Cultura

Gravedad

Por: Juan José Lara Ovando

El terror es la nada, es decir, encontrarse en la más absoluta desolación, cosa casi impensable para cualquiera en el mundo, pero en este caso, le sucede a los que no están en este mundo, al menos, en la tierra, en el planeta, sino fuera de él, a 600 kilómetros, donde reina el silencio y la oscuridad, salvo cuando la luz del sol no es obstruida por el planeta.

 

El espacio es la inmensidad, pero a la vez la soledad, ni el desierto ni el mar pueden dar esa sensación de ser un grano de polvo suelto en el universo, en lugar de lo grande, lo pequeño, la nada, lo mínimo, eso es lo que hace de la película Gravedad un juego maravilloso, referirse a la inmensidad del espacio a través de elementos mínimos. Estamos ante una película minimalista, donde no hay nada más que dos seres flotando en el espacio; tampoco hay otro escenario que la Tierra a lo lejos, o “abajo” como le llaman ellos, fuera de eso es la oscuridad, lo único que los acompaña es la estación satelital; otro elemento mínimo es la ausencia de sonido, salvo las palabras de los personajes, sólo se acompaña de una música verdaderamente incidental que sólo acompaña, no engrandece ni mucho menos emociona; la historia también es mínima no hay demasiado de que hablar, ni mayores explicaciones que dar, aunque se dan y llegamos a tener idea de quiénes son los dos personajes.

En realidad el minimalismo es aparente porque la producción es fuerte y nos presenta todos los elementos de la historia, pero eso es parte del juego, mostrar con la menor recurrencia todas las situaciones: ahí está el satélite Hubble, posteriormente los pedazos del Soyuz y más tarde la estación del satélite chino, ésta y la primera con todo e interiores, más tarde, la cápsula que se desprenderá para intentar la huida, pero todo el conjunto en sí es la nada, esa es la concepción en la que en poco tiempo queda clara la situación narrada, sin rebuscar ni esconder nada, con gran soltura nos enteramos que la Dra. Stone –Sandra Bullock, como nunca, su escena en forma de feto es magnífica– es una talentosa profesional que viaja al espacio en su primera misión y que Kowalsky –George Clooney, muy bien– es un astronauta veterano que se ocupa de su último trabajo en órbita. En una plática nos enteramos que ella es la de los problemas en su cabeza y en la Tierra, en tanto que él es el hombre experto, seductor y conocedor de la inmensidad que representa el cosmos.

La historia también es mínima: esa pareja de astronautas se encuentra a la deriva en el espacio y se las tienen que arreglar para sobrevivir, pero sobre todo para resolver la interrogante de cómo hacerle para regresar a casa. Por supuesto que esa situación se da enfrentando contratiempos como la escasez de oxígeno en sus equipos y la forma de llegar a las estaciones satelitales relativamente cercanas, además de detenerse en el exterior de ellas para poder ingresar.

Pero la dupla de actores se reduce a uno, la Dra. Stone es la que conduce toda la historia y aparece toda la película, prácticamente los 90 minutos, dándole mayor contenido dramático. El relato no consiste en por qué se quedaron ahí, sino en cómo salir de ahí y eso lleva al terror al espectador de qué va a suceder y cómo le van a hacer para salvar la situación, como si se estuviera en el lugar y se enfrentara esa situación. Esa es la maravilla que provoca Gravedad en el espectador al sumergirlo en los acontecimientos, volviéndolo títere de lo que sucede en la pantalla. Las personas se enfrentan a lo desconocido y al miedo que eso provoca: quedar abandonado en la inmensidad del espacio, que es lo mismo que la nada, no saber si se está vivo o qué sucede con uno, con su cuerpo, con todo lo que ha sido suyo, hasta los recuerdos, como si hubiera otra muerte más inmensa y solitaria que la misma muerte.

A eso se debe que los espectadores se retuerzan de desesperación en la butaca y suden, lloren, se pongan nerviosos y al finalizar puedan sentir de manera encontrada la sensación de alegría como la de pesadez y asco. Eso es cine puro, manejar las emociones de los demás, convertirse en lo mismo que se ve, como volver a los inicios del cine cuando los espectadores se metían debajo de la butaca porque el tren al llegar a la estación, en la película de los Lumiére los podía arrollar, o cuando se podían apasionar de llegar a la luna en la aventura de Meliés.

En Gravedad no se trata de contar una historia (si la chatarra espacial choca con su satélite y los deja a la deriva) sino de resolverla, en la que los obstáculos y el final parecen corresponderle a los espectadores tanto como al cineasta. Esa labor se la debemos al director mexicano, asentado en Hollywood, Alfonso Cuarón, en su séptimo largometraje (Solo con tu pareja, 91; La princesita, 95; Y tu mamá también, 01, Niños del hombre, 06) es el creador tanto de la idea como de llevarla a cabo porque es el guionista (junto con su hijo Jonás) y el director. Y muestra una vez más que sabe de cine y que puede ser genial, pues muy pocas películas pueden lograr resultados como esta, de introducir al espectador y conducirlo hasta una resolución. Un trabajo excelente que la crítica le ha reconocido y que está maravillando donde se presenta, además estar perfectamente bien hecho, con excelente diseño de producción; magníficos efectos (la explosión es como una gran mariposa espacial, la Tierra inmensa y bella, la pequeñez del satélite resalta y la inmensidad no deja de impresionar). En mucho se puede considerar una película visual, aunque en realidad supera eso, que se agiganta con la fotografía del también fotógrafo mexicano Emmanuel Lubezki (cinco veces nominado al Oscar, ojala lo sea nuevamente, pues tiene aquí oportunidad de llevárselo).

 

Gravedad no es propiamente una película de ciencia ficción, aunque indudablemente raye en ello. Es una película del espacio, eso la define más, como en alguna ocasión sucedió con Solaris (Tarkovsky, 72) con la que está hermanada, al igual que con 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 68), pero salvo las similitudes, Gravedad va a pervivir con plena independencia. No se la pierda, una excelente película.

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