Cultura

Demián Bichir

Por Juan José Lara Ovando

Dedico esta nominación a aquellos 11 millones de seres humanos que hacen la vida más fácil y mejor en Estados Unidos, mencionó Demián Bichir cuando estaba nominado al Óscar a la Mejor actuación masculina a mediados de febrero del presente año, al interpretar a un migrante mexicano en los Estados Unidos en la película Una vida mejor del director norteamericano Chris Weitz.

Esa dedicatoria es la síntesis de este actor, referirse tanto en la actuación como en su vida a aquéllos que trabajan, que enfrentan la vida de manera dura porque no hay una forma sencilla de hacerlo a menos que se tenga todo o que no se preocupe por nada, lo primero tendría que ubicarse entre los ricos y ésos son sólo una élite en México, lo segundo, entre aquéllos que están atrapados en las ilusorias fantasías creadas por los medios masivos de comunicación. Para ninguno de éstos dos grupos existe Demián Bichir porque el mismo no se ocupa de ellos, no actúa para las élites, ni da lugar a las grandes empresas monopólicas (aunque ya haya trabajado en ellas), ni su trabajo va dirigido a aquéllos que se dejan llevar, sin pensar, en las ideas que estas empresas les imponen.

Demián es el menor de una familia dedicada plenamente a la actuación. Su padre, Alejandro Bichir es uno de los directores de teatro más reconocidos en México, tanto por su labor académica en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) como docente y formador de actores, como por su labor en la puesta en escena de piezas de grandes dramaturgos internacionales como en la dirección de primeros actores y actrices y, grupos actorales como la Compañía Nacional de Teatro, la Compañía de Teatro Popular y la Compañía de Repertorio del INBA. Su madre es la actriz Maricruz Nájera, de fuerte extracción teatral pero reconocida en cine y televisión. Sus hermanos Odiseo y Bruno muy profesionales y eficaces en sus labores en televisión, el primero y en cine, el segundo. Demián es muy reconocido en teatro y cine, pero también ha sido actor protagónico en novelas televisivas.

Por su formación teatral y el gran bagaje en esa rama artística los hermanos Bichir se han distinguido porque son actores formados, sobre todo ante los actores incorporados a la televisión que los toman por extraños cuando los ven ensayar sus personajes, prepararlos y hasta calentar el cuerpo y la voz antes de grabar una escena pues las técnicas de actuación de Constantin Stanislavsky y Bertolt Brecht salen a relucir en ellos, cuando los demás ni las conocen.

Demián ha sido el actor más requerido de los tres hermanos y ha filmado ya 60 películas, lo que lo hace uno de los más requeridos por los directores. Desde 1982, siendo adolescente, ha estado activo en el cine, con su intervención en Viaje al paraíso de Ignacio Retes, y de entonces para acá, lo hemos visto en cintas como Rojo amanecer (Fons, 88), Miroslava (Pelayo, 91), La vida conyugal (93), Cilantro y perejil (Montero, 94), Sexo, pudor y lágrimas (Serrano, 99), Hasta morir (Sariñana, 94) –por la que ganó el Ariel al Mejor actor interpretando a un cholo en la frontera con Estados Unidos–, Todo el poder (Sariñana, 99), Fuera del cielo (06) y en Hidalgo. La historia jamás contada (Serrano, 10), que fue parte de los filmes celebrativos del Bicentenario y por el cual Demián volvió a ser nominado al Ariel, entre muchas otras.

A nivel internacional interpretó a Fidel Castro en las películas sobre El Che de Soderbergh (08), participó en las españolas Nadie hablara de nosotras cuando hayamos muerto y Bendito infierno de Díaz Yanes del 96 y 00, en la boliviana American Visa de Valdivia, 04. Ahora en el cine norteamericano, además de Una vida mejor ya filmó Salvajes con Oliver Stone. También ha incursionado en el doblaje donde han brillado sus papeles en La sirenita y Aladdin de las producciones de Disney.

En Una vida mejor vemos un trabajo delicado, de hilado fino para conducirnos desde los aspectos diarios y netamente cotidianos de un migrante indocumentado mexicano después de casi dos décadas de vivir en Los Ángeles, tratando de salir adelante y de intentar proveer a su hijo, hasta un clímax dramático excelente (por lo fuerte, lo intimista, lo coherente) que no se vuelca en la exageración, ni en lenguaje apócrifo, ni enfrentamientos soeces, sino en lo ordinario de su trabajo diario (ésa es su crudeza) y en la aceptación de su rol como indocumentado.

En ese sentido, el discurso de la película (y con ello su actuación) no es de actores colectivos, sino interno, personal, es más una alternativa de lucha y reivindicación de vida que una denuncia colectiva, aunque la incluya como búsqueda de una alternativa, no tanto como reclamo político. Por lo mismo, la emotividad del filme es sobria, poco maniquea y sensible, en gran parte apoyada en la actuación de Demián, que se gana con méritos incuestionables su nominación al Óscar, y construye una crítica al modelo de vida norteamericano por la vía de la emotividad, no la de la confrontación nacionalista, pero tal vez con la misma valía.

Lo mexicano no es en Una vida mejor lo peor, lo criticable, lo sucio, pero tampoco es lo contrario, sin embargo, si es una forma de vida que en los Estados Unidos ya no se puede seguir negando y por lo mismo se debe buscar la forma de evitar que se le impongan dominaciones sociales, culturales y económicas como hasta ahora ha sucedido. Buena, por el tema y la actuación, aunque sea medio dramaticona, vale la pena.

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