Cultura

En Cuba la historia marginal se halla fácilmente

En entrevista con Tribuna de Querétaro, Carlos Manuel Álvarez, joven cronista cubano, rechazó su interés por tratar la figura de Fidel Castro en algunos de sus escritos, ya que considera que algunos escritores llegan a enamorarse de sus personajes aun cuando existan señalamientos por sus acciones en su vida. Además relató cómo es crecer en la Cuba de la posguerra Fría, entorno del que abreva su libro ‘La Tribu’.

Por otra parte, desde su punto de vista no cree que ha habido un cambio estructural en el sistema político cubano y considera que la poca apertura que ha habido por parte del gobierno es aceptada a “regañadientes”, asimismo el gobierno de aquel país aún cuenta con el control de los medios de comunicación.

Como parte de las actividades del Hay Festival 2017, se realizará la presentación de Bogotá 39-2017, una selección de los 39 mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. Carlos Manuel Álvarez, de origen cubano, se encuentra en esta lista y considera que “es una buena oportunidad para conocer distintas estéticas en el caso de México y Cuba”.

 

-Borges mostró su desprecio a Perón en varios escritos suyos. Con este símil, si usted tuviera que incluir a Fidel Castro en algunas de sus obras, ¿qué tratamiento le daría?

No tengo un interés en trabajar la figura de Castro desde la ficción, pero hay una anécdota de Monterroso que dice que le encargaron un relato lo rechazó porque uno termina enamorándose o sensibilizándose con sus personajes.

En mi caso Castro, siempre ha sido lo mismo; vengo de una familia comunista cuando era mucho más joven tenía una situación más de admiración pero de alguna manera hemos pasado por estadios de rabia, no entenderlo, despreciarlo, en algún momento enjuiciarlo a sangre fría y de manera más pausada.

El saldo final es que Fidel Castro no me interesa en lo absoluto. No sé cómo lo trataría en la ficción, sería un personaje más, ubicándolo en algo más ordinario.

-¿Qué esperar de su obra ‘La Tribu’? ¿Apuesta a escribir a lo marginal cómo señala Caparrós?

Siguiendo las señas de Caparrós, mi libro trata justamente de lo marginal, de lo cotidiano pero de manera natural, ni siquiera tengo que ir a buscarlo, hay zonas inéditas en la realidad cubana. De alguna manera lo común y cotidiano pasa a nivel marginal, de discurso de texto y punto de vista periodístico, el discurso del poder político o pasado por un filtro de propaganda.

Obviamente cuando cuentas la realidad cubana cuentas sucesos que desde lo territorial no son marginales, pero sí desde el relato. No hay que ir a buscarla a la periferia, una historia que está oculta, es una historia de otro lugar. Aquí al menos desde la crónica existen grandes vacíos al contar el país. De manera muy natural, lo mismo tiende hacia esa zona. Creo que Cuba entera en este momento somos un país marginante de nosotros mismos. Nuestro centro es la orilla.

-Caparrós, en entrevista con nuestro medio el año pasado, también decía que las historias más duras se escriben sin adjetivos, ¿coincide con eso?

Creo mucho en el poder del adjetivo cuando es usado con precisión. No creo en el adjetivo como luces puestas en un árbol de Navidad para aparentemente engalanar la prosa, pero creo en el adjetivo como un fijador, que es un tornillo en la historia que te sirve en determinado momento.

-Usted nació durante el final de la Guerra Fría ¿qué oportunidades o complicaciones se presentaron para su generación en Cuba?

Hubo a partir de la caída del muro de Berlín una especie de apertura aunque el gobierno y su economía colapsaron, Cuba dejó de ser un Estado subvencionado y hubo colapso general. Aunque Castro no lo quisiera tuvo que abrirse a cierta inversión extranjera, tuvieron que aceptar una moneda cono el dólar, fue una especie de movilidad que provocó cambios a nivel social.

Se intensificó la presencia de los cubanos que han emigrado de regreso de en Cuba o se hizo sentir y eso cambió al país que era cerrado. A partir de los noventa se abrieron ciertas fisuras que no se han vuelto a cerrar, al contrario lo que han hecho se ha agudizado.

Esa es la historia de mi generación. No tengo una marca directa si podemos decirlo, pero como una marca directa de un país que vivía bajo la sombría del eje soviético todo lo contrario, crecí con la idea que esto era parte del pasado. También una época que como era un Estado bastante fuerte. Distintos momentos igual de manera sostenida, y un Estado por el control total sobre los medios.

No ha habido ningún cambio estructural del sistema político, lo que estaba diciendo con la caída del bloque soviético y ciertas medidas traerán una reconfiguración, comienzan ciertas movilizaciones que antes no había y que el Estado no se permitía y ahora a regañadientes tiene que aceptar; hay ciertos flujos de ideas y proyectos de manera marginal pero empieza a oxigenarse la sociedad, por debajo tiene bocanadas

-Argentina y México ya consolidaron la crónica. ¿Cómo va Cuba en este aspecto?

Es muy precario. Nos hemos ido cocinando bajo el ejemplo y las lecturas de la crónica. Hay un par de jóvenes que intentan conectar con este movimiento y estética apostando a la crónica como género. Pero todo se da como un nacimiento de manera muy primaria y no creo que haya como un movimiento consolidado.

La crónica es el relato idóneo de un continente que necesita de alguna manera seguir mirándose sin ropaje, lo más descarnadamente posible porque nuestra realidad así lo merece. La crónica como sabemos encuentra su espacio originario.

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