Cultura

Klip. Difícil ser joven

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En la película Klip, Jasna es una chica de 14 años que vive en la conurbación sórdida de Belgrado, capital de Serbia, todavía con resquicios de la guerra de persecución étnica al desintegrarse Yugoslavia; junto con sus amigos, pone kilómetros de distancia entre los problemas y sus cuerpos, a base de litros de alcohol, puñados de drogas y sexo sin tapujos a través de fiestas donde la rebeldía excede todos los límites antes de que ellos terminen de crecer en esa sociedad que los aprieta.

Al mismo tiempo, Jasna es parte de una familia triste, con un padre enfermo, incapacitado y una madre que no quiere ver la realidad cambiante de su hija. Un tío que vive en Qatar le envía un celular que se vuelve indispensable en su jornada cotidiana, pues comienza a mostrarse a sí misma y a su entorno mediante la cámara, dotando al filme de una interesante particularidad de formato, siempre vistosa, en una primera toma de contacto con el espectador. De esa forma, con la óptica de una adolescente deseosa de descubrir su identidad, catalizar sus fracturas sociales, su exploración sexual y sus mecanismos de evasión mediante las imágenes del celular, va haciendo “klip” por todas partes.

 

En esta ópera prima, la joven directora Maja Milos pretende focalizar en Jasna una doble problemática; por una parte, las obsesiones inherentes a todo adolescente: la violencia, el amor, la libido, el placer, el dolor y el autodescubrimiento; al mismo, quiere reflejar la inestabilidad social y el desamparo en el que vive una gran parte de jóvenes de Europa del Este. Intentando captar un naturalismo más directo, la directora otorgó libertad de improvisación a los actores en la recreación de las secuencias violentas e íntimas, en las que se indica que no participaron menores en las recreaciones sexuales explícitas -ya que la mayoría de los actores todavía lo son, entre ellas la intérprete de Jasna, Isidora Simijonovic-. Filmar así llevó a que la película tardará dos años en realizarse, pero su proyección en el Festival de Rotterdam le hizo obtener el primer premio.

 

El realismo extremo hace de Klip una obra de intenciones documentales con base ficcional y lenguaje informal, rozando en varios tramos, y sin necesidad, una vulgaridad pasmosa. Jasna acude a fiestas donde bebe y consume drogas, sacia sus impulsos sexuales y presencia peleas, vomitonas y coqueteos. Su relación con un compañero de escuela mayor edad, muestra con minuciosidad un peligroso camino de destrucción emocional, servilismo sexual rayano a la vejación y valores machistas anquilosados. La autoestima adolescente, muchas veces baja, tan dependiente de la opinión ajena y de los clichés sociales se percibe en Jasna a través de su conducta sexual y su hambre de afecto, compasión y contacto emocional, muchas veces convertido en rechazo y desprecio.

 

El hecho de ser tan profundamente explícita y descriptiva generó controversia, y en esa Europa exsocialista fue censurada por la crudeza de sus imágenes, pero Klip es un filme con escenas explícitas de manera justificada, y si bien esta trama debe servirse de momentos sexuales que muestren la realidad de la protagonista, algunos de los planos posiblemente están hechos así en la búsqueda de una provocación que levante polémica y le brinde espectacularidad. Lo mejor de Klip es, sin duda, su entretenido formato visual, su formulación de preguntas, su valentía y su consigna de no cerrar los ojos a la crudeza, la brutalidad y la crisis de valores que sumerge a muchos jóvenes de esos países europeos marginales (aunque tal vez, no sólo a ellos), que llenan sus vacíos existenciales con violencia y caos emocional.

 

La rapidez de diálogo y las atmósferas decadentes en las que se mueven los protagonistas provocan que la atención del espectador no decaiga a lo largo de la hora y media de largometraje. Algo que parece raro, pero tal vez así va comportándose la juventud ahora, es la construcción arquetípica de sus personajes, que lejos de contar con unos buenos cimientos resultan a veces frívolos y absurdos, ególatras y mal encarados. Pese a ello -y por las reminiscencias a otros filmes independientes de mayor categoría y mismo carácter de advertencia, como aquella brillante Kids de Larry Clark (1995), que abordaba el conflicto de las drogas y el SIDA- merece la pena atreverse a ver Klip y meternos de lleno en la vida problemática de los jóvenes marginales del siglo XXI.

 

A un par de semanas de haber comentado Ninfomaniac, debemos señalar la semejanza con Klip por sus escenas sexuales; sin embargo, a diferencia de aquella, en Klip no se crea un personaje que nos diga e interprete lo que tenemos que sentir en cada secuencia; tampoco se pretende deslumbrar con efectos visuales. La apuesta es narrativa y, además, a través de los celulares, con los que documentan su propia existencia a través de selfies. Además, no se usa el sexo para desarrollar teorías del mundo, sino que la directora se limita a dejarnos mirar, lo que resulta contundente y, por supuesto, conmovedor e inverosímil. Seguramente, cuando esté leyendo este comentario, la película ya habrá sido retirada de la cartelera, pero la encuentra en internet, por lo que tiene una enorme oportunidad de verla, no se la pierda.

 

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