Cultura

Crónica de un sentimiento en el sonido de los pies

Concheros, indios, cadetes y diablos se reúnen para ofrecer sus danzas a la Santa Cruz de los Milagros

Por: Cecilia Botello Morales

Bajo un ambiente marcado por el aroma del copal, hombres y mujeres personificados de cadetes, diablos o mujeres transexuales, y vestimentas que incluían un enorme penacho con plumas de faisán o pavo real, se realizaron las tradicionales danzas por el Día de la Santa Cruz en las calles del Centro Histórico de la ciudad, desde Zaragoza hasta el Templo de la Cruz, evento que culminó con la quema del castillo el día 15 de septiembre.

Alrededor de las 2 de la tarde se podía notar que algunos ‘concheros’ apenas iniciaban su transformación. Mujeres, niños, hombres y ancianos pintaban su rostro, alistaban o acomodaban sus penachos, se colgaban sus pulseras de hueso de fraile y alistaban los tambores.

En el piso se podía observar a personas que limpiaban varias imágenes religiosas, las cuales llevaban enmarcadas en cuadros y a las que dedicaban las danzas de esos tres días. Mujeres, hombres, ancianas y niños, al pasar frente a estas imágenes, se persignaban con mucha devoción.

Se podía observar a varias madres preparando a niños listos para danzar, algunos iban vestidos de concheros, indios o de algún personaje actual (diablo, ‘El chavo del ocho’ o Don Ramón).

Aquellas personas que se encargaban del huéhuetl (principal instrumento prehispánico utilizado en las danzas) todo el tiempo estaban ensayando, haciéndolo sonar, para que algunos concheros fueran practicando sus pasos o calentando sus piernas y pies.

Al mismo tiempo, las mujeres se dedicaban a la preparación de ofrendas como: sal, flores y copal. Daban los últimos ajustes a sus penachos y a los que portarían sus hijos.

Posteriormente, “El capi”, como lo llaman, se encargó de dar las últimas especificaciones tanto a los concheros como a las personas que manejarían los huéhuetl.

La mayoría de los concheros mostró respeto y atención por las indicaciones de éste, quien todo el tiempo les pide que se cuiden entre ellos, ya que dentro de la tribu hay mujeres y niños que necesitan mayor cuidado; en todo momentos les pide que si alguno llega a sentirse mal o cansado, lo haga saber a los demás para que alguno los socorra.

El ritual

Una vez iniciadas las tradicionales danzas en honor a la Santa Cruz (el símbolo más importante para esta festividad) decorada con flores naturales o arreglos artificiales, dos personas la cargan, una persona va en la parte delantera y otra atrás; ambos van cargándola en los hombros o en las manos, ésto como modo de “manda”, “promesa” o “juramento”.

El vestuario de los concheros es extravagante y muy colorido, portan un enorme penacho con plumas de faisán o pavo real, un traje típico bañado en múltiples colores, lentejuelas y con símbolos bordados en ixtle (estos símbolos tienen diferentes significados, por ejemplo, “el Dios de la lluvia”), huaraches y en su tobillo un especie de cinturón cubierto de ayoyotes o tenabaris, que producen un sonido muy semejante al de una sonaja de bebé.

Por otro lado, el vestuario de los indios es un poco más discreto, en cuestión de colores se limita a los cafés claro/oscuro y negro. Su ropa se caracteriza por tener estampados de animales. De su ropa (pantalón o falda) cuelgan una especie de mechas de tela muy singulares.

“Los indios del cerro de San Francisquito”, como se les llama, también utilizan un penacho pero con características diferentes a los de los concheros: son plumas inclinadas hacia atrás, pintadas de color café con blanco, su rostro totalmente pintado con una gama de colores blanco y negro. En la mano portan una especie de bastón con cráneos de animales.

Por otra parte, también se observa a otros personajes como los cadetes, personajes de caricaturas como el Chavo del Ocho, además de mujeres transexuales y diablos.

El olor a copal es lo que más se respira cuando la gente va caminando o saca sus sillas para sentarse a la orilla de las calles para admirar las danzas.

Cuando las danzas van iniciando su recorrido, se puede observar cómo es que el ritmo se divide por secciones; primero danzan concheros, con pasos muy marcados, todo el tiempo se escucha el sonido de los ayoyotes o tenabaris, gritos —los cuales no tienen una letra marcada, son simples exclamaciones que aluden el saludo a sus dioses—. Cuando gritan, su mirada se torna hacia el cielo, al igual que sus bastones y sus ramos de plumas.

En cambio, en el baile que realizan los indios se podían observar pasos más improvisados, liberados. En esta tribu, la mayoría emite gritos y sonidos guturales. Todo el tiempo danzan en forma de círculo, como si giraran en torno al fuego.

Durante el recorrido de las danzas, de pronto se podía percibir una especie de duelo entre los mismos concheros, indios o cadetes, ya que en cada tribu algunas personas cargaban con machetes en las manos (inclusive niños), el sonido que se producía al encontrarse los machetes con el suelo era parte del ritmo de las danzas; algunas bailaban o gritaban cuando escuchaban estos sonidos, lo cual era símbolo de que una batalla estaba por iniciar.

Posteriormente, cuando cada tribu termina de danzar por secciones, van a avanzando y bailando hasta pasar por toda la Avenidad Zaragoza, entran a la calle de Independencia hasta llegar al final de su trayecto, que es la calle que se encuentra a un costado del Templo de la Cruz, frente a la capilla “El calvarito”.

Tradición interminable

Indios y apaches continuaron bailando a paso cerrado y gritando apasionadamente. El humo del copal nunca se terminó. La gente continuaba atenta mirando cada paso, nadie, ningún conchero o indio, dejó de bailar.

Doña Guadalupe Jiménez y Antonio Espinoza, concheros, coincidieron en decir que danzan por tradición y por mandas: Don Antonio mencionó que él ya tiene más de 4 años participando en este importante evento y que inició porque sus padres, desde muy pequeño, así lo habían educado. Siempre lo llevaron a las tradicionales danzas de La Cruz. Además, sus padres también fueron concheros.

Doña Guadalupe respondió que era debido una promesa —ya que es considerada “heredera conchera”—, por lo que ésto va de generación en generación; mencionó que lleva alrededor de 47 años bailando en esta fiesta.

También agregó que la preparación de todas aquellas ofrendas, que en este caso van desde la sal, el agua, copal, la cucharilla, etc., es llevada a cabo por los concheros.


Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba