Cultura

Género: El quehacer del bello sexo, una obra para recuperar y valorar la memoria de las mujeres

Recuperar a las mujeres del pasado desde su condición material, cultural e histórica permite comprender cómo las personas actúan, deciden y hacen en el presente, subrayó Oliva Solís Hernández, autora del libro El quehacer del bello sexo, el cual tiene como fin visibilizar a las mujeres que han pasado desapercibidas por la historia oficial; el periodo que abarca específicamente es la participación de las queretanas en las Exposiciones Industriales y Universales durante el Porfiriato.

Solís Hernández, académica de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), precisa que el nombre de su obra alude al mote que recibían las mujeres en el siglo XIX. El contenido es resultado de una investigación de hace algunos años, cuyo hilo conductor es el quehacer de las mujeres y redimensionar sus labores.

“Creo que es importante hacer este redimensionamiento del trabajo, hacer una revaloración de lo que hacen las mujeres y las aportaciones que históricamente hemos hecho a la cultura y a la construcción de un patrimonio de las mujeres”. En ese sentido, manifestó que parte de lo que pretende dar a conocer son las condiciones materiales en las que las mujeres producen. Esto es importante porque en el siglo XIX muchas mujeres están dentro de casa y no perciben un ingreso por su trabajo, entonces eso las mantiene en una condición de “subordinación económica respecto del proveedor”, manifestó.

Asimismo, mencionó que en esta época la producción de las mujeres era vista como algo secundario, pero no fundamental, además de que el espacio de trabajo lo tuvieron que ganar ellas a partir de la constante lucha por sus derechos, hecho por el cual es importante cuestionarse el por qué las cosas producidas por los varones sí son dignas de ser preservadas y de ser consideradas patrimonio cultural, y las producidas por las mujeres no; es decir, en dónde queda la labor de estas mujeres.

“Las mujeres hemos sido pensadas desde una condición de inferioridad. La manera en la que se narra el papel que tuvieron las mujeres siempre es así como de adorno, como la compañía, como la tapadera, pero no se les valora en su justa dimensión. Entonces es un ejercicio que yo he intentado hacer, de recuperar a estas mujeres, pero desde una cierta condición, para que también veamos que no todas las mujeres estuvieron en las mismas condiciones”, señaló la investigadora.

Con respecto a la portada del libro, la historiadora queretana sostuvo que se trata de una fotografía tomada por Manuel María de la Llata Villagrán, en la cual retrata a sus hermanas artistas, quienes pertenecían a la élite queretana y, por ende, eran de las mujeres privilegiadas que tenían acceso a la alta cultura.

Vemos ahí a una mujer que está pintando, pero no es una mujer cualquiera, es una mujer de clase alta, que ha tenido acceso a cierta educación, que ha tenido acceso a una serie de recursos económicos que le permiten comprar el bastidor, las pinturas, los pinceles; que le permiten disponer del tiempo necesario para ponerse a pintar, porque no tiene que mortificarse por el quehacer de la casa, para eso hay otra mujer. También podemos ver lo que está mujer crea: una pintura de unos cisnes que ya no existen, pero tenemos otras que produjo que sí existen, que están formando parte de la decoración de una casa, que se conserva porque hay una vinculación de carácter emotivo: porque lo hizo mi abuela, porque lo hizo mi madre, porque lo hizo mi hermana. Pero más allá de eso no hay una valoración técnica como una obra de arte que sí ocurre en el caso de los varones.

“Esta es una invitación para que hurguemos en los roperos de la abuelita y rescatemos las cosas que ellas hacían, y las valoremos, y las exhibamos, y las presumamos, porque son el hacer del bello sexo”, finalizó.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba