Cultura

El maravilloso primer amor

Por: Juan José Lara Ovando

Comúnmente se recuerda el primer amor por lo inocente y sencillo que resulta pensar en el pasado sin complicaciones o ya éstas superadas, por eso se piensa como si fuera maravilloso y bien logrado, aunque no haya sido así. La película Moonrise Kingdom, traducida como Un reino bajo la luna nos lleva a ese momento sin ningún homenaje emocional pero con toda la delicadeza que el asunto puede tener, sobre todo porque lo idílico del amor adolescente que trata entre dos pequeños de 12 años es el sentido e interés que ellos mismos le dan, ya que todo a su alrededor es un caos, al grado que, precisamente, por eso se enamoran, para tener una realidad propia alejada y diferente a esa crisis en la que todos los demás viven.

Si eso le pareció raro, es porque sí lo es, no se trata de historia romántica alguna, ni parece un relato de niños, todo lo contrario, su romanticismo es fino y profundo y, los chicos son verdaderos adultos que razonan a conciencia todo lo que hacen y que no se andan con medias tintas, si el mundo del que proceden no les da una alternativa, se alejan de él para crear otra diferente, suya, pero con nuevas perspectivas que juntos van a crear y compartir en base al respeto y el compañerismo ¿hay algo más bello que un amor así?

Durante el año 1965 este par de amantes doceañeros (Suzie y Sam) deciden escapar de sus casas y quedarse a vivir en el otro extremo de la isla donde habitan (una isla ficticia de Nueva Inglaterra), mientras su familia y el grupo scout al que pertenece Sam van en su búsqueda. Pero la historia familiar no tiene nada de simple. El chico es huérfano, adoptado por un matrimonio que también ha adoptado a varios muchachos, pero que ahora lo rechaza por ser tan extraño que no logra encajar en ningún grupo donde va. No obstante, Sam sabe valerse por sí mismo y es capaz de decir lo que le molesta a la cara, sin convertirse en el típico chico rebelde, ni en un lastimero niño depresivo. Parece un adulto muy centrado y reflexivo.

Un año antes, durante la presentación de una obra de teatro escolar, conoce a Suzie, la hija mayor de una familia de cuatro niños a quienes odia y no comprende. La expresión seria y calmada de Suzie acompaña sus gustos literarios y musicales, pues ama las novelas fantásticas donde la heroína de la historia siempre es huérfana, a la vez que, disfruta de la voz de Françoise Hardy (cantante francesa de la época) para escuchar en las tardes de verano. Paradójicamente, su fuga desata el descalabro pero no de ellos sino de todo el pueblo entero: los padres de Suzie que no se aman; la soledad del policía local; la inutilidad del jefe scout; la soberbia burocrática de la encargada del Servicios Sociales; el indolente trato de los compañeros de grupo, implementadores del bullying; la indolente educación a niños menores de 10 años, que ya aprendieron a odiar, antes de amar a alguien, incluida su hermana. En fin, los problemas se van presentando como las fuerzas de la naturaleza, a través de una terrible tormenta que azota la isla y, de paso, las vidas de los protagonistas. La frustración no es de los chicos protagonistas sino que es lo que hace que los adultos vivan en el aislamiento y los niños educados e influenciados por ellos lleven el mismo camino.

Más que frente a la historia de estos jóvenes amantes, estamos ante una obra coral, es decir, une varias historias (las de todos éstos que hemos mencionado, principalmente adultos) en un solo clímax. Al mismo tiempo que vemos el romance de los chicos enamorados, también vemos al policía que no ha conocido realmente el amor; al rutinario matrimonio de dos abogados; los cotidianos días del líder scout; la frialdad y rigidez de la persona que debe preocuparse por la protección de los niños. Todos ellos interpretados por destacados actores (Bill Murray, Frances McDormand, Bruce Willis, Edward Norton y Tilda Swilton) que participan en películas como ésta por el gusto que les da ser parte de proyectos inteligentes y creativos, por eso sus actuaciones son impecables, aunque no superan a los pequeños Jared Gilman y Kara Hayward que están geniales.

El creador de esta joya es el director norteamericano Wes Anderson, que utiliza el mismo tono desenfadado y crítico de sus seis filmes anteriores, entre los que figuran: Rushmore (98), Los fabulosos Tenembaums (01), Vida acuática (05), Viaje a Daarjeling (07). Acostumbra desconectarse de la realidad para crear mundos propios en los que se exponen sin problemas situaciones, problemas y diálogos de los protagonistas, que en una película convencional serían ridículos. En este caso los niños son extremadamente maduros y saben tomar determinaciones, en tanto los adultos viven enajenados, carecen de moralidad y no les queda más que verse afectados de traumas.

Nominada al Oscar por el Mejor guión, coescrito por Anderson y Roman Coppola (hijo del afamado director), exhibida en la Muestra Internacional de Cine (que no ha llegado a Querétaro), con excelente musicalización de Alexandre Desplat, también nominado, con hermosos tonos coloreados del fotógrafo Robert Yeoman y con una ambientación excelente de los sesenta, que enmarcan la juventud y la rebeldía como un etapa de la cultura que se cubre a través de este par de niños. Estamos ante un filme excelente, una joya que el espectador no quiere que se termine y que desea seguir disfrutando como al final todos los scouts (chicos de acción) disfrutan de la lectura de los libros de Suzie, como si descubrieran el mundo. No se la pierda por nada, aunque va a estar poco tiempo en cartelera no la deje ir e invite a sus hijos o sobrinos a verla, van a descubrir otro tipo de cine que les puede despertar inquietudes.

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