Cultura

El lenguaje del cine francés

Por: Juan José Lara Ovando

El cine francés es uno de los más bellos del mundo por su estética y delicadeza tanto en el trato temático como técnico. Es también notable por su preocupación en problemáticas humanas, a la que da un sentido cultural, pero eso lo lleva a ser cualitativamente reflexivo, de modo que resalta la profundidad con elegancia y buen gusto.

Sin embargo, esas cualidades le restan distribución, sus películas son poco conocidas porque interesan muy poco a las salas comerciales que ceden sus espacios a filmes que se esperan taquilleras, no necesariamente inteligentes y bien hechas. Por supuesto, la exhibición de películas francesas ha ido decreciendo a lo largo de las últimas cuatro décadas en las salas comerciales, por lo que la Embajada de Francia —a través del Instituto Francés para América Latina (IFAL)— lleva a cabo una semana de cine de ese país llamado Tour de Cine Francés, que se lleva de manera itinerante por salas de toda la República Mexicana desde hace 17 años (éste es el 18 Tour) y desde hace aproximadamente 13 en toda América Latina.

El Tour consta siempre de siete filmes seleccionados entre lo mejor de su cinematografía del año anterior e incluye géneros diversos para atraer a todo tipo de público, de modo que hay cintas de comedia, drama, acción, infantiles, históricas, artísticas y otras. Casi desde su inicio, el Tour ha incluido la proyección de cortometrajes mexicanos, que de no tener la suerte de verlos ahí, seguramente ya se los perdió, pues no es posible encontrarlos en otra sala a menos que sea de cineclub. Después de concluido el Tour, algunas de las películas llegan a ser proyectadas en salas comerciales pero si no despiertan la atención rápidamente, pueden pasar desapercibidas por el público que acude a esas salas.

En esta ocasión comentaré tres de los filmes proyectados en el Tour 18, que recientemente fue realizado en nuestra ciudad. Éstas son: Guillermo y los niños ¡a comer!; Antes del invierno y Nueva casa en Nueva York. Lo peculiar de ellas es el estilo a través de un lenguaje muy poco común para nosotros; la realización estupenda en los tres casos, aunque seguramente el resultado nos puede llenar de una manera diferente a cada espectador.

Guillermo y los niños ¡a comer! es, casi directamente indicado por su título, una comedia. Su realizador es el director, guionista y actor del filme: Guillaume Gallienne, un experimentado actor de teatro, integrante de la Comedia Francesa, que aunque ha actuado de manera secundaria en buena cantidad de películas, no sólo francesas, también comerciales (era un desconocido en México) ahora dirige su Ópera prima con la que obtuvo el primer galardón de la Quincena de Realizadores de Cannes 13, el César (premio francés) a la Mejor película, y un enorme éxito de público y crítica en su país.

Trasplantada del teatro al cine (es adaptación de una obra homónima, también exitosa) es una especie de terapia asombrosa y sugerente (más que inteligente) en la que, sin caer en la angustia, un muchacho se embarca en un viaje a su yo interno para descubrir su identidad y lo logra. Toda la vida fue educado a imagen y semejanza de su madre, pero eso le costó ser visto de manera diferente por los demás, desde sus mismos hermanos y su padre, hasta sus compañeros en la escuela y los sitios donde llega a encontrarse, como el peor lugar de España a donde lo envían a mejorar su español y termina aprendiendo a bailar flamenco, como todos en ese sitio, sólo que él encarnando el rol femenino. Las vivencias de Gallienne son presentadas humorísticamente, no hay bullying ni tragedias porque él no las presenta así, tampoco se define en ningún momento como homosexual, simplemente nos va narrando de manera llana todo lo que le va sucediendo en la vida para encontrarse a sí mismo, es decir, para darse cuenta de cómo es y porque la gente lo toma de esa forma porque desde pequeño lo notó, no los llamaban a la mesa como niños, sino que hacían la distinción, lo que le costó años de terapeuta y psicoanálisis hasta que se enamora de una mujer tan bella como su madre y se da cuenta de que, a pesar de lo posesiva, su madre se encargó de criarlo y educarlo de manera especial, como era ella. Una cinta verdaderamente estupenda, humorística e inteligente que se sostiene en su narración casi teatral pero verdaderamente bien llevada al cine.

Antes del invierno es la tercera película del galardonado escritor, ahora director de cine, Philippe Claudel, quien como en sus novelas se apoya en una historia extraña, con una narración muy visual que nos va absorbiendo a tal punto que empieza a hablar por sí misma, como si incluyera a los personajes (además, perfectamente interpretados por una pareja de actores de primer nivel: Daniel Auteil, que lleva el peso de la historia, y Kristin Scott Thomas, excelente). La historia minuciosa, los espacios delicados, los colores profundos y bellos, los personajes y acciones sigilosos otorgan un sentido natural, que no sé si la naturaleza los pueda crear tan perfectos, para conducir un relato sobre una pareja adulta bien acomodada (burguesa) que se conoce más por los hábitos y el tedio que empiezan a sobrellevar hasta que entran en una situación obsesiva y anómala, cercana al terror psicológico, cuando les empiezan a llegar rosas rojas por todos lados (lo que en otra situación podría ser hermoso), envolviendo un drama totalmente interpretable; no se tiene un indicio final concluyente, pero se va construyendo su conflictividad más en las heridas de pareja que en la inquietud de los hechos que se van sucediendo y que quiebran la relación perfecta que al inicio se muestra. Una especie de retruécano poético que da un giro total, que se conduce a lo inesperado, se construye en pequeños detalles pero no da ninguna concesión. Interesante y bella, pero a la vez difícil.

Nueva casa en Nueva York (Rompecabezas) es la cinta más reciente del fino comediante teatral, plenamente establecido en el cine, Cédric Kaplisch, que con esta cinta cierra una trilogía sobre la vida de un personaje: Xavier, iniciada en 2002 a través de sus viajes, con la película El albergue español, ubicada en Barcelona; posteriormente, Muñecas rusas (2005), situada en San Petersburgo; y ahora, 2013, en la Gran Manzana. La serie ha sido muy exitosa, ya que permitió seguir a Xavier cuando era estudiante y por medio del programa Erasmus pasa su movilidad en Barcelona. En la segunda entrega, Xavier ya es un escritor, dejó la ingeniería y se reúne con todos sus amigos, a los que conoció en Barcelona, pero ahora en Rusia.

La tercera entrega arma el rompecabezas, han pasado 10 años, los personajes son más maduros (y lo están en realidad), aunque junta a Xavier sólo con las tres mujeres de su vida (que aparecieron en las tres cintas): su esposa, su compañera y su exnovia. Ahora ya está casado y tiene hijos, a los que sigue porque se los ha llevado a vivir con ella su exesposa. La situación es mucho más real que de desmadre, como en las anteriores. A nivel de comedia, es muy vívida la situación conflictiva de Xavier, que no deja fuera a las personas que ha amado y con los que ha compartido el camino. Más sencilla que la anterior, menos fina que la primera, pero muy disfrutable. Definitivamente, otra forma de ver y hacer el cine.

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