Cultura

Día ciento cuatro

Bitácora de Viaje

 

 

(De Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Cuando Heródoto de Halicarnaso viajó hacia tierras lejanas en donde habitaban los bárbaros, se encontró con una serie de costumbres y tradiciones bastantes inusuales. Este personaje nació en una colonia Dórica establecida y fundada por un pueblo de Argivos en la zona de la Caria, en la región de islas y del archipiélago de Grecia. Intrépido y curioso, no sólo partió fuera de su patria, sino que extendió sus travesías por Siria, Palestina y los datos refieren que incluso llegó hasta las tierras de Babilonia. De ahí, partió hacia Egipto y luego pasó a algunas poblaciones de Europa. Desde muy joven se puso la meta de viajar, conocer y publicar sus historias. Por eso, después de haber hecho un largo recorrido, y de haber experimentado una serie de peripecias y aventuras, regresó a su tierra natal, para empezar a poner en orden sus ideas y remembranzas. En ocasión de los juegos de las Olimpiadas, fiesta grande y pomposa, Heródoto recitó algunos de sus poemas y sus rimas. Los escritos que redactó este joven historiador griego tienen la virtud de hablar sin prejuicios de las cosas que vio. Su descripción de los hechos y la pulcritud de sus narraciones guardan la serenidad de un viajero curioso, inquisidor en algunas de las acciones que observó, pero que no desvirtúa nada de lo que levantó con sus datos, sino que solamente advierte al lector de lo que le pareció en relación a otros hechos o costumbres.

 

Una de éstas fue respecto al manejo sobre la muerte y los muertos. Así, en algunos sitios en los que convivió y atestiguó el funeral de algunos sujetos, da cuenta de que eran enterrados después de una ceremonia con rituales y festejos. Cuando se encontraba en otro lugar, vio cómo se cremaba los cuerpos en un altar que estaba dispuesto para tal ocasión, y el fuego consumía hasta las cenizas los restos del difunto. En otro lugar, la costumbre era comer el cuerpo del fallecido. Al contar Heródoto las costumbres de otras latitudes, los dolientes veían con horror las costumbres de aquéllos. Quienes engullían el cuerpo del muerto veían con horror enterrar al difunto, y les escandalizaba saber que el cadáver de su ser querido era expuesto al fuego hasta las cenizas.

Las experiencias sobre las cuestiones mortuorias nos permiten pensar en la necesidad de acercarnos a la manera de abordar un campo poco tratado en todas las ciencias. Desde luego que la Criminología lo aborda desde el manejo de la escena del crimen; la Antropología forense recurre a la Etnografía críptica para establecer las condiciones del cadáver; la Antropología cultural, sobre los ritos y las formas de interpretar la muerte. Por otro lado, la Psicología se acerca un poco al tratamiento de la Tanatología y al manejo de la experiencia del duelo. La Sociología tiene una aproximación más fenomenológica con la cuestión de los suicidios. Como vemos, la muerte requiere un tratamiento no solamente en el seno de las costumbres de la sociedad, sino que exige, además, un campo de estudio respecto a lo socioterritorial. ¿Existe un tema sobre tales prácticas entre los socioterritoriólogos?

En la materia de Tema Selecto de la carrera de Estudios Socioterritoriales, abordamos una breve reflexión sobre este asunto. Un material utilizado fue un video sobre “El libro Tibetano de los Muertos”. Es un trabajo audiovisual sobre un libro que se ha considerado como un clásico del pensamiento y sabiduría budista. El libro en cuestión nos refiere a la liberación del estado intermedio sobre la muerte. El Bardo Todol está para ayudar a la conciencia de quien está en la inminente orilla de la muerte, y prepararlo para su siguiente paso a una etapa desconocida para nosotros: la muerte.

La transformación de nuestra ciudad producirá en breve la Ciudad de la Salud, un complejo de hospitales de medicina especializada que atraerá a muchas personas para sanarse, pero también traerá condiciones de morbilidad y, desde luego, habrá condiciones de mortalidad. Los espacios sagrados, los lugares de oración y de esperanza son elementos que deben tomarse en cuenta en esta unidad de salud. Querétaro cuenta en su historia con varios puntos geográficos con estas características: la Villa Bernal, con La peña; la fuente de la eterna juventud y del milagro con el agua de Tlacote y el Museo de la Muerte, en San Juan del Río.

 

La reflexión sobre los espacios dedicados a la muerte, tanto en su ceremonia cuando el deceso ya se ha concretado, como en la preparación para el viaje eterno, se ha convertido en un tema importante, ahora cuando se empieza a conjugar la filosofía de oriente, sobre todo la tibetana, y la occidental, dando lugar a un sincretismo poco abordado desde hace décadas por las ciencias sociales. ¿Será que en la naciente profesión de los estudios socioterritoriales empiezan a aparecer las exigencias de una especialización, dadas las diversas prácticas sociales que aparecen en nuestros tiempos y los problemas complejos? Estimado lector, ¿qué piensa al respecto?

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