Cultura

Epitafios Luis Alberto Arellano. 1976-2016

Julio Figueroa / juliofime@hotmail.com

Poeta, traductor y crítico, apenas de 40 años, el pasado 15 de diciembre murió Luis Alberto Arellano. La noticia fue como un balazo en las fiestas decembrinas. Ese día curiosamente es el natalicio del poeta Efraín Bartolomé y del tallador de emociones y protestas Agustín Escobar. Vida y muerte comulgan todo el tiempo y caminan abrazadas. Creo que la mejor despedida de Luis Alberto, festiva y doliente, irreverente, la escribió su amigo de andanzas LEGOM: allí están su “Aviso para la comunidad” y su “Oración fúnebre” del teatrero Luis Enrique Gutiérrez Monasterio. Por mi parte escribí los siguientes epitafios:

-Primer epitafio

Nada que hacer.

Flote en el aire su nombre.

Ligero, ligero, leve…

 

Segundo epitafio

Devoró la vida hasta las heces.

Con la crítica bien templada.

Entrañable amigo y enemigo mortal.

 

Tercer epitafio

‘El Gordo’ Arellano

se fue haciendo ruido

porque era un peso pesado

real, nada inflado.

Hermético, compacto, sólido.

Indescifrable.

 

Cuarto epitafio

Ha muerto un cuerpo

Ha nacido un nombre

Luis Alberto Arellano

 

–Arellano falleció en la ciudad de sus versos, dijeron en Ecuador.

–“¿Hoy amaneció más ligero el mundo, o es mi imaginación?”, escribió al otro día de su muerte Leslie Dolejal.

-En ‘Laberinto’ 706 del sábado 24 de diciembre apareció el “Epitafio” del propio poeta publicado en 2005. Con ecos de “Invocación” de Efraín Bartolomé y de una inscripción antigua en el frontal del panteón municipal de Querétaro, ahí están las palabras de Arellano:

 

Epitafio

“Bajo esta roca pulida para la muerte, yace la sombra de un hombre.

No hay nada aquí de valor sino huesos blancos de sal.

No hay nada aquí de valor sino huesos.

No hay nada aquí de valor.

No hay nada aquí.

No hay nada.

No hay.

No.

Viajero, detén tus pasos

y asegúrate que la sombra continúe

soñando su sueño de huesos

blancos de sal,

después busca fortuna

en otra roca severa bajo el sol.”

 

Quinto epitafio

Luis Alberto:

Ya es palabra, ya es silencio.

Roca pulida sin tiempo.

 

LEGOM:

–Adiós poeta. / Acá nos quedamos los legos. / Mi gordo.

–De parte del gordo les quiero decir: váyanse a la verga todos.

“La muerte es la última soledad sonora”, Luis Alberto Arellano.

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