Cultura

Dos hermosas rarezas

Por Juan José Lara Ovando

 

Muy raro que en la cartelera comercial de la ciudad permanezca durante tres semanas una película no comercial, pero así ha sido, aunque con sólo dos funciones diarias, pero ahí ha permanecido Copia fiel la película más reciente del más famoso de los cineastas iraníes, Abbas Kiarostami, conocido como el más grande director del llamado Nueva Ola de Cine Iraní, vigente a sus 70 años, en Irán.

Mas lo raro no es únicamente su permanencia en cartelera sino que es la primera película que Kiarostami dirige en Europa, donde es muy reconocido, pero a diferencia de todo lo que ha hecho –¿Sabes dónde está la casa de mi amigo? (87), La tarea de la escuela (90), Primer plano (92), A través de los olivos (94), El sabor de las cerezas (Palma de Oro de Cannes 97), El viento nos llevará (99) y Diez (02)– Copia fiel es una historia de ficción, filmada en la región de la Toscana, en Italia, producida por una empresa francesa y con actores europeos: la siempre hermosa Juliette Binoche (Mejor Actriz en Cannes 10, por esta actuación) y el barítono británico William Shimell.

La historia se ubica en la actualidad y en ella un ensayista inglés presenta su provocador libro en el que defiende la idea de que la copia de una obra artística es tan importante y valiosa como el original. Después de una conferencia, Miller acepta la invitación de una mujer francesa de mediana edad, quien lo lleva a pasar la tarde (él tiene que tomar el tren a las nueve de la noche) al pueblito medieval de Lucignano. Ahí, en un pequeño café, la dueña del changarro confunde al ensayista con el esposo de la dama francesa, de la que nunca sabemos el nombre, y los dos, el escritor y la mujer, deciden seguir el juego: son una pareja que ha llegado a Lucignano a festejar su 15 aniversario de bodas.

El problema que se plantea es, ¿en qué momento pierde la pareja, y el espectador con ella, la noción de lo que es realidad y ficción pura? Lo que había empezado como el encuentro de dos profesionistas del arte, interesados en una discusión sobre valoración estética, se vuelve, en un cerrar de ojos, la escenificación de un drama conyugal.

La pareja transfiere a su juego escénico la pesada carga de frustraciones y debilidades morales de cada uno (incapacidad en él de desprendimiento afectivo; temor en ella al envejecimiento y a la devaluación física). Lo importante, sin embargo, es la formidable exploración de una pareja y su crisis amorosa como espejo o copia fiel de tantas otras crisis sentimentales de pareja, y también como la ilustración inusitada del debate sobre la calidad de las copias en el mundo del arte.

A pesar de no ser una obra neorrealista, ni de perfeccionismo testimonial como nos tiene acostumbrados Kiarostami, por lo que Copia fiel puede pasar como su obra menor y occidental, no deja de sentirse su mano. Lo notable es observar cómo por encima de las discusiones sobre el realismo en el cine, directores de esta talla son capaces de manejar las cartas con maestría de prestidigitador, al punto de poder restituir a una película (a la manera de una copia fiel) la profundidad y evocación poética de una obra literaria.

La segunda película que comentamos es la catalana Pa negre (Pan negro) ganadora de los premios Goya a la Mejor Película en España, donde venció a cintas como Biutiful (González Iñarritu) y También la lluvia (Bollaín) y premiada en el Festival de San Sebastián. Exhibida en nuestra ciudad en el Ciclo de cine de Cataluña del Museo de la Ciudad, el pasado martes 27. Por supuesto una sola función, no se ha proyectado en ninguna sala comercial.

El director Agustí Villaronga cuenta con una amplia filmografía entre las que incluye un filme realizado en México y nominado al Ariel a la Mejor Película en 2002: Aro Tolbukhin: en la mente del asesino. En esta ocasión, Villaronga se interna en la obra del escritor catalán Emili Teixidor, del que conjuga dos novelas: Pan negro y Retrato de un asesino de pájaros.

La historia de la película se centra en un niño que al finalizar la Guerra Civil descubre a su amigo y su padre asesinados, sin embargo, no se trata de un relato de la guerra sino de la devastación moral que produce la guerra sobre la población civil. A pesar de que entre sus personajes cohabitan los que ganaron y los que perdieron la guerra, no es una película que trate sobre los conflictos entre vencedores y vencidos, sino que se centra directamente en las emociones y los sentimientos de sus personajes.

A través de ellos descubrimos las terribles consecuencias de la guerra, lejos de los campos de batalla, como si ilumináramos una fotografía antigua y en una esquina apareciesen desdibujados unos personajes grises y descubriésemos su vida íntima, llena de contradicciones y miserias cotidianas, alejándonos de la tentación de mitificarlos como a héroes y, sobre todo, de juzgarlos.

Pa negre se trata de una película de emociones, huye del costumbrismo y de la crónica de una época adoptando una postura de género inscrita en el melodrama. La manera de filmarla es desprovista de elementos conceptuales en el lenguaje fílmico que nos separa de lo que sucede a los personajes. Todo ha ayudado a que la historia avance y que nos emocionemos a través de los ojos del niño que nos la narra. Siempre en primera persona y sin recurrir a flashbacks, a pesar del peso que tienen los hechos y los personajes del pasado. Se utilizan otros dos sistemas narrativos que enriquecen el melodrama: el thriller y el fantástico. El thriller por cuanto tiene que descubrirse gradualmente los enigmas. El fantástico porque comporta una mirada infantil que se detiene sobre lugares y personajes llenos de misterio. Aunque nunca llegan al extremo de la fantasía, limitándose a dar una dimensión mágica y poética, real y verosímil, que repercute en la fotografía, la banda sonora y en las constantes referencias al mundo de los pájaros, símbolo de los ideales de sus personajes.

Desde luego el entorno está algo desdibujado del momento político, tal vez por la obviedad, pero eso parece una opción en la que el telón de fondo se mantiene impreciso para reforzar la idea abstracta de opresión sobre sus personajes. Dos películas bellas, sobre todo, la segunda: Pa negre.

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