Cultura

De animación y los animales

Por Juan José Lara Ovando

 

Las queridas y amadas vacaciones decembrinas siempre bellas, pero pobres en cartelera de cine, nos ponen a buscar siempre entre sus escasos estrenos, mas en esta ocasión hemos podido encontrar no lo mejor, pero sí películas disfrutables. Dos de ellas son las que ahora comentamos: Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio, superproducción de animación dirigida por Steven Spielberg, con su productora y la de Peter Jackson le abren mercado en todo el mundo, y Un zoológico en casa, de Cameron Crowe con una producción estándar, pero con el toque que este director maneja sabe sacarle provecho.

Las aventuras de Tintín son un referente de la historieta del siglo XX. Creadas por un dibujante belga, Georges Remi, que utilizó el seudónimo de Hergé, aparecieron en los periódicos de todo el mundo, traducidos a 70 idiomas, desde 1929 hasta 1986, fecha del último álbum, el número 24, por lo que es uno de los personajes de cómics más conocidos del siglo y es casi imposible que una persona que viviera en esa época lo desconociera (Charles de Gaulle decía que Tintín era su rival en el plano internacional), pues además se vendieron más de 250 millones de copias de los álbumes. Sin embargo, eso le sucedió a Spielberg, que cuando estuvo en Francia promocionando Los cazadores del arca perdida en 1981, un crítico le comentó que Indiana Jones le parecía similar a Tintín, lo que le obligó a buscarlo y le entusiasmó al grado de adquirir los derechos para filmarlo, cosa que no realizó hasta ahora, que la productora Kathleen Kennedy lo convenció y Jackson lo apoyó, por lo que readquirió los derechos que ya había perdido previamente.

Tintín es un joven reportero, intrépido y curioso, peinado con un copete al frente (tupé), cuya presentación en la película brilla por su concisa y explicativa sencillez, mostrándonos recortes de periódico con los que se nos da a entender que se trata de un reportero experimentado en situaciones de todo tipo; un muchacho que no tiene miedo a asumir riesgos con el fin de resolver misterios y lograr un buen artículo. Tintín siempre va acompañado de su perro, un pequeño Fox Terrier blanco que en el cómic conocimos como Milú, pero en la película se llama Snowy. Son inseparables, donde va Tintín ahí está Snowy, que además de fiel es inteligente y audaz.

La película recupera el título y relato de uno de los álbumes: El secreto del unicornio, aunque a la vez lo conjuga con otros dos álbumes: El cangrejo de las pinzas de oro y El tesoro de Rackham el rojo. La historia inicia cuando Tintín adquiere en un mercado una maqueta de un barco, que inmediatamente es pretendida por otra persona llamada Sakharine. Como Tintín no la vende, se la pretenden robar, pero lo que buscan es el mástil que contiene una clave que debe unirse con otras dos, de las otras réplicas del desaparecido barco pirata El unicornio. La película se va llenando de acción y persecuciones constantes, en las que Tintín y Snowy van atando cabos, como si se tratara de Indiana Jones, hay incluso una escena perfectamente bien hecha para ser de animación, en la que el reportero y su perrito (en algún momento, el capitán Haddock) van en sidecar (motocicleta y carrito a un lado) en una persecución similar a la de Indiana Jones en su última película La calavera de cristal.

En Las aventuras de Tintín; el secreto del unicornio aparecen los personajes más importantes de los álbumes de este comic, que además del protagónico y su perrito, está el capitán Haddock, descendiente del pirata dueño del barco, que no sólo lo acompaña en esta aventura sino en varias; Sakharine, que es al mismo tiempo, Rackham el rojo, es el malo de la película; los policías Thompson y Thomson, que en las historietas eran conocidos como Hernández y Fernández (tal vez los más fielmente caracterizados) y hasta la cantante Bianca Castafiore y el carterista Silk.

La técnica en la que está realizada es la llamada Motion Picture, que se filma primero con actores y a través de sensores electrónicos, los fotogramas son reproducidos en computadora como si fueran caricaturas. No ha tenido mucha fortuna esta técnica, pocas películas se han filmado así, en más de seis años, desde El Expreso polar de Robert Zemeckis. Spielberg es mucho más afortunado en esta ocasión, sin embargo, no termina de convencer pues si bien los rostros ya se aprecian muy logrados, sobre todo los de los Thompson y Thomson, los movimientos no resultan naturales, todavía se aprecia cierta mecanización, aunque el genio del director lleva la técnica a lo suyo, las aventuras, peleas y corretizas, en las que logra excelentes escenas que no se habían visto con esa técnica.

Un zoológico en casa es un filme muy sencillo en todo: su realización, su producción, su concepción, pero sobre todo su simpleza en el guión. De hecho es casi puro toque, es decir, mano del director. La historia es la de una familia inglesa que para rehacerse del fallecimiento de la esposa, deciden cambiarse de casa, pero lo que encuentran es un zoológico destruido, que ellos se encargan de levantar y volver a abrir al público, ayudados, desde luego, por un equipo de cuidadores y encargados de los animales y las instalaciones. El relato en la película es trasladado a Estados Unidos, a California, pues procede de una supuesta historia real, no porque se dude que sea así, sino porque se ha modificado tanto que ya se vuelve otra historia parecida a la original.

Con un estupendo reparto en el que se encuentra un Matt Damon muy natural, una Scarlett Johansson que no aparece como diva ni vampiresa sino como trabajadora ¡común y corriente!, una Elle Fanning cada día más hermosa y aquí muy inocente, una pequeña Maggie Elizabeth Jones preciosa y tierna.

La película va del drama a la comedia, tiene tintes sentimentales claros y es totalmente predecible, todo mundo sabe qué va a pasar y eso sucede, no hay intención de que pase otra cosa, no obstante, el tono es muy sutil, agradable ya que las cosas suceden sin que sentimentalmente nos inmiscuyamos en ellas, como si las viéramos desde fuera, es imposible ver un espectador que llore pero sí que se alegre, es decir, que disfrute de algo que parece común y corriente, cuando pudo haberse explotado al máximo como melodrama.

Todas las cosas pasan como problemas a superar y no como finales esperados, así sucede con la apertura del zoológico, como en la inicial relación entre los adolescentes: el hijo desorientado y la ayudante de la cuidadora de los animales, incluso entre una aproximación a una relación entre el dueño del zoo y la bella encargada del zoo, o la importancia de los animales del zoo que aparecen poco pero se desdramatizan, al grado de que se muere el tigre pero nadie lloriquea. Eso se le debe al guionista y director Cameron Crowe, que recupera algunos de sus trabajos más sólidos como Solteros (91) y Casi famosos (00) con la aproximación convencional de Jerry McGuire (96), para darnos un filme expositivo, breve (79 minutos), sin mayor pretensión, pero disfrutable, en eso radica su valor.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba