Cultura

Hasta luego, Carlos

Por José Rodrigo Espino Mendoza

Carlos Fuentes, el grande, el panameño, el mexicano, el irreverente, Artemio Cruz, Aura, el escritor… todo se ha ido.

La noticia le duele a México; pesa, enchina la piel, arde; a unos entristece a otros alivia. Y quién iba a decir que dentro de ese cuerpo firme y lúcido, había carne pútrida, infame, falaz. Se nos fue Carlos.

Ahora te hablo a ti Carlos Fuentes. Te hablo como nunca lo hice, ahora que me puedes leer. Las noticias hablan de ti como si ya no existieras más, te mencionan en todos lados, todos te conocen, todos te reclaman, ¡por qué te fuiste Carlos!, ¿es que acaso no soportaste los 49 de Cadereyta?

No te imaginas la manera en la que recibí tu noticia, igual que Monsiváis, igual que Dehesa, que Carrington. No pude quedarme quieto, me vinieron tantas preguntas, tantas dudas; como cuando estás cruzando al mundo de los sueños y escuchas lo que sucedió en el día.

Se están yendo los grandes, pensé. Libraste muchas peleas, siempre saliste victorioso, le ganaste a las letras, ésas que son tan traicioneras, las domaste, las hiciste tuyas, las moldeaste a tu antojo. “El olor de la humedad, de las plantas podridas, te envolverá mientras marcas tus pasos, primero sobre las baldosas de piedra, enseguida sobre esa madera crujiente, fofa por la humedad y el encierro”, escribías.

Te fuiste a la mitad de una pelea, dijeron, contra el niño bonito, te fuiste casi victorioso, estuviste a un round para el knockout. Pero eso ya no importa, Carlos, ahora Bellas Artes te llora, contémplate desde lo alto, mientras te recargas en el fino mármol rosa y blanco. Míralos como niños huérfanos, mira como gimen en secreto, se quedan solos, los dejas llorando.

Anda ve a leerle Aura a tu tocayo Abascal, al oído. Arma la bohemia con Monsi, tu amigo. Llévale mi libro para que le haga el prólogo. A Germán Dehesa, dale una carta de náufrago, dile que acá los Pumas siguen sin ganar. Y no te olvides de Leonora, pinche muerte inoportuna, se la llevó justo cuando el surrealismo nos alcanzó.

Así son las cosas con tu partida, Carlos, así nos dejas con lo mejor de ti, pero sesgados, sin tu crítica, sin tu presencia. Ya vendrán más, ya nos tocará tú silla, de eso nos encargamos los que aquí nos quedamos.

P.D. No te vayas a llevar pronto a Gabo, acá nos hace falta todavía.

 

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