Cultura

Juan Pérez Jolote

Por: Juan José Lara Ovando

A Toño Flores, sociólogo y promotor del desarrollo comunitario que hoy impulsa estas disciplinas en el campus Amealco.

Uno de los relatos literarios más importantes de las letras nacionales es la etnografía de un indio tzotzil (chamula), llamado Juan Pérez Jolote. Fue publicado en 1952 y a partir de ahí se ha reeditado y reimpreso en varias ocasiones, de igual forma se ha traducido a más de 20 lenguas, por lo que es posible que los polacos, chinos, franceses e hindúes lo puedan leer en su lengua, en sus países.

 

El autor de este relato, Ricardo Pozas Arciniega, fue un reconocido antropólogo, de origen queretano, autor de afamados libros de su disciplina como Los indios en las clases sociales de México; Chamula, un pueblo indio de los Altos de Chiapas; El desarrollo de la comunidad y, Guía metodológica para la investigación de campo participativa en ciencias sociales, entre muchas otras publicaciones.

Ricardo Pozas nació en Amealco, fue maestro rural, trabajo en escuelas de comunidades de Cadereyta y Ezequiel Montes, pero se rebeló a las impositivas políticas educativas y agrarias que impuso el Gobierno Estatal de Noradino Rubio y tuvo que huir del estado, al que ya no regresaría sino varias décadas después, ya grande y debido a eso no realizó estudios en el estado.

No obstante su importancia es nacional en los campos de la antropología y la sociología, en los que obtuvo los más merecidos reconocimientos, entre los cuales el gobierno de Querétaro lo homenajeó en los ochenta, siendo gobernador Mariano Palacios, y la UAQ a través de la entonces carrera de Sociología, dirigida por Carlos Dorantes. Incluso en la segunda mitad de los noventa, un grupo de universitarios de ciencias sociales entre los que se encontraban profesores como Francisco Ríos y Yolanda Correa y estudiantes como Antonio Flores y Karla Vázquez, hoy profesores, hicieron una protesta pública para que la biblioteca central de la UAQ, que acababa de recibir el nombre de un empresario que otorgó apoyo económico para la remodelación de ese inmueble, se cambiara por el de un científico queretano que le daría mayor relevancia, proponían fuera el de Ricardo Pozas. En años recientes el Fondo de Cultura Económica ha dado su nombre a su librería en Querétaro y la semana pasada se inauguró el aula de Desarrollo Comunitario en Amealco con su nombre, al festejar el centenario de su nacimiento.

Juan Pérez Jolote ha sido adaptado al teatro y al cine. En teatro fue interpretado por Ignacio López Tarso en los años sesenta y por Salvador Sánchez en los setenta. Al cine lo adaptó y dirigió Archibaldo Burns en 1975, filmada en parajes de San Juan Chamula, interpretada por un líder indigenista, acompañado por chamulas locales. El filme representó a México ese año en el Festival de Cannes, donde llamó la atención por el mundo que reflejaba. Quedó muy lejos de los premios, aunque en San Sebastián sí consiguió un galardón.

La película no alcanzó mucha repercusión y fue un fracaso en taquilla pues su temática etnográfica resultaba extraña y la falta de actores comerciales no atrajo, era considerada como un documental. Aun así, mantiene mucho paralelismo con el libro, principalmente por la ambientación en Los Altos de Chiapas. Mas el contenido expositivo como los actores no profesionales le restaron ritmo a un guión muy recortado y un tanto insípido que el director no logró concretar a pesar de su rigor academicista y literario. La película resultó muy parca para referir los avatares de un indígena en plena revolución mexicana para capturar el miedo al padre castigador; su inicio a la vida sexual, su casamiento y su vida política local, hasta acabar consumido en el alcohol.

La versión cinematográfica no le hace mucho mérito al relato literario que es enormemente más vigoroso, profundo y grato, pues la vivacidad del lenguaje (casi todo en tzotzil) es alegre y despierto. La película se queda corta respecto la riqueza del texto, incluso cuando el director era un férreo defensor de la historia, que seguramente le gustaba, pues entre sus únicos cuatro largometrajes, filmó otros dos procedentes de la literatura, de dos grandes escritoras: Rosario Castellanos y Elena Garro: Oficio de tinieblas (81), también ubicada y filmada en Chiapas, y Juego de mentiras (67), basado en la obra de teatro El árbol, respectivamente.

Los años setenta fueron muy afectos a un cine de fuerte repercusión y problemática social en los que los temas rurales eran muy comunes, pero aun así Juan Pérez Jolote se quedó rebasada por la literatura sobre el teatro y el cine. Si bien se realizó en ese entonces mucho cine etnográfico por parte del INI, con mucha seriedad, impacto y excelente realización, Juan Pérez Jolote no pierde por su vocación etnográfica sino por el sentido de ficción que se le imprimió y resultó fallido.

Su importancia no se ha perdido y tal vez hoy que estos temas de indígenas son escasísimos haya oportunidad de rescatarla o mínimamente de verla, ojalá porque aunque no sea una joya del cine mexicano se puede revalorar mucho a casi 40 años de distancia. A falta de que pueda exhibirse en una sala de cine contamos con una copia en la Facultad de Ciencias Políticas de la UAQ, donde, por cierto, se proyectará el miércoles 12 de septiembre la película Tiempo real, de Fabrizio Prada, que también nos la dejó. No se pierda ninguna de las dos.

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