Cultura

Honoré de Balzac

Por: Vladimir López Escobedo

Este lunes 18 de agosto se cumplen 164 años del fallecimiento de Honoré de Balzac, aquel “romántico hasta la médula en sus procedimientos y en su estilo, pero al mismo tiempo observador implacable y anatómico feroz de la bestia humana, levanta la cabeza de la novela realista, para sobreponerse en breve plazo de la novela romántica”, así lo describe Menéndez Pelayo.

A Balzac lo descubrí cuando tenía 17 años, en la biblioteca de la preparatoria; la primera novela que leí de él fue El médico de aldea. Después de haber leído por primera vez a Balzac, comprendí que los libros guían a través de la vida, siempre tienen la manera de decirnos algo nuevo, que el mundo está hecho por Hamblets y Otelos, de Annas Kareninas y pequeños Don Quijotes. Después vino Eugenia Grandet, donde aprecié el carácter omnipresente de su narración inconmensurable, del poder y belleza de sus palabras.

Balzac es el “canon de la novela realista”, como lo afirma Leonardo Romero. Sus libros Papá Gorit, La comedia humana y La piel de Zapa son el reflejo del conocimiento de la vida que tenía el autor, porque “dibujó a los personajes y los caracteres con una precisión extraordinaria; a pesar de que estaba a favor de un orden social burgués, en sus novelas describió la naturaleza baja y vulgar de la pequeña burguesía con asombrosa y despiadada claridad”, como le describió en su tiempo Máximo Gorki.

Francia en el siglo XIX no sólo era la vanguardia en literatura, sino que era la luz que guiaba al mundo, la misma luz que condujo a Dante, siglos atrás, al paraíso. Los franceses tenían la destreza de manejar las letras, al igual que Rubens lo hacía con los pinceles y el óleo que descansaba sobre el caballete. Poseen la habilidad para la creación de diálogos, con un conocimiento y manejo del lenguaje que los convierte en maestros del arte de las palabras.

Según Vladimir Propp, todas las obras artísticas son proyecciones del desarrollo tecnológico de la sociedad, de su grado de cultura. Esto lo hace Balzac: pintar mediante palabras a la gente, hace que sus discursos vivan, que sus libros parezcan hechos al óleo; él perteneció y describió a las prácticas sociales de su época, siendo siempre crítico de sus vicios y virtudes.

Apenas comencé a leer los libros de Balzac, no pude hacer pausa hasta concluirlos; fue su capacidad para la descripción de eventos cotidianos la que me demostró que no sólo se le da vida a las palabras, sino que puedes trasladarte y sufrir la codicia del señor Grendet y el amor por la vida del médico Benassis.

Leer a los clásicos, como Balzac, implica una enseñanza que no daría ni la mejor de las universidades. Es, en resumen, una literatura revolucionaria, porque despierta en el alma un sentimiento incomprensible, hace sentir el derecho de también crear algo. A grandes pasos fue creciendo mi gusto por Balzac y el realismo crítico, que hace nacer en mí un respeto hacia todos los seres humanos; me enseñó, junto con los libros, a conocer el mundo, a conocer “la fuerza creadora del hombre”.

Balzac -comentó Lev Tolstoi a Gorki- , “del cual aprendieron a escribir todos, junto con Stendhal, Flaubert y Maupassant: saben escribir, tienen asombrosamente desarrollado el sentido de la forma y la facultad de concentrar el contenido. Junto a ellos se puede poner sólo a Dickens y posiblemente a Thackeray”.

Por realismo entiendo la descripción verídica de las personas y sus condiciones de existencia, sin embellecer a éstas o a aquéllas, con una función de catarsis, con carácter crítico y de una naturaleza desalienante. El romanticismo puede ser comprendido, según Gorki, en dos tendencias: la pasiva y la activa; la primera procura embellecer la realidad para conciliar al hombre con ésta, y la segunda se esfuerza por fortalecer la voluntad de vivir del hombre, a grosso modo.

Sin embargo, no se puede catalogar a Balzac en una sola de estas corrientes estéticas, porque fue un realista filoso, pero también escribió novelas alejadas de la realidad, como La piel de Zapa, la cual parece más un cuento mágico. Es decir, es el lector -con palabras de Romero Tobar- “con su sentido crítico, el que puede construir y dar sentido en su lectura a este edificio de citas posibles”.

Balzac ligó sus obras al movimiento progresista de la sociedad, demostró ser un artista libre, en términos de Adolfo Sánchez Vázquez, porque demostró “lo nefasto que es la dependencia del arte con respecto a las clases explotadoras”. Él contribuyó a que el realismo, que inició con Cervantes y Shakespeare, alcanzara su expresión más acabada.

Recomiendo ampliamente leer a Honoré de Balzac, pero no encapsular su lectura para un día luctuoso, sino devorar las páginas que denuncian los vicios de las sociedades feudal y burguesa; conocer las ideas que fueron formando un espíritu crítico, en la afirmación de los ideales sociales democráticos de la humanidad, con palabras sencillas y claras. Él dijo “la vida de los ociosos es la única que cuesta cara, hasta puede constituir un robo social consumir sin producir nada”.

Utilizado las palabras del Sub Marcos, “¡Este sí era un chingón para escribir! ¡Pinta con las palabras!”. Estas palabras las ocupó para calificar a García Lorca, otro finado un trágico 18 de agosto.

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