Cultura

Django

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Por: Juan José Lara Ovando

 

Django es un personaje de películas del oeste o de vaqueros de los años sesenta y setenta, filmadas en Italia y en España, llamadas spaghetti western, término inicialmente peyorativo pero que finalmente generó un estilo y hasta un modelo propio del cine, desde luego no avalado por Hollywood, pero con una estética peculiar que transformó los elementos básicos del tradicional western americano y lo recompuso de una forma completamente original, por lo que al paso de los años este spaghetti es cada vez más reconocido y en algunos casos, como en el que nos encontramos ahora, recuperado.

La estética del spaghetti western radicaba en la suciedad y la violencia, con personajes totalmente amorales, faltos de respeto a valores e instituciones, prácticamente antihéroes. Los colores chillones de la fotografía (incluido los carteles promocionales) jugaban con la suciedad y el sudor de los personajes rudos y duros al extremo, con carácter turbio y dotes para engañar con facilidad y a la mayor brevedad, pero excelentes pistoleros, por lo que los disparos se hacían a diestra y siniestra (había que agacharse en la butaca por si se les escapaba algún tiro) e igual, los castigos solían ser más crueles. Aquí, de plano, no hay más ley que las armas, en tanto que en Estados Unidos todavía se jugaba al héroe bueno que tenía sentimientos y que sólo mataba porque no le quedaba otra.

En el estudio de Cinecittá en Roma, como en el desierto de Tabernas, en Almería, España, que eran donde se filmaban estas cintas (cerca de 600 entre 1962 y 1976, nada despreciable producción), reprodujeron las películas del oeste americano con parlamentos que podían ir del inglés al italiano y al español, aunque se colaron algunas en lengua francesa y alemana, nada más que decir de los actores que podían ser de cualquier nacionalidad, entre ellos se encontraron: Clint Eastwood (ahí surgió), Franco Nero, Peter Lee Lawrence, Klaus Kinski, Giuliano Gemma, Bud Spencer, Charles Bronson, Eduardo Fajardo, Gian Maria Volonté, Lee Van Cleef, Francisco Rabal, Tomas Milían, James Coburn, Jean-Louis Trintignant, Terence Hill y Rod Steiger, entre muchos otros; dirigidos por Sergio Leone (el autor por excelencia), Sergio Corbucci, Rafael y Joaquín Romero Marchent, Tonino Valerii, Enzo G. Castellari, Lucio Fulci y Mateo Gil, entre algunos más.

A nivel técnico y artístico su nivel fue digno, aun cuando careció de superproducciones, aunque se le reconoce una aportación mucho más amplia que las de Hollywood. La banda sonora musical dio fuerza a las escenas de acción y convirtió escenas aisladas en grandes momentos climáticos, no es casual que ahí haya estado Ennio Morricone como genio popularizador de esos temas en este género musical.

Django sin cadenas de Quentin Tarantino se basa libremente en la cinta de Corbucci de 1966, de la que utiliza el tema musical de Bacalov y da un pequeño rol al actor Franco Nero (el italiano que apuesta en la lucha mandinga contra Leo DiCaprio), posiblemente como reconocimiento a su personaje en esa película y ese género. Nadie más que Tarantino para recuperar el spaghetti western, pues además de atrevido, violento, sanguinolento, racista y tremendista es también divertido, incorrecto e inescrupuloso, tengo la impresión que es admirador de este tipo de cine al igual que lo es del gore (disfrute visual de la sangre y el terror).

El cine de Tarantino: Kill Bill, Pulp Fiction, Perros de reserva, en gran medida es western y no es el tradicional de su país, es mucho más parecido al spaghetti. En ese sentido la expectativa que despierta su Django es sorprendente pues se espera un personaje redimensionado, pero no es totalmente así. Indudablemente que estamos ante una película que además de que invita resulta buena por sus momentos escalofriantes que pueden ser memorables, pero se trata de sólo eso, momentos; en sí, la historia es pretenciosa comparada con las europeas, la película se alarga una barbaridad, redundando y logrando distintos clímax, pero tan separados que extravían, en verdad que resulta extraño que haya obtenido el Globo de Oro por el Mejor guión, ya que tiene altas y bajas continuas.

El relato se sostiene en una historia de esclavos que ha sido muy criticada, aunque al director le importa muy poco y provoca sobre la esclavitud como algo más preocupante que la Guerra Civil, lo mismo que el racismo que es visto como algo común y normal para los norteamericanos (aunque puedan evadir críticas por la época y los sureños).

La historia se sostiene en un esclavo que es liberado para trabajar con un cazarrecompensas, adoptando la misma actividad hasta intentar liberar de la esclavitud a su esposa. Con algunas escenas extraordinarias y una banda sonora variada, notable y extraída de distintas fuentes, lo que deja ver su cercanía con las cintas europeas.

Lo que sí es maravilloso es el trabajo actoral: Christoph Waltz, excelente en el más puro estilo, aunque refinado, de Lee Van Cleef, además de que lleva toda la película, en realidad es una primera actuación, más que coactuación; Leonardo DiCaprio está como nunca se le ha visto, las escenas más notables corren a su cargo, no creo que haya película donde haya convencido como ahora; genial, el siempre notable Samuel L. Jackson. Estos dos últimos debieran estar nominados a la mejor coactuación. El que está fuera de su papel es Jamie Foxx, casi siempre estupendo, pero ahora navega solito igual que Kerry Washington. Vale la pena aunque está lejos de ser lo mejor de Tarantino.

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