Cultura

¡Fue horrible! ¡Fue horrible!

Por: Juan José Lara Ovando

Cuando el personaje y la historia de una película proceden de la televisión enfrentan la dificultad de tener que distanciarse de ellos para crear algo propio, pero cuando la idea de la película es hacer algo semejante a lo que se hace en la televisión el producto está destinado al fracaso artístico. Por supuesto, eso no quiere decir que dicho fracaso también tenga que ser económico, esa relación no es directamente proporcional. Artísticamente la obra carece de creatividad y seguramente de objetividad, pero económicamente debe estar recuperando un éxito de la pantalla chica y por lo tanto puede ser factible su éxito.

Eso sucede con Eugenio Derbez y su película No se aceptan devoluciones en la que se encuentran todos los elementos que se pueden esperar de dicho comediante: una historia previsible, unos toques de melodrama, utilización del humor ya probado, cierto sentido de ingenio que debe resaltar sobre lo esperado y mucha agilidad en su narración. Desde luego porque se puede esperar a Derbez en su mejor momento, en su madurez como actor y humorista, prácticamente como la estrella del canal de las estrellas, que es además la distribuidora de la película a través de Videocine y, por supuesto, la principal agencia publicitaria porque lo promocionan por todos lados.

El resultado está a la vista, la película se puede convertir en la cinta más taquillera del cine mexicano o acercarse a ello (recordemos que ese título lo acaba de ganar Nosotros los Nobles de Gary Alazraky hará apenas cuatro meses) pero ¿es realmente tan buena película, qué merezca ese reconocimiento? Sin dudarlo mucho, me parece que al filme de los Nobles no lo supera y a otros títulos, no taquilleros, pero con reconocimiento internacional como Heli (Escalante, 12) tampoco. Lo que no quiere decir que sea una mala película pero sí que está centrada en él y en el perfil que encarna en la televisión.

Eugenio Derbez es uno de los mejores comediantes televisivos de las últimas dos décadas. Pocos hay a su altura, probablemente “el guiri guiri”, Andrés Bustamante; “Brozo, el payaso tenebroso”, Víctor Trujillo y, Jesús Ochoa, proveniente del cine, pero hoy muy solicitado en el medio chico, que por cierto participa en un pequeño papel en No se aceptan devoluciones interpretándose a sí mismo, mostrando precisamente que el cine se debe a interpretaciones, no a remedos de los demás para originar chistes. La originalidad de Derbez ha provocado ciertos cambios en la televisión como el uso del albur o personajes poco típicos pero vistos desde una perspectiva popular, como Armando Hoyos y el Longe Moco, que en la postura de invertir de una campo y un nombre a otro encuentra una perspectiva constructiva, además de que como actor es muy riguroso, estricto con su trabajo, posiblemente por eso quiere pasar al cine, construyendo desde un sentido de creación de personaje, no trasladando el mismo al cine para no hacer lo mismo que muchos comediantes que calcan todo y sus cintas son pésimas, por ejemplo, Los polivoces.

No obstante, a pesar de que Derbez se ha preparado para su paso al cine actuando tanto en algunas películas mexicanas en papeles totalmente distintos a sus habituales, como el que realizó en La misma luna (Riggen, 07) como en filmes en Hollywood, al amparo del comediante Adam Sandler, sigue imperando en él apostarle a un público fácil, poco exigente, mediado por la pasividad del televisor e influenciado por el orden imperante ante el que siempre hay que quedar bien.

Pero no se rebela, no critica nada, sí se vuelve obsesivo, quiere hacer todo a la perfección y explota lo que mejor conoce, él mismo, su propio trabajo, ampliándolo a los distintos ámbitos que exige la dirección y le proporciona hallazgos increíbles, como dar con una niña maravillosa, que lleva la mejor actuación de la película, aun sobre él; presentar a un excelente actor que con cara de menso y sin dejar de hablar, Sammy, logra hacer reír sin hacer un gesto; lo mismo la actuación de Jesús Ochoa; trabajar como doble, concretamente como hombre de piedra para hacer las escenas peligrosas de otros entre ellos del capitán Jack Sparrow (Johnny Deep, muy bien doblado), y que este empleo sea el más peligroso del mundo sólo después de ser comerciante en Tepito y clavadista en La Quebrada; darle un tiempo preciso a las escenas, con un ritmo ágil, que mantiene; así como rodearse de los mejores recursos técnicos: los guionistas Guillermo Ríos y Leticia López Margalli, conjuntamente con él; los fotógrafos Martín Boege y Andrés León Becker (perfectos, aunque conducen una cámara al estilo gringo), la edición de Carlos Bolado (el mejor en México, hoy en día) y un reparto maravilloso, cada actor en su papel, desde su jefe gringo, hasta su amiga acapulqueña.

Aun así No se aceptan devoluciones dista de ser perfecta y ese es un problema de fondo, no de forma, en esto Derbez cumple muy bien. El director no se puede quitar nunca el estigma del melodrama, que en mucho es como el peso de su formación en la televisión, porque eso es lo que la tele recupera del cine, a pesar de querer hacer una cinematografía que lo meta a ese mundo y lo aleje de la tv. En segundo lugar, la influencia del cine ligero de Sandler se deja sentir cuando parece que no es ese propósito, se supone que Derbez está filmando una cinta de humor serio, con tinte dramático y por lo tanto con humor más complejo; en tercer lugar, no se trata de una película mexicana, aunque el personaje sea acapulqueño, casi lanchero, se hable la mayor parte en español, se haya filmado buena parte en México y se cite a La india maría y Luis Miguel, entre otros, no se dirige al público mexicano sino al televisivo o al de los mercados de Hollywood, aunque eso incluya mexicanos; en cuarto lugar, no se refiere a la vida del mexicano promedio en Estados Unidos sino al american way of life, es decir, al triunfador, al que le va bien, al que no tiene problemas, no es el mexicano existente, sino el añorado, el ideal, el inexistente y, en último lugar, tampoco se refiere al mexicano actual, el de las crisis, el que tiene problemas, porque su personaje, Valentín no los tiene para el todo es maravilloso, no hay condiciones imperantes, como en la tele. Sólo le afecta lo de él, sus miedos, que son dos: la figura paterna y el compromiso de casarse.

Por lo mismo es muy fácil su conversión a querer tanto a su hija y a perdonar a su papá, no registran ninguna complicación, lo cual sigue siendo muy de la tele. Eso sí el final es un tanto inesperado, pero ese es un recurso de forma, no de contenido, aunque con ello logra cerrar señalando que como director sí tiene recursos y puede dar giros no esperados. No es para menospreciarse No se aceptan devoluciones, finalmente es Derbez y él no tiene nada para ello, pero puede dar más, mucho más.

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