Cultura

El histrión

Por: Juan José Lara Ovando

Robin Williams fue un extraordinario comediante, brilló por su enorme facilidad para improvisar escenas y por su maravilloso don para cambiar los tonos de su voz, razones que le valieron ser contratado para una enorme cantidad de películas, realizadas por directores de reconocidísimo nivel, así como ser invitado a un sinnúmero de programas televisivos en los que colaboraba totalmente entregado a su trabajo, así fuera en un solo capítulo de una serie. Aunado a eso, Williams es también muy mencionado por su compañerismo abierto con sus amigos y colegas, así como su solidaridad hacia luchas ciudadanas y problemas internacionales.

Nadie dudó de su calidad histriónica, aunque hubo ocasiones en que su continuo trabajo en comedia lo llevó a exceder los límites de lo tolerable y a parecer repetitivo, pero su genialidad le habría puertas para recibir ofertas serias y afrontar actuaciones dramáticas de primer nivel y, posiblemente, como nadie. Es indudable que sus mejores actuaciones, aunque las menos, se encuentran en la línea del drama, en películas también muy reconocidas, pero que seguramente se recuerdan menos que sus comedias, que ahora me gustaría repasar como un homenaje a este impresionante actor.

¿Alguna vez vio usted un quijote en Nueva York, al finalizar el siglo XX? ¿Recuerda como un tímido neurólogo logra sacar de su estado catatónico a los enfermos de un hospital, gracias a sus investigaciones? ¿La forma en que un profesor motiva a sus alumnos a aprovechar su vida a través de la poesía? ¿Vio a un terapeuta darle seguridad a un joven genio para superar sus problemas y afrontar su futuro? ó incluso ¿A un joven escritor confrontado con un movimiento feminista dirigido por su madre?

Las películas a que hago referencia son (en el orden que mencionado): El rey pescador (Gilliam, 91), Despertares (Marshall, 90), La sociedad de los poetas muertos (Weir, 89), Corazón indomable (Van Sant, 95) y La vida según Garp (Roy Hill, 82).

En El rey pescador, Williams interpreta a un mendigo de los que asolan la enorme urbe. Convencido de que es un caballero, salva a un productor de radio de morir quemado por unos yuppis y le informa de su misión: encontrar el santo grial oculto en un gran edificio. Como buen caballero andante, lucha por una dama, personificada en una secretaria de oficinas monótona y lectora de novela rosa a la que nuestro caballero es incapaz de acercarse por miedo al rechazo, lo que no impide que la locura se le presente a modo de fantasía, como un caballeresco baile medieval en una estación del metro. Sin embargo, la vida de este hombre es más trágica de lo que parece, pues su locura es una vía de escape a la cruel realidad que le arrebató a su esposa una noche en que cenaban en un restaurante y fue acribillada por un demente. Una historia bella que se puede recordar toda la vida y una actuación maravillosa, en dueto con Jeff Bridges.

Los Despertares son las improntas, los momentos en los que se sale del catatonismo, se despierta y se vive normalmente, como si nada ocurriera. Más nada indica que el afectado se mantenga permanentemente consciente, es algo repentino, derivado de un tratamiento y una nueva medicina. Lo interesante es la relación entre el neurólogo y su paciente, la confianza que deben establecer que no puede romper ni la madre, ni los recuerdos de amores, por lo que obtienen una maravillosa amistad, al tiempo que se angustian porque en cualquier momento llegará el abstraimiento, convirtiendo en recuerdo todo lo que se contaron. Otro gran ejercicio de actuación (nuevamente) compartido, ahora con Robert De Niro.

“Acérquense, escuchen lo que las generaciones anteriores gritan ¡vivan!” es lo que el profesor John Keating pide a sus estudiantes en La sociedad de los poetas muertos, que abran los sentidos, que tomen las riendas de su vida, que se atrevan a pensar por sí mismos ignorando la tradición, el honor, la disciplina y la excelencia de su escuela, cuyo método de enseñanza consiste en la obediencia, el rigor y la sumisión. «Hagan que sus vidas sean extraordinarias”, no calculen el área del poema, ni reduzcan su belleza a unas coordenadas, no importa lo que les digan: las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. Aunque concluya en una tragedia, presentan la batalla y asumen su rebeldía, capitán, mi capitán». Inolvidable actuación.

En Corazón indomable lo que importa es la amistad, no la genialidad. Will Hunting es un chico genio, pero es también un muchacho marginal y bravucón, lo que se establece entre él y su psicólogo es la amistad, después de la desconfianza, nadie que se sepa mirado e incluso, amado por otro, puede aceptar las cosas sin censurar algo, sin que se sepa encontrar cariño, respeto, comprensión al abrirse a otro. Eso lo obtiene Will cuando el terapeuta le da una respuesta humana, de pleito, que respete a su esposa, que nadie se meta con ella, pero esto va llevando a que el terapeuta vaya dejando en el cajón la fachada de catedrático. Actuación que tardíamente le valió el Oscar en rol secundario a Williams.

El mundo según Garp es una historia sobre la frustración y el fracaso de un joven que creía que lo tenía todo y que el futuro sería promisorio; raro en una cinta de inicio de Williams, es apenas su tercera actuación en cine, pero no es alocada ni aspiracional, menos optimista. Imagínense, de repente, Garp se encuentra que su enemiga es su madre, una mujer feminista con un amigo transexual y se presentan en una manifestación frente a la escuela donde imparte clases de literatura. Con tono semiamargo se relata la confrontación que sufre el personaje para intentar definir su vida y situar el rol que juega su madre en su vida. Una cinta que habría que revalorar, basada en uno de los textos más leídos de John Irving. Indudablemente es otro Robin Williams, distinto del Hook y de Papá por siempre o de Buenos días, Vietnam, pero no deja de ser un extraordinario actor, un verdadero histrión.

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