Cultura

En México, el dictador sólo cambia de disfraz

Por Juan José Lara Ovando

 

A todos aquellos que votaron esperando un cambio en el sistema político del país.

 

¿Qué tienen en común la banda de rock y la política en México? Aparentemente nada. Podría pensarse que son cuestiones impensables de relacionarse ya que se trata de música, de onda banda, de jóvenes que tendrían muy poco que ver con gobiernos, formas de gobernar, opciones democráticas, jornadas electorales u otras. Si usted cree que es así, pues tiene que ir a ver Gimme the power, el documental sobre el grupo Molotov, que sostiene lo contrario, que sí existe una relación muy estrecha entre rock y política y se dedica precisamente a demostrárnoslo.

Ya a inicios de los años setenta, un investigador norteamericano, Wayne Cornelius, entonces afincado en México había demostrado una relación similar, sólo que entre inmigrantes pobres que llegaban a las ciudades y la política, al sostener que en la lucha por la obtención de vivienda, los migrantes apoyaban a los partidos políticos (en ese entonces, solamente uno, el PRI), iban a sus mítines y reuniones, se inscribían en el partido y votaban por ellos y sus candidatos en las elecciones, pero lograban su objetivo: obtenían un terreno que fraccionaban entre muchos, empezaban a construir y posteriormente buscaban regularizar sus derechos de cambio de uso de suelo y de propiedad.

En Gimme the power la relación suele ser similar, sólo que a la inversa, en lugar de existir una vinculación positiva, la hay negativa, además en este caso el nexo no se da con los partidos políticos sino con el Estado. La película muestra que la naturaleza de la banda de rock no solamente es ajena a la participación política gubernamental, sino que es crítica a las acciones estatales en México. La banda expresa la marginación de los jóvenes y la búsqueda de alternativas que en mucho son manifestaciones políticas porque se construyen en una arena de discusión, sólo de esa manera salen a la luz.

Por eso en Gimme the power es tan importante el movimiento estudiantil del 68 como la música de Molotov. Las escenas de la película nos muestran la lucha política electoral de Cuauhtémoc Cárdenas; las burlas de los gobernantes a la ciudadanía, desde Gustavo Díaz Ordaz a Calderón, pasando por todos los intermedios (Echeverría, Salinas, Zedillo y Fox son las imágenes del declive de la gobernabilidad, de ahí viene la frase que da título a este artículo); la toma de Atenco; la represión de los halcones en el 71; la aparición del EZLN; el papel de los legisladores en contra de un interés nacional, en tanto suenan los acordes musicales de Molotov.

En realidad la banda aparece sólo un tercio del filme, el resto es una caracterización histórica del autoritarismo en México, es decir, Molotov es sólo un pretexto para referirse, a través de sus letras, como en el caso de la pieza que da título al filme, a la dominación impuesta por el Estado a una ciudadanía que no tiene más alternativa que obedecerle, so pena de ser reprimido, además de ser ya exprimido.

Gimme the power es una canción escrita en el 96 y es parte de ¿Dónde jugarán las niñas?, primer disco de este grupo que inició presentaciones en el 95 y con el que alcanzó fama internacional. Hoy, después de 17 años, el grupo sigue teniendo vigencia y su canción parece retratar el mismo México que ahí se critica, pues pese a la alternancia política y a la democratización del sistema político, la situación que la sociedad vive y que los jóvenes padecen es la misma, solamente ha pasado el tiempo sin que los problemas se resuelvan, por el contrario, se incrementan sin que haya respuestas favorables, al menos que permitan ver otro futuro, el esperado por los jóvenes, que en buena medida se conforman con poco libertad de expresión, empleo y libertad de información.

Coincidentemente son los puntos que puso en la discusión el sector estudiantil en este proceso electoral del 2012, #YoSoy132, lo que le da vigencia y actualidad a este documental, que su director Olallo Rubio define como rockumental al conjuntar imágenes de la banda con testimonios de la historia política reciente de México. Rubio abre una veta peculiar e insólita: su pasión por el rock y su amor por el país, que a pesar de estar tan jodido políticamente, no quiere hacerse simplemente a un lado sin hacer una crítica, sin dejar de luchar por conseguir algo mejor.

Con humor desenfadado y un ritmo extraordinario, Gimme the Power es un rockumental filoso, sumamente crítico y bien documentado, que no agota el malestar en la desesperanza, el rencor y la larga lista de frustraciones, sino que estimula la visión de un futuro mejor, pendiente de nosotros mismos.

A falta de documentales que historien el mundo del rock en nuestro país, o a las mismas bandas como promotoras de una lucha incesante por sobresalir con su música, Rubio, director mexicano, ya afamado por su documental anterior, Y tú, ¿cuánto cuestas? (07) sobre el consumo en las culturas mexicana y estadounidense, se preocupa por explicar la problemática política a la luz de la cultura del rock, principio no sólo válido, sino inquietante, pues hay muchas cosas que analizar. Vale la pena, no se la pierda, aun cuando sea muy comentado que la banda aparece muy poco.

 

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