Cultura

Espionajes

Por Juan José Lara Ovando

Dos películas de extracción vacacional –todavía–, pero ahora de espionaje, nos entretienen en esta ocasión. Ambas son secuelas y las dos son de espionaje, centradas en un personaje principal, pero apoyado en un equipo laborioso y eficaz, ellas son: Misión Imposible 4: El protocolo fantasma y Sherlock Holmes 2: Juego de sombras.

Desde luego, se trata de franquicias exitosas, pues la primera procede desde el 96 (luego 00 y 05) y todas han sido superproducciones espectaculares y atractivas, por consecuencia, taquilleras; la segunda empieza a generar ese proceso, iniciado hace dos años, pero que parece continuará con mayor persistencia que la anterior.

Si bien están situadas a más de un siglo de distancia, pues en la primera se enfrenta la problemática política mundial actual, la segunda convive con la conflictiva confrontación imperial de fines del XIX, sus personajes –Ethan Hunt y Sherlock Holmes (representado por los mismos actores en todas las apariciones: Tom Cruise y Robert Downey Jr.)– parecen superar cualquier condición espacial y temporal con su sagacidad y fortaleza, lo que les vuelve peculiares, pues al primer personaje lo han realizado cuatro directores distintos, en cuanto al segundo, sólo tiene un creador, que seguramente se encargará de la tercera entrega.

A diferencia de sus antecesoras en la serie, la estructura de El protocolo fantasma difiere de lo establecido. Las misiones no se realizan como se acostumbraban, siempre existen otros elementos de interferencia. La cámara lenta es ignorada por enfoques directos, la tecnología está en su cúspide, el villano es más veloz y el nuevo equipo de Ethan Hunt es indisciplinado. Por lo mismo, la historia no se centra en este espía, como en todas las anteriores. Ya no hay tanto parecido a Bourne o a Bond, que centran la película en ellos como le sucedía a Hunt, aunque esta entrega parece más bondniana, el personaje se enfrenta a todo tipo de circunstancias, aún bombas nucleares y las situaciones no dejan de ser jocosas.

Se desarrolla más la historia que el personaje, lo que la vuelve más al estilo de la serie televisiva de la que procede. El guión es arriesgado, lleno de adrenalina y constante tensión. Inclusive insertaron secuencias del pasado para mantenernos concentrados conforme las piezas de este rompecabezas se van armando. Es primordial prestarle atención a la trama por sus sucesivos brincos en tiempos y ciudades del mundo (escenas excelentes en la Torre de Dubai, la más alta del mundo), explicaciones concretas y hechos históricos, además de un enemigo muy malo, un ruso llamado Cobalto (Michael Nyqvist)

Pero no se trata de ninguna historia profunda, simplemente hay que seguirle el hilo, porque ante tanta acción es necesario saber que el protocolo fantasma es la decisión del Presidente norteamericano de desaparecer la agencia de espionaje a la que pertenece Hunt, desautorizándolo de cualquier actividad para no provocar un problema internacional, luego de verse implicado en una explosión en el Kremlin.

La aventura se fundamenta en la forma en que deben restaurar su honor los espías e investigar por su cuenta quién se encuentra detrás de los acontecimientos que los señalan. Los que trabajan e interactúan son todo el equipo, el protagonismo del filme se reparte entre los miembros, por eso es más activa y significativa esta entrega que las anteriores, además los personajes secundarios están mejor definidos. Entre ellos destacan, la agente Jane Carter (Paula Patton) bien armada y con mucha experiencia; el joven y atrevido informático Benji Dunn (Simon Pegg), al analista y agente William Brandt (Jeremy Renner, que si hay alguien destinado a suceder a Cruise, parece ser éste). Con un guión muy básico pero muy desenfadada y divertida, tal vez se deba a la mano del director de animación Brad Bird (El gigante de hierro 99, Los increíbles 04 y Ratatouille 07) ahora da el salto al cine no animado sin sufrir ningún descalabro.

Por su parte, Sherlock Holmes 2: Juego de sombras corre con menor suerte, a pesar de que también tiene acción trepidante y que el investigador enfrenta a un enemigo a su altura, mucho más peligroso del que enfrentó en la cinta anterior. Moriarty es malévolo y misterioso, pero tan analítico y deductivo como Holmes, por lo que éste se encuentra a un verdadero enemigo que lo va a llevar a perseguirlo por distintos lugares de Europa, es decir, la trama toma calibre internacional.

De hecho en esta película hay mucho más acción que en la primera, Holmes no para, se la pasa peleando, lo cual puede tener algo entretenido, pero no puede quedarse ahí el valor de la película, porque nuestro detective deja a un lado su lado brillante de investigador por el de boxeador invencible, además de que junto con Watson (Jude Law más activo que en la anterior y con habilidades de tahúr, aunque también con menos presencia analítica) se salva de varias explosiones, muchos kilos de municiones, incluidos bombardeos dignos de una guerra), lo que si no raya en la exageración, sí le resta inteligencia al personaje, que para salir adelante, parece que todo lo sabe de antemano, deduce mucho más fácilmente y toma actitudes presuntuosas: sólo él sabe que Moriarty es un asesino que causa el terror, cuando nadie puede imaginarse eso.

La trama es mucho más compleja que en la entrega pasada y para ello aparecen más personajes (y más variados), entre ellos un hermano de Holmes (Stephen Fry), que lo ayuda en su aventura y una gitana que se ve involucrada al darse cuenta que es una de las posibles víctimas de Moriarty, y que su hermano puede estar en peligro.

La gitana (Noomi Rapace) jamás desaparece de la historia y siempre va a acompañar Holmes y Watson, pero su rol nunca queda tan definido, es muy ambiguo y podría no haber aparecido o ser circunstancial sin que cambie notoriamente la trama.

Desde luego, el humor es infaltable y con tanta acción, seguro que como cinta dominguera es agradable, pero soy de la idea de que le adeuda un poco a la anterior. Esperemos que este personaje tan popular en la cultura occidental no se vaya a agotar muy pronto y el director Guy Ritchie planee más detenidamente una tercera entrega. Algo peculiar de las dos películas, el malo de Protocolo fantasma, Cobalto y la gitana de Sherlock 2, son actores suecos, famosos en occidente por su actuación en la serie Millenium, que pronto se exhibirá en versión Hollywood, como La chica del dragón tatuado. Que de coincidencias, son dos películas comerciales y sencillas, pero disfrutables.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba