Cultura

El hombre de acero

Por: Juan José Lara Ovando

Uno de los estrenos más anunciados del año (no tanto esperados porque no ha rendido en taquilla lo que se esperaba) es el estreno de El hombre de acero, uno de los sobrenombres de Superman. Sólo que en esta película ya no se llama Superman, de hecho no tiene un nombre, así que por su fuerza y poderío se le puede llamar, precisamente, hombre de acero, como cualquier otro hombre fuerte podría ser llamado.

Alguna vez me dijo un tío, hace como tres décadas, que no le gustaba la nueva película de  Tarzán (se trataba de Greystoke, la leyenda de Tarzán, Hudson, 84) porque ya no salía en la selva, en lugar de ser rey de los monos lo trataban como príncipe heredero de un trono británico y ya no emitía su grito de combate, total que ya no parecía Tarzán. Pues algo similar es lo que pasa con este Superman, que además de que ya no se llama así, esa S maravillosa que siempre lo ha simbolizado, ahora quiere decir “Esperanza”, que si se tratara de una cinta sobre derechos humanos, religión o de algún crecimiento interior, valdría la pena, pero en un superhéroe y en un tema donde impera la ciencia ficción y con este personaje que es por excelencia la representatividad del superhéroe, significa dar un giro de 180 grados.

Y eso no es todo, porque aunque hace el bien y ayuda y protege a los hombres de cualquier situación de peligro en la que se encuentren, no es esa su finalidad. Su objetivo es defender a la humanidad de una catástrofe apocalíptica cual líder mesiánico que dirige casi religiosamente a sus huestes. Claro que dicha destrucción es provocada por su primer y principal enemigo, el general Zod, quien lo persigue desde su planeta de origen: Kriptón, y a quién se enfrenta hasta derrotarlo, para entonces sí convertirse en el héroe que conocemos, pero aun así y con todo ese precedente, ya no es posible tomarle el mismo sabor.

Supongo que algo similar siente el espectador que ve la película, porque como ya señalamos arriba, no le han respondido ni sus fans en la taquilla. En realidad no se trata de un filme pésimo, pero sí de un personaje y una historia que ha perdido toda su relevancia. En el afán de no ser repetitivos con la trama, los creadores de esta versión, le han dado tanta vuelta (lo que ya comentamos que sucedió con Anna Karenina y El Gran Gatsby) que le quitaron el sentido original, ese que atrapó a cientos de millones en ocho décadas.

De hecho, el relato ya no se cuenta igual, tiene varias modificaciones en su estructura. Aquí las concentraré en tres cuestiones. La primera, se le da mucha importancia a su salida de Kriptón, no solamente lleva un buen tiempo -casi media hora-, sino que las luchas empiezan ahí y se hace un héroe de Jor-El, su padre, quien parece funcionar muy bien como científico-guerrero, incluso se podría hacer una película secuela con su historia.

Segunda, la historia en nuestro planeta y en Metrópolis se relata en flashbacks de manera retrospectiva, porque el personaje aparece ya como adulto, así que él recuerda aspectos de su niñez, pero no vemos ya el crecimiento del niño, como tampoco el de Clark Kent, ya que éste aparece hasta la última parte (de casi dos horas y media), cuando ya se consolidó el personaje de Superman, no al revés, como era en el comic, y; tercera, el personaje se busca a sí mismo, casi como si anduviera depresivo (que lejos está de la pedantería y los excesos de Iron man, que en este contraste resulta mucho más creíble) y mientras tanto no sabe si ser un superhéroe o no, lo que sólo puede superar hasta entender las enseñanzas de sus padres (sus dos papás ya fallecidos: Jor-El y Johnathan Kent).

Para un comic toda esta vuelta resulta demasiado larga y para poder superarla se da rienda suelta a los efectos visuales, los movimientos de cámara y los combates, de hecho hasta en exceso, me parece que se exagera demasiado, cuando al mismo tiempo, estamos ante una historia tan sufrida. Por cierto, la película no hace alarde de la mejor tecnología, aunque sí presume de usar mucha para intentar situar a sus fans en un ambiente más propicio.

El director Zack Snyder no logra hilar tan bien esta historia comic, a pesar de que cuenta con los antecedentes de 300 (06) que realizó de manera llamativa, ni le imprimió el sentido de Watchmen (09) sobre superhéroes hipotéticos y casi reales. Aun cuando contó con el apoyo de Christopher Nolan (creador de la reciente trilogía de Batman, entre otras) y del guionista David Goyer, creador de varias historias de superhéroes y tradicionalmente muy solvente, parecen haberse excedido en un personaje totalmente novedoso.

Por supuesto que se trata de la historia de Superman, que es de por sí maravillosa y está realizada con una enorme producción, así que de todas formas puede pasar un buen rato, pero no supera en nada a las películas anteriores, ni Henry Cavill, el nuevo Superman llega a estar a la altura del ahora mítico Christopher Reeve. El reparto es muy bueno, son notables casi todos los actores, pero me parecen poco aprovechados la mayoría o sobreactuados (caso de Russel Crowe).

Lo que sí me parece que hay que señalar es que las películas de ciencia ficción-comic se están volviendo un género en sí mismo y son las más representativas de los períodos vacacionales de los años recientes, lo que me parece que tendré que destacar en algún comentario próximo.

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