Cultura

Democracia y poesía, los compañeros del fallecido José Luis Sierra

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Entre la democracia y la poesía, así fue como condujo su vida José Luis Sierra, quien mientras escribía versos para sus hijos se desempeñaba como consejero electoral en lo que era un Instituto Electoral de Querétaro (IEQ) en pañales. El poeta falleció la mañana del sábado 18 de mayo.

Para él no existía división posible entre su actividad política como consejero electoral y su vocación literaria, por el contrario, trabajó tan arduamente en ambas cuestiones que lo mismo consiguió ser traducido al neerlandés, que defender al instituto electoral cuando en mayo de 1997 fue acusado por el diputado Arnulfo Moya.

Como escritor, Sierra fue multifacético, lo mismo daba talleres en universidades de Texas o Nuevo México, que en la prestigiosa universidad de Lovaina en Bélgica, país en el que residió por un tiempo entre 2004 y 2007, en calidad de colaborador dentro de la Universidad de Amberes.

También tuvo participación en muchos círculos literarios. Sus trabajos llegaron a ser vistos en publicaciones como Plural, Cuadernos hispanoamericanos y La Jornada Semanal.

Entre las acciones tomadas por este poeta –nacido en 1949– cuando fungió como consejero electoral, estuvieron los comicios para la gubernatura local en 1997, las primeras donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió por vez primera las elecciones estatales.

Le tocó en su momento enfrentar acusaciones no sólo contra el instituto, sino incluso en contra de su propia persona. Tras las elecciones del 97, Román Aboytes Hernández, quien fuera secretario del IX distrito electoral, acusó a todos los consejeros, entre ellos Sierra, de efectuar préstamos con recursos del instituto y entrometerse en el Consejo Distrital de El Marqués.

El poeta se negó a responder a las acusaciones e invitó a Aboytes a aportar pruebas y “realizar su trabajo con profesionalismo”.

El IEQ nunca estuvo exento de situaciones conflictivas y eso llevó a la Legislatura a recomendar a todos los consejeros que se separaran de sus cargos.

Para Sierra esto estuvo lejos de suponer un golpe porque le dejó tiempo para escribir y dedicarse al ejercicio de la poesía. Fue por aquel entonces cuando publicó su libro “Una ciudad para Josemaría”, que dedicó a su hijo menor. Finalmente, quien en vida fuera gran amigo del ex Rector Hugo Gutiérrez Vega y personaje cercano a la máxima casa de estudios, murió a causa de un cáncer de próstata el pasado sábado 18. Apenas cuatro meses antes se había enterado de que tenía la enfermedad.

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