Cultura

Escribir en catalán, una postura política

Aunque el poeta valenciano Joan Navarro aclaró no buscar la política en sus poemas, dejó ver que a veces la ha enmascarado

FOTO: Gabriela Lorena Roldán

Por: David Eduardo Martínez Pérez

 

Entre los espectros de las monjas que algún día habitaron Santa Rosa de Viterbo, Joan Navarro se protegía del frío seco que tan poco tiene que ver con las costas valencianas.

Su aspecto estaba lejos del estereotipo de catalán: no usaba boina ni suéteres negros, sino camisa y pantalón de vestir.

Aceptó la entrevista de inmediato. No dejaba de sonreír y las palabras fluían de su boca como si escribiera un poema. Navarro habla dos idiomas, en su casa aprendió el catalán y en la escuela, el español.

Navarro fue invitado por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes. Lo trajeron para que deleitara a los querubines tatuados en el convento con una lectura de su antología Arxipèlag i altres poemes (Archipiélago y otros poemas).

Ha publicado diversos tomos de poesía, todos en catalán. Según él, la elección de este idioma obedece menos a motivos políticos que sentimentales.

“Aunque creo que desde que uno escribe en catalán está manejando una postura política, yo no escogí el catalán por esas razones, sino porque es la lengua que se habla en el pueblo donde yo nací.”

 

Con un ligero sonrojo que se advertía iluminado por las enormes farolas del convento, Joan Navarro se remontó a los tiempos en los que tomaba clases en la escuela secundaria de algún lejano pueblecito perdido en el país valenciano.

“Me acerqué a la poesía en la época escolar. Recuerdo que nos encargaban muchos trabajos de redacción A mis compañeros no le gustaba redactar, pero a mí sí. Empecé a escribir en catalán tal como se hablaba coloquialmente, porque en esa época el catalán no se enseñaba en las escuelas.

Con el sonrojo transfigurado en un coraje no exento de cierto rencor que le hace palpitar las venas, el poeta explicó lo difícil que fue para él desenvolverse como escritor en medio de una cultura que privilegiaba el monolingüismo.

“En la universidad me vinculé con algunos poetas de mi generación. Pero hablar catalán en las ciudades era difícil. Me inscribí para un premio en 1973 y para mi sorpresa resulté ganador y empecé a editar. Aunque para aquel entonces Franco estaba ya con la pata en el ataúd, existían muchas limitaciones para el catalán. En la ciudad miraban mal al hablante de catalán, porque lo veían como alguien de pueblo, te decían que eras un campesino”, recordó.

Para no perder la continuidad, el escritor expresó las razones a las que atribuye el odio a las minorías lingüísticas.

“Nunca entendí el prejuicio contra el catalán. Me parece una forma de auto-odio por parte de los españoles. El catalán es una lengua convencional con una literatura muy rica para su poco número de hablantes. A veces pienso que los españoles tienen miedo de que el catalán los supere, pero eso no va a pasar.

“Ahora hay un movimiento de recuperación y dignificación de la lengua y hasta se empezó a enseñar el catalán con normalidad en las escuelas, pero sigue habiendo prejuicios”.

 

La finitud y el lenguaje, sus temas

Sobre su trabajo, el escritor sostuvo que le interesan temas como la finitud y el lenguaje. En sus propias palabras, le gusta “descubrir los límites que tiene y mostrar que lo que vemos es el lenguaje desnudo”. También afirmó que “estamos destruyendo y construyendo constantemente el lenguaje al momento de comunicarnos”.

Al dejar un poco de lado la nostalgia, Navarro recuperó su sonrisa y habló de la política dentro de sus textos. No se considera un autor político, pero ha escrito poemas donde escondió algunas críticas al régimen franquista:

“Hay un libro que es político pero no tiene apariencia de política. Está enmascarado, no es el típico poema panfletario, aunque hay panfletos necesarios en ciertos momentos. Ahí utilicé recursos poéticos para hacer una crítica a los discursos oficiales desde la perspectiva del escritor: que si debe escribir de una forma determinada, etcétera.

“En ese sentido es un discurso político a partir de ciertos elementos antifranquistas contenidos en el discurso.”

Sobre sus compatriotas catalanes, el poeta reconoció como legítimo el sentimiento de autonomía que existe entre ellos, pero aseguró que el actual gobierno catalán se aprovecha de eso para generar ventajas electorales.

“Cuando se habla de cultura catalana, no se habla sólo de Cataluña, sino de un ámbito lingüístico que también abarca las Islas Baleares y el país valenciano. En este momento sólo pueden independizarse los catalanes de Cataluña.

“Yo soy valenciano y mis compatriotas ni sueñan independizarse, pero yo creo que es un sentimiento legítimo aunque se hace un uso partidario del mismo. El gobierno catalán actual alzó la bandera catalana no porque sea independentista, sino porque no quiere perder las próximas elecciones.”

Finalmente, abandonó el discurso político para volver a hablar de la poesía. Cualquier manifestación de ira se transfiguró en una sonrisa de placer, una sonrisa que sólo se perdía cuando de ella salían las palabras. Indicó que le interesa de manera particular la relación que existe entre la poesía y la pintura.

Incluso la obra que leyó en el convento se escribió a partir de una correspondencia que sostuvo el autor con el pintor barcelonés Pere Salinas, quien elaboró un lienzo sobre el cual Navarro escribió un poema. Luego Salinas elaboró un lienzo a partir de ese poema y ambos prolongaron su juego hasta el año 2007.

“Ahora exploro mucho la relación entre texto y pintura y entonces presento textos con mucha influencia de la pintura. Es un tipo de poesía muy densa, poema en prosa, poesía muy sintética y desnuda de elementos que sobran en el poema.

“Utilizo elementos barrocos, pero aislados, trato de evitar cataratas preciosistas y hacer referencia a imágenes. Trabajar con base en flashes”.

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