Cultura

Homo homini edit

Por Rodrigo Castañeda

“I am legend” : Robert Neville

Éste es el final. Escucho al otro lado de la puerta los cientos de manos que la golpean o la arañan. Es lo único que me separa de ellos. Me resulta gracioso pensar, aunque no sé por qué, que un pedazo de manera sea todo lo que me separa de la muerte —si tan sólo fuera verdad que la muerte llegará— sin embargo sé que habrá un momento en que la puerta tendrá que ceder, son muchas manos, cientos, todas a destiempo un trozo de madera, mi tabla de salvación, pero no sé cuánto tiempo pueda durar, serán minutos, horas, tal vez un día, tal vez sólo un instante antes de que la vida misma termine de golpe envuelta en un volar de astillas, en un desgarrar de dientes.

Aquí adentro la vida, probablemente lo último que queda de ella. Afuera, la horda, la legión, los muertos que han regresado a la vida y que ahora deambulan por las calles, por los centros comerciales y los cines y los restaurantes, y por todos los lugares que alguna vez fueron nuestros, de los humanos, porque lo que está afuera no es humano. O tal vez sí lo sea, tal vez ésa es nuestra verdadera naturaleza, depredadora. Cuánta razón tenía mi abuelo cuando decía Canis Canem Edit.

Muchos no creyeron que sucedería. Para ellos que los cadáveres se levantaran y decidieran alimentarse de los vivos era un cuento, historias para asustar a los niños o que se usaban como pretexto para pasar el brazo por encima del hombro de la muchacha bonita y consolarla. Algunos incluso se enojaban ante la simple mención de la palabra que, en estos momentos, resulta tan natural y tangible: zombi.

“¿Qué es eso de zombi?” decían algunos con sorna en la voz, los mismos que hoy han sido devorados, o que se sumaron a las huestes infernales que hoy tocan a mi puerta ¿los escuchan, escuchan como llaman a mi puerta? –La sutileza fue lo único que permaneció muerto– incluso pude ver algunos de ellos allá afuera, cuando venía para acá corriendo, tratando de encontrar un refugio, mi último refugio.

¿Qué es eso de zombi? De mucho les va a servir ahora la información. Seguramente ahora es el momento para discutir si los cadáveres reanimados provienen del vudú o son producto de alguna enfermedad extraña. Recuerdo que alguien, en algún momento, dijo que los zombis del vudú son otros, son los que están vivos pero actúan como muertos a causa de una droga o de la magia negra; si es así éste no es el caso. Afuera sólo hay personas muertas, lo sé porque yo mismo los he visto levantarse en el anfiteatro de la escuela de medicina, y estaban muertos antes, créanme, nunca he diseccionado un catatónico.

Tampoco éste es el caso de Felicia-Felix Mentor, que presentará alguna vez Zora Neale, o los efectos de la tetrodotoxina relatados por Wade Davis en La Serpiente y el Arcoíris. Tal vez pudiera ser una plaga, se comporta de la misma manera, se contagia, se extiende al poco tiempo. Es entonces una epidemia, no, no una epidemia, es la pandemia de los muertos vivientes.

Las cosas que hace uno antes de morir. Los muertos vivientes tocan a mi puerta y yo busco en el diccionario la palabra zombi. No cabe duda que estar cara a cara con el fin hace que nos comportemos de manera extraña. Acá está:

Zombi: voz de origen africano. 1. M. Persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad.

Es curioso. La RAE no admite la idea de que sean muertos que han vuelto a la vida, pero no tiene ningún problema en aceptar la brujería. Creo que la negación también puede ser una epidemia.

Pero no todos lo negaron. Recuerdo los años 60, las películas de George Romero o los 28 días después. O antes El último hombre sobre la tierra con Vincent Price; visiones sobre lo que iba a suceder, sobre el Apocalipsis zombi. Los mayas nunca predijeron esto, fue la cultura popular, la idea de que el cuerpo puede sobrevivir sin el alma –horror– y deambular sin que podamos ejercer control alguno sobre él. ¿Es eso lo que me espera, el perder toda capacidad de decidir y entregarme a un frenesí impulsado por la gula de devorar carne humana, de engullir sesos? Tal vez por eso les gustan tanto los cerebros, porque están convencidos en su primitiva lógica unicelular que eso les dará control sobre sus actos otra vez.

Este cuarto no tiene salida. Ya he movido todo: los libreros, los estantes de tiliches que aquí se almacenaban, todo y no hay por dónde escapar. No hay ventanas ni ductos como en las películas. Escucho la madera crujir. Falta poco. No me gusta perder así, y digo perder porque no estoy seguro de que me espere la muerte, tal vez sea eso lo que más me aterra, el saber que mi cuerpo no obtendrá su descanso eterno. Quisiera no haber visto las cosas que he visto en los últimos días, cuando me di cuenta que los zombis, perdón, los muertos que andan, no son lo peor que puede pasar en esta situación, sino que somos nosotros mismos los que nos traicionamos, los que por buscar vivir a toda costa nos vamos quedando solos ¿qué no se nos puede ocurrir que la sobrevivencia está en los números? Ellos son sólo cadáveres; sin embargo se mueven como un solo ser.

La puerta se ha roto. Puedo ver las caras, los rostros desfigurados, las entrañas que cuelgan de algunos de ellos. Falta poco para que la barrera que los mantenía lejos de mi se vuelva sólo un recuerdo y ese recuerdo desaparezca a los pocos instantes. ¿Escucharé el crujir de mis huesos y el desgarrar de mi carne? Falté a la única regla importante de Max Brooks: “mantenerse en movimiento, mantenerse en silencio, mantenerse alerta”. No había lugar para errores y yo me equivoque.

Cientos de manos me jalan en todas direcciones. Siento los dientes que se hunden en mí. Pronto será uno de ellos, sin voluntad, sin vida. Éste es el fin.

 

Twitter. @drniebla

 

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