Cultura

La antropología, el cambio idóneo para defender nuestra soberanía intelectual

Hay que mancharla de mercado laboral.

La investigación en Antropología es el camino idóneo para defender la más cara de todas nuestras soberanías: la soberanía intelectual, tan necesaria en un periodo de globalización, el cual pretende transculturizar cada vez más nuestras sociedades en aras de la homologación de los mercados y por ende de los productos, en el contexto de esa cultura de consumo que aplasta las identidades nacionales, la Antropología puede posibilitar desde la ciencia y la investigación hasta el desarrollo del potencial intelectual de nuestra comunidad, para hacer frente a los embates de la publicidad y la mercadotecnia mundial en contra de nuestra calidad y estilo de vida.

Así como de vital importancia es también la investigación científica en estas áreas, ya que sólo ella puede generar desarrollo auténticamente nacional.

La aportación humilde que puede hacer la Antropología del Trabajo puede demostrar la influencia y utilidad de las ciencias en la mejor calidad de vida de los queretanos.

Sin embargo tenemos que partir de lo que hay en nuestro país, según datos publicados en el periódico de La Jornada del 23 de marzo de 1997 se apunta que de cada mil habitantes solo cuatro hacemos estudios de posgrado y no hay políticas claras para promover esta cifra, más adelante señala que: “en marco de las discusiones de la reunión anual de la Sociedad de Educación Internacional Comparada hubo un fuerte cuestionamiento a los estudios de posgrado que se imparten en México ante los retos que enfrenta el país: la globalización de la economía, la competencia comercial, una tercera revolución científico-tecnológica y la exigencia del respeto a los derechos humanos y a los recursos naturales”.

Además, se acusa en la ponencia (citada en la misma nota) de Panorama y estudios de posgrado en México que: “a los estudios de posgrado en México se les ha dado el enfoque academicista y cientificista en menosprecio de su papel en el sector productivo y de servicios”. Para lo cual continúan señalando que: “Aunque crece el número de investigadores y científicos, aunque aumenta la calidad y el prestigio de sus contribuciones y productos, se sabe sin embargo que los requerimientos del sector productivo son enormes y van en aumento, de modo que los diagnósticos oficiales describen el sistema nacional de ciencia y tecnología como insuficiente, inconexo y limitado”.

Agregaríamos que del sector productivo saldrían las fuentes de trabajo y los recursos para el desarrollo de esta temática de la Antropología.

A lo largo y ancho del siglo XX la Antropología ha tenido múltiples caminos para andar, es la disciplina científica que ha abierto más su objeto de estudio, es decir ha incursionado prácticamente en todos los campos del conocimiento humano, ha tenido que ver con la biología, la sociología, la lingüística, la psicología, la geografía, las ciencias políticas. la economía. etc. a tal grado llega la magnitud de dicho fenómeno que podemos citar a Chang “Antropólogo General, aquel que se sentiría cómodo en todos los dominios, habrá de ser considerado en lo sucesivo un héroe mítico, puesto que ya no se encuentra rastro de él en la actualidad”.

Es el momento de manchar la Antropología de mercado laboral, sin falsos pudores; buscar e incluso provocar que el Antropólogo sea útil en áreas en donde ha sido ignorado. Los Antropólogos son necesarios en muchas partes donde ni siquiera han pisado tierra, éste puede ser un terreno fértil y virgen de la práctica del profesional de la Antropología.

Aquí quisiéramos poner como muestra nuestro propio trabajo en Querétaro, hablar con dignidad de nuestras actividades como profesionales de la Antropología en algunas organizaciones humanas; en lo particular hablaremos del ámbito laboral. Entendiendo por esto a todo aquello que pueda enmarcar aquel conocimiento o saber que es propio de la antropología y que pueda servir para mejorar continuamente el estado de una organización humana ya sea ésta una institución con fines productivos o de servicios.

El antropólogo puede usar sus instrumentos teóricos etnográficos y de análisis para comprender mejor una organización humana, partiendo de dichos enfoques, de una privilegiada visión holística; generar desde ahí una serie de cambios en la organización, los cuales se pretende sean útiles al mejoramiento de las relaciones laborales entre los trabajadores y los administradores (de la institución que está fungiendo como el objeto de estudio del antropólogo). Sin embargo, los responsables de dichos cambios serán siempre los actores de la relación laboral, ya que el académico puede ayudar a ver el problema y a sugerir soluciones, pero en última instancia la responsabilidad de actuar los cambios, caen entre ambos grupos de personas.

Este trabajo de la Antropología es relativamente nuevo y se enfrenta con la particularidad de estar abordando ámbitos que eran de la competencia de la administración y algunas ciencias formales como la ingeniería industrial, en muchas ocasiones pudimos constatar que los responsables y los asesores en recursos humanos son personas con formación dentro de estas áreas y con muy pobres elementos de las ciencias sociales, por lo que aquí el aporte que se hace desde la antropología del trabajo resulta mucho más enriquecedor e innovador. Aquí cabe citar el libro Las Nuevas Ciencias Sociales, la marginalidad creadora, en donde los autores apuntan:

“El progreso científico se realiza en círculos que no comparten el mismo centro, fenómeno certificado por la Historia de la ciencia, donde la nueva frontera aparece como fuente de innovación creadora” Dogan y Pahre.

Queda mucho por hacer, sobre todo si consideramos los datos citados en el periódico Reforma de este lunes 14 de abril de 1997 en donde en un artículo especial titulado La ciencia en un embudo, se señala que: “en el último cuarto de siglo el gobierno becó a 92 mil mexicanos que aspiraban a convertirse en científicos, sin embargo, un embudo más político que académico cerró el paso al 94 de cada cien de ellos”. Ahí mismo se señala que el Sistema Nacional de Investigadores cuenta con 5 mil 500 integrantes contra los datos que proporcionan Dogan y Pahre en su libro arriba citado sobre las nuevas ciencias sociales, en donde señalan que: “En EUA existen 150,000 profesores de ciencias sociales que trabajan en el primer nivel de educación universitaria, es decir entre 10,000 y 50,000 para cada disciplina… A dicha cantidad se le puede agregar 30,000 que laboran en Japón y 20,000 en Alemania y un número equivalente en Gran Bretaña y Francia”. Agregaríamos de la nota periodística del Reforma 14 de abril de 1997, lo señalado por el Doctor en Ingeniería Luis Esteva Maraboto: “Hay pocos investigadores, el número total de investigadores mexicanos es excesivamente bajo para un país que pretende crear una industria competitiva en una economía abierta”.

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