Cultura

El TLC en el cine mexicano

Por: Juan José Lara Ovando.

La década de los 80 ha sido la más crítica del cine mexicano, va asociada a la crisis económica internacional, que implicó la caída de mercados culturales, pero también al desgaste de la industria fílmica nacional bajo la batuta oficial, en manos de los hermanos de los presidentes durante dos sexenios: Rodolfo Echeverría a cargo del Banco Cinematográfico y Margarita López Portillo en Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) ambos dependientes de la Secretaría de Gobernación. La producción se redujo de aproximadamente 125 películas anuales en los años 50 y 60, hasta 15en esa década perdida. El epílogo de esa destrucción lo representa el incendio de la Cineteca Nacional en 1982.

La transición entre esa crisis y la apertura de mercados con el modelo económico neoliberal, al iniciar los años 90, trajo inicialmente un espacio de participación que elevó la producción manejada a través del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), lo que redundó en mayor cantidad de películas (cerca de 25 anuales) y aumentó la inversión en ellas (de 500 mil pesos a 2.5 millones de pesos como promedios ordinarios de los años 80 a los 90), pero sobretododio lugar a nuevas temáticas y nuevos directores que empezaban a reordenar el panorama del cine mexicano.

Entre las películas de mucha presencia de esos años están: Rojo amanecer (Fons, 89); Cabeza de Vaca (Echevarría, 90); La tarea (Hermosillo, 90); El bulto (Retes, 91); Danzón (Novaro, 91); La mujer de Benjamín (Carrera, 91); Sólo con tu pareja (Cuarón, 91); La invención de Cronos (del Toro, 92)y las supertaquilleras: Miroslava (Pelayo, 93) y sobretodo, Como agua para chocolate (Arau, 92). También es novedosa la aparición de varias directoras, que por primera vez tienen presencia, como grupo, en el cine mexicano, además de María Novaro, ahí estaban: Busi Cortés (El secreto de Romelia, 90); Dana Rotberg (Ángel de fuego, 91); Marisa Sistach (Anoche soñé contigo, 92); y Guita Schifter (Novia que te vea, 93).

No pasó de ser un lapso porque la irrupción se detuvo. La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) desmanteló la industria fílmica nacional con el supuesto propósito de hacerla más competitiva a nivel internacional y volverla más rentable, pero como entraba en los marcos de la regulación de un mercado que no dejaba de favorecer a las compañías transnacionales ante las cuales la producción del cine mexicano, apoyada en pequeñas y medianas empresas locales, no tenía competitividad.

El cine mexicano no se protegió, entró en el bloque general de negociación por lo que tendría competitividad abierta con las grandes productoras norteamericanas, lo mismo que con las canadienses. Lo primero que se notó fue la liberación de los precios de taquilla, excluyéndolos de la canasta básica; la aparición de cadenas de salas exhibidoras norteamericanas; el equipamiento de tecnología digital y de sonido en ellas; la disminución del tiempo de pantalla del cine mexicano que pasó de 50 a 10% entre los años 93 y 97 (virtualmente eliminado); el reemplazo de las viejas salas de cine por nuevos espacios en plazas comerciales (zonas de mayores ingresos); con lo que aparecen gastos adicionales (estacionamiento y dulcería).

Los efectos de esto son que se satura la cartelera con películas hollywoodenses; disminuye la oferta nacional a menos de 10 exhibidas al año;se inhibe la producción nacional que es considerada obsoleta en sus propuestas temáticas y recursos estilísticos; se pierde el interés del público en el cine nacional y disminuye el interés en filmar más cintas mexicanas; las distribuidoras extranjeras impiden que se destine un peso para fomentar el cine mexicano. Debacle que contrasta con el fomento y crecimiento de la industria fílmica en Canadá y Estados Unidos, en donde aumenta la producción en 36 y 33%, respectivamente. Este último país pasa de filmar 460 a casi 700 películas en un año, para fines de esa década.

Después de 20 años, las condiciones no han mejorado. La producción de cine en México ha quedado en manos de empresas particulares que se amparan en el apoyo de Fondos y Estímulos estatales que apareció desde el 98, sustituyendo a las compañías del estado: Conacine y Conacite 2, que fueron vendidas antes del TLC, durante la etapa de desestatización de empresas. Éstas son: el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine. 98), el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine, 02) y el Estímulo Fiscal a la Producción Cinematográfica Nacional (Eficine, 06). De ahí el Estado subvenciona y otorga apoyos que van de 1 a 12 millones de pesos, el resto debe conseguirlos el productor, que es a quién pertenece la película, que puede ser una gran empresa televisiva (Televisa), telenovelera (Argos), minera (Peñoles), exhibidoras (Cinépolis), distribuidoras (Quality) o de cualquier tipo.

Lo que ha quedado al frente es que las películas deben ser productos comercializables y rentables, por ello deben ser de buena calidad, no al revés. La producción se ha reimpulsado en los últimos 10 años y el mercado ha aumentado aunque dista de tener buenas condiciones, por eso los personajes notables del mercado fílmico los últimos años han migrado al país vecino, que es el mayor mercado del mundo. Pero las películas que se han comercializado mejor y son notables, pero brillan por ser las más representativas para el consumo. Ahí están Todo el poder (Sariñana, 99); Y tu mamá también (Cuarón, 01); El crimen del padre Amaro (Carrera, 02); Arráncame la vida (Sneider, 08); El infierno (Estrada, 10); Nosotros los Nobles (Alazraky, 13), entre otras, que pueden albergar lo social con lo notable como Amores perros (Iñárritu, 00). Lo comercial por supuesto que tiene mucho espacio, ahí está No se aceptan devoluciones (Derbez, 13). Pero lo personal es lo mejor del cine mexicano y ese sigue buscando el espacio que el TLC cerró por eso es casi imposible ver películas como: Cuentos de hadas para dormir cocodrilos (Ortíz, 02); Mil nubes de paz cercan el cielo… (Hernández, 03); El mago (Aparicio, 04);  Párpados azules (Contreras, 07); Familia tortuga (Imaz, 07); La sangre iluminada (Avila, 08); Los que se quedan (Rulfo y Hagerman, 08); Parque Vía (Rivero, 09); El verano de Goliat (Pereira, 10); PosTenebras Lux (Reygadas, 11) y Los últimos cristeros (Mayer, 12) entre otras.

 

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