provenían de textos salidos del libro Doce cuentos peregrinos; en México, se filmó una cinta con tres historias salidas de los talleres de cine, denominada Con el amor no se juega (García Agraz, Carlos y José Luis y, Gutiérrez Alea. 91).

Las películas sobre sus textos iniciaron en 1965, cuando Alberto Isaac filma En este pueblo no hay ladrones, donde además del actor Julián Pastor, participan nada menos que Rulfo, Luis Buñuel, Carlos Monsiváis y Gabo. Un año más tarde, Arturo Ripstein filma su primera película con un guión original para cine de Gabo, se trató de Tiempo de morir. De esa forma nos encontramos con Juego peligroso (Alcoriza y Ripstein, 66), eran dos partes, la de Gabo fue Ho de Alcoriza; Patsy, mi amor (Michel, 68); Presagio (Alcoriza, 74); La viuda de Montiel (Littin, 79, director chileno muy prestigiado); María de mi corazón (Hermosillo, 79); El año de la peste (Cazals, 79, adaptación de un texto de Daniel Defoe).

En la década de los 80 viene su internacionalización a partir de coproducción de Brasil-México-Colombia-Cuba y Suecia con Eréndira (Guerra, 83). Se vuelve a filmar, ahora en Colombia, Tiempo de morir (Alí Triana, 85); Crónica de una muerte anunciada (Rosi, 87, producción italiana con reparto internacional); El extraño verano de la señora Forbes (Hermosillo, 88); Un señor muy viejo con unas alas enormes (Birri, 88); Milagro en Roma (Duque Naranjo, 88); Fábula de la bella palomera (Guerra, 88); Cartas desde el parque (Gutiérrez Alea, 88), estas cinco películas componen la serie Amores difíciles; Edipo alcalde (Alí Triana, 96, adaptación de Sófocles); El coronel no tiene quién le escriba (Ripstein, 99); Los niños invisibles (Duque Naranjo, 01); El amor en los tiempos del cólera (Newell, 07, única producción de Hollywood); Del amor y otros demonios (Hidalgo, 10) y Memoria de mis putas tristes (Carlsen, 11).

Tiempo de morir se ha filmado dos veces y se dice que se está preparado un guión para una tercera versión. Con mucho, es la mejor película de todas las citadas, seguida de cerca por María de mi corazón, El año de la peste, Presagio y Los niños invisibles, a mi juicio (además de Con el amor no se juega), el resto puede pasar desapercibido. Se mencionó el interés de Anthony Queen por conseguir productor en Hollywood para Cien años de soledad y el del director japonés Akira Kurosawa (parece ser que también del serbio Emir Kusturica) por llevar a la pantalla El otoño del patriarca.

Se dice de otros directores que, por ejemplo, el alemán Werner Herzog retomó El mar del tiempo perdido para Fitzcarraldo (Palma de oro, Cannes 82) y que el chino Li Shaohong filmó estupendamente Crónica de una muerte anunciada en Una mañana sangrienta, pero cada uno le puso lo suyo, la ambientó estupendamente en paisajes exóticos y le dio su contenido cultural, incluyendo la narrativa poética y sus fantasías expresivas, no plasmaron a fuerza a un Premio Nobel en un mundo que tenía que encajar como estaba en los libros; tal vez eso sea lo que haya qué hacer para filmar las historias de nuestro Gabo, por eso él esperaba mucho de la versión que nunca llegó de Kurosawa y que tal vez, éste se dio cuenta que no lo podía plasmar en su Japón medieval, por eso no la filmó.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba