Cultura

El tablero de jugadas de la línea plateada

Por: Juan José Lara Ovando

A Luciana, bella e inteligente amiga, que supera estereotipos, como la actriz de esta película.

El título Los juegos del destino no me dice nada, por eso opté por un título tan extraño como el que lleva este artículo, que seguramente a usted, querido lector, tampoco dice algo. La cuestión es que esta película romántica que aparece en cartelera con un nombre fácil, que responde de una manera muy general a su trama, tiene un título original muy complicado: Silver linnings playbook, que yo traduzco de una manera casi literal, a falta de mayores conocimientos de la lengua inglesa.

 

Me parece que a lo que se refiere el nombre de la película es a las líneas plateadas que dibuja la luz del sol alrededor de las nubes negras que anteceden a la tormenta, lo que implica que ante un nubarrón o un problema de inminente amenaza hay siempre una luz o algo bueno tras de ella. Dada esta interpretación, tendría mucho sentido con la historia de la película.

De manera general, Los juegos del destino es una comedia muy oportuna, ante tantos sinsabores de desempleo, pérdida de ahorros y vivienda (la película está ubicada en medio de la crisis financiera mundial que mostró las flaquezas del imperio hará unos cuatro o cinco años), también aparecen los trastornos personales y mentales, que como es visto tradicionalmente en la comedia aquí son superables, por supuesto que a costa del esfuerzo y la dedicación de quienes lo padecen, pero también gracias al amor y al apoyo familiar.

No obstante, aunque estamos ante una comedia común y corriente, también nos hallamos ante un producto diferente y bien hecho. Todos los elementos de la comedia familiar están a la orden: los padres, los hijos, los amigos de familia, los novios o esposos de los hijos, las diferencias que los distancian, el problema que los une, la esperanza de que algo suceda para reunir nuevamente a sus integrantes o, en caso contrario, para separarlos definitivamente (este punto ya no es propiamente de comedia sino de drama) y por supuesto, el resultado favorable que devuelve la felicidad al grupo. Como en las películas de los hermanos Soler, en el México de los cincuenta, porque en los sesenta imperaron los dramas, también interpretados por ellos mismos.

El problema de esta familia es que es verdaderamente disfuncional, aunque se esfuerce por ser eficiente en la rutina diaria. El padre es un hombre compulsivo, obsesivo y adicto a las apuestas; el hijo, es bipolar y con serios problemas que evitan que pueda controlar su furia; pero la madre es la más cuerda y a través de ella la familia consigue sobreponerse y mantenerse unida.

El relato de la película narra la historia de Pat (Bradley Cooper), un hombre diagnosticado con el síndrome de la bipolaridad por consecuencia de un disturbio doméstico. Después de haber cumplido su rehabilitación, regresa a vivir con sus padres y bajo su tutela en conjunto con su terapia, busca la manera de salir adelante y en el proceso, cumplir con el objetivo de recuperar a su esposa. Lo anterior se presenta todo normal, pero el complemento del relato incluye a una joven viuda, Tiffany (Jennifer Lawrence) que entra en la rutina de Pat. Tiffany sufre la desgracia de haber perdido a su marido, así que todavía joven, se muestra muy madura para intentar ir superando sus crisis emocionales. Los dos se complementan, él es dubitativo, confundido y dependiente de los medicamentos, ella tiene la fuerza de establecer sus propias obsesiones y adicciones (sexo ocasional, ya sea como venganza, ya como auto castigo). Ella lo confronta y lo auxilia en el tránsito hacia una vida en la que se reduzca la locura y aumente la razón.

Ambos se conjugan para intentar resolver sus problemas, ella promete entregar las cartas a la esposa de Pat, ya que él tiene impedido acercársele, pero a su vez Tiffany le pide que baile con ella en un concurso en el que quiere participar. Los objetivos conjuntos logran unirlos y el final es el esperado, como toda comedia romántica y con todos los saltos que eso ocasiona, no importa que Pat no sepa bailar pero llega a hacerlo como si fuera un talentoso bailarín en tres meses de ensayos; e igual parece que cualquier enfermedad mental se supera haciendo jogging o enamorándose, o aprendiendo a bailar, qué buen remedio.

También vemos que las adicciones al juego y la violencia pudieran verse como pasajeras y llevan a la felicidad y la unión familiar, o el bipolar puede socializar con su psiquiatra de origen hindú en un juego de futbol americano y ser encarcelados juntos después de una pelea campal fuera del estadio. El fanatismo a este deporte, adjunto a ser hincha de las Águilas de Filadelfia, es el aliciente de la vida en familia, en fin, no parece haber problema para tener la fantasía de ser feliz después de haber vivido en un instituto para enfermos mentales, tener un matrimonio destrozado, vivir vigilado por los padres y rehusarse a tomar su medicamento porque una mujer bella y fuerte le espera enamorada. No se trata de una historia de adolescentes sino de treintañeros, así que no es ninguna historia infantil, pero no pierde el toque ingenuo, ni mágico que vuelve encantadoras estas comedias, como de manera muy peculiar, quitarse el estrés por las exigencias de la esposa, escuchando a Metálica.

Sin embargo, la película es atractiva, no solamente por cuestión de toque y buena realización, sino por dos cosas, una de ellas es que logra tocar las fibras sensitivas del espectador con buenos elementos de entorno que brillan por su realismo, como el hecho de que vivan en una Norteamérica en crisis que le niega a sus ciudadanos un seguro médico público y que se rehúsa sistemáticamente a otorgar el tratamiento psiquiátrico. De ahí que los personajes estén afectados mentalmente y vivan en Filadelfia, una de las ciudades más violentas de su país. La segunda, que tiene un trabajo estupendo del equipo de actores que hace creíble y da sabor a la amistad, las relaciones familiares, las obsesiones individuales y hasta el pesimismo. Esto lo consigue con dos protagónicos excelentes: Cooper y Lawrence (ganadora del Oscar a Mejor actriz), pero con un súper reparto que incluye a Robert De Niro (nuevamente muy creativo), Jackie Weaver (la amorosa mamá) y Chris Tucker, el amigo del centro de rehabilitación mental), entre varios más.

La dirección de David O. Russell denota un buen trabajo en el sentido de manejar las emociones, sacar las catarsis y hacer plausible la felicidad, como ya dijimos se salta de lo real a lo imaginario, pero supongo que no le importó mucho, que ésa era su intención. Una película amable y tierna, bella y complaciente, vista así es muy disfrutable. Como película seria tiene muchos baches, así que hay que tomarla por el lado agradable. Vale la pena.

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