Cultura

Frankensteincito

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Por: Juan José Lara Ovando

Si algo tiene el director norteamericano Tim Burton, es que siempre ha filmado lo que ha querido desde sus primeras películas, que en realidad presentan la muestra de lo que desarrollaría posteriormente. Ellas fueron Vincent (82) y Frankenweenie (84).

La primera es un cortometraje animado de cinco minutos cuyo personaje es un niño que representa al actor de películas de terror de serie B de los años cincuenta, Vincent Price en su infancia (posteriormente, este actor, que era su ídolo, actuaría para su película El joven manos de tijeras, 90). La segunda es un mediometraje de 26 minutos que se inspira en el clásico Frankenstein (Whale, 31) pero donde el inventor es un niño de la época actual que revive a su perro Sparky basado en los experimentos escolares de la materia de química.

El toque personal de esas películas filmadas por el sello Disney, donde Burton trabajaba como diseñador, radica en sus temáticas de terror, sus entornos góticos, sus tonos oscuros, la recuperación de poetas y escritores clásicos como Edgar Allan Poe y Mary Shelley, la declarada admiración por personajes y mascotas monstruosos, la fotografía en blanco y negro y la animación (de Vincent, porque Frankenweenie, no es animada) en stop motion (fotografiada cuadro por cuadro sobre objetos estáticos).

Si bien Vincent obtuvo premios en varios festivales de cine, la empresa Disney se negó a comercializarla por no ser compatible con los elementos infantiles que manejaba, por lo que sólo se distribuyó para televisión en el día de Halloween de ese año. Con Frankenweenie le fue peor, lo corrieron de la empresa por insistir en temas terroríficos para las audiencias juveniles que manejaba la productora. La película se conocería al ser incluida en el DVD y el Playstation de El extraño mundo de Jack (Selick, 93), el primer largometraje animado, escrito y producido por Burton.

El director batalló para dirigir sus primeros largometrajes pero logró hacerlo con La gran aventura de Pee Wee (85) y Beetlejuice, el súper fantasma (87) en la que retomó la excentricidad y el humor negro, sobre todo la segunda, pero le permitieron tener acceso a filmar una superproducción, Batman (89), que le daría un lugar envidiable como cineasta comercial, pero no le impediría filmar los temas que le gustan por eso continuaría con El joven manos de tijeras, El extraño mundo de Jack, Ed Wood (94), Jim y el durazno gigante (Selick, 96), ¡Marcianos al ataque! (97), La leyenda del jinete sin cabeza (99), El gran pez (03), El cadáver de la novia (06), Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet (07) y Sombras tenebrosas (11). Aunque complementan su filmografía otro tipo de proyectos entre los que aparecen dos secuelas de Batman, Batman, regresa (92) y Batman por siempre (Schumacher, 95), El planeta de los simios (01), Charlie y la fábrica de chocolate (05), 9 (Acker, 09), Alicia en el país de las maravillas (10) y Abraham Lincoln, cazador de vampiros (Bekmambetov, 12).

Con Frankenweenie (12) filma por segunda ocasión un largometraje de animación, después de El cadáver de la novia, y retoma el mediometraje del mismo título como punto de partida y primera versión de esta historia. La diferencia en el relato estriba en que en el primer filme, el Bull Terrier Americano, Sparky, es considerado un monstruo por los vecinos del pequeño Víctor Frankenstein cuando éste lo revive, en tanto que en el largometraje, Sparky es visto como una maravilla que logró revivir y los amigos le piden a Víctor que les enseñe a revivir a sus mascotas muertas para así poder mostrarlas en la fiesta de ciencias. Todos ellos terminan resucitando a sus mascotas pero por errores en los experimentos los convierten en verdaderos monstruos, causando un verdadero caos que provoca el terror en el pueblo.

El final de ambas películas coincide, se sitúa en el molino de viento que se incendia (como en Frankenstein), sólo que en la primera Víctor se accidenta y es salvado por Sparky, que fallece entre los escombros, lo que sucede en la versión actual, en la que además, ambos salvan a una niña (un tanto en el estilo de La novia de Frankenstein, Whale, 34) en el incendio y Sparky enfrenta a un monstruo, el Señor Bigotes; fallecen do ambos en la hecatombe, pero en las dos películas todos los vecinos después de ver la actitud de héroe de Sparky, se unen para revivirlo proporcionándole energía con los acumuladores de sus autos.

No se trata simplemente de alargar la historia, aunque tampoco de renovarla, lo que sí es evidente es que Burton se imita a sí mismo, o sea, se homenajea reivindicando lo que la gran empresa le negó, lo que le obstaculizaron para seguir su ruta, hoy que es uno de los directores más reconocidos, recupera una película de bajo presupuesto que nunca se comercializó y que muy pocos conocían. La razón de darla a conocer ahora es plenamente justificable, pues se trata de un ejercicio bello que vale la pena recuperar. Pero la originalidad no se encuentra en el Frankenweenie actual, que como un juego puede ser agradable pero la perturbación y el destello que produjo la primera versión y que contiene el sentido que Burton ha prodigado a lo largo de sus películas parece disipado y solamente enunciado en el presente filme. Aun así no deja de ser divertida y locuaz, no se está ante el mejor Burton, pero no deja de ser él.

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