Cultura

Francisco Toledo, siempre más allá del taller

La última exposición de su trabajo fue en la Galería de Arte Mexicano (GAM), donde se pudo observar la mayor parte de su trabajo, en especial producciones de entre 2016 y 2017.

Un hombre corre con un papalote en la mano, uno trágico, pues fue creado para rememorar los sucesos de Ayotzinapa: Se trata de Francisco Toledo, en un andador turístico de Oaxaca. El artefacto apenas se eleva y con él todo el peso de las manos que lo crearon: El símbolo que caracterizó la obra y vida de Toledo flota en el aire, arte y compromiso social en el cielo, aspirando a cambiar las cosas.

Francisco Benjamín López Toledo fue un artista plástico al que comúnmente se le encasilla en la corriente de la ruptura, un grupo de artistas mexicanos que buscaban expresiones artísticas diversas y que expresaban temas diferentes a los promovidos por la agenda nacionalista de las décadas de los 60 y 70. Sin embargo, el mismo Toledo siempre negó su pertenencia al grupo, su postura fue siempre la de un artista independiente de grupos y corrientes.

Dentro de su obra se pueden encontrar una gran variedad de temas, aunque todos giran en torno a una estética de la naturaleza y, dentro de ese campo, decidió retratar animales que pocas veces eran asociados con lo bello. Además, se pueden observar figuras antropomorfas y expresiones que diluyen la frontera entre lo natural y el hombre.

Sin embargo, el trabajo del artista no siempre es dentro del taller, y así lo demostró Toledo. En el estado de Oaxaca —de donde era originario— promovió la creación de varios centros culturales, como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), fundado en 1988, o el Centro de las Artes San Agustín (Casa), que se fundó en 2006. Su trabajo también sobrepasó el mundo de las bellas artes: su militancia política y su apoyo a las causas de izquierda también giraron en torno a la conservación del patrimonio cultural de Oaxaca y a la conservación del medio ambiente.

Premios y exposición

Por lo general rechazó los premios y reconocimientos públicos que se le hicieron, y, a pesar de ello, fue ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en el año de 1998. En 2005 fue reconocido con el Premio Right Livelihood por sus trabajos como activista, protegiendo los intereses de la comunidad oaxaqueña. Un par de años más tarde, en 2007, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca lo distinguió con un doctorado honoris causa.

Francisco Toledo también presentó una gran afición a las letras; por ello, en la revista Proceso mantenía una columna llamada ‘Toledo Lee’, en la que compartía textos que ligaba con vivencias de su rutina o recuerdos de su pasado. Las últimas palabras que el autor escribió en su columna en la revista Proceso hacían referencia a un recuerdo que tuvo de su infancia.

Rememora el momento en que, mientras se bañaba en un río con sus amigos, vio correr sobre el agua a una lagartija. Esa fue su última colaboración, un recuerdo de la niñez.

La última exposición de su trabajo fue en la Galería de Arte Mexicano (GAM), donde se pudo observar la mayor parte de su trabajo, en especial producciones que tuvieron lugar entre 2016 y 2017; además de que se pudieron leer sus entradas de la columna ‘Toledo Lee’. La exposición ‘Francisco Toledo. Imagen y texto’ estuvo disponible hasta el pasado 23 de agosto.

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