Cultura

La gigante egoísta, la Muestra 56

Por: Juan José Lara Ovando

Cada año escribo al menos un artículo sobre la Muestra Internacional de Cine, desde luego, en una edición distinta. En este año lo haré por tercera ocasión, pues apenas entre febrero y marzo escribí dos artículos de la anterior, pero sucede que ahora hay dos muestras al año (lo que ya ha sucedido previamente, sexenios de López Portillo y de Fox), por eso me encuentro comentando nuevamente la Muestra, que llega a su edición 56 en 43 años; inició en noviembre de 1971.

El cine que viene en la Muestra es el más representativo del mundo, exhibido en festivales internacionales cada año; posiblemente no sea siempre lo mejor, pero indudablemente estamos ante lo más interesante que quieren mostrar los directores del orbe. En este caso, hemos dado el título de un cuento clásico de Oscar Wilde al presente artículo, en honor tanto a una película así denominada que se incluye en el ciclo, como por la enormidad de la película, que vale la pena destacarla (rinde homenaje al escritor, ya que no es una adaptación), aunque realmente todas son destacables, lo que confirma la importancia de este evento que, además, por primera ocasión fue de entrada libre.

En Querétaro, la Muestra 56 incluyó siete películas, la mitad del ciclo completo que se exhibió en la Ciudad de México, pero aun así, constituyen un festín. De ellas, al momento de cerrar este comentario solamente vimos cinco, por lo que las dos restantes simplemente las señalaremos. El ciclo se integró por: Polissia (Mäiwen, Francia, 11); Tom en el granero (Dolan, Canadá, 13); Historias de caballos y de hombres (Berlingsson, Islandia, 13); El gigante egoísta (Barnard, Reino Unido, 13); Un toque de pecado (Zhangke, China, 13); ¡Qué extraño llamarse Federico! (Scola, Italia, 13) y Vamos a jugar al infierno (Sono, Japón, 13).

He de señalar que lo que pretenden estas películas es presentar problemas de sus países de origen y analizarlos a la luz del diálogo que pueda abrir con los espectadores, a diferencia de los filmes norteamericanos que comúnmente vemos en los cines comerciales, cuya intención es divertir. Por supuesto que el espectador también puede llegar a divertirse con estas cintas, pero no es ese su objetivo central, por eso estamos frente a problemáticas del Departamento de Policía de París, en su sección de delitos a menores, situados ante problemas de pederastia, acoso sexual y prostitución; o de un homosexual que va al funeral de su pareja, en su pueblo, y se encuentra con que la familia no sabe que éste era gay, así que se ve obligado a no mencionarlo para no desilusionar a su madre; o la vida bucólica en un frío pueblo islandés en dónde los caballos son parte de la vida diaria de las personas, al grado de que pueden ubicarse paralelismos y aventuras entre ellos; todavía más, observar a los chicos pobres que desertan de la escuela en Inglaterra (sí, no dije Oaxaca) para ayudar a sus padres a pagar la comida de su enorme cantidad de hermanos; y los episodios violentos que provoca el individualismo creciente en una sociedad que fue colectivista pero hoy está sumida en un capitalismo feroz.

Esa es la síntesis de las películas de la Muestra, que también puede sonar apabullante, pero en realidad es sorprendente porque, aunque crudas, son -al mismo tiempo- muy bellas, lo que indica que sus reflexiones son realistas pero poéticas; de modo que puede costar sostener la mirada ante escenas crueles como la intimidación homofóbica del hermano del muerto al homosexual en Tom en el granero, o la explotación que viven los niños para conseguir chatarra y cables robados para ganar dinero llevándoselo al egoísta comprador en El gigante egoísta; entre otros ejemplos, todos ellos son superables ante la impecable belleza de las escenas que muestran a profundidad las condiciones deprimentes de vida.

Polissia es una cinta fuerte aunque logra reproducir con gran fidelidad las pláticas de los policías de menores cuando tienen su descanso para comer respecto a lo que sucede en sus vidas con sus familias, esposas y preocupaciones. Dirigida por la también actriz francesa de origen argelino, Mäinwen, que en su cuarta cinta lleva muy bien la discusión de la pederastía como un rompecabezas que debe articularse para enfrentar el problema.

También El gigante egoísta es dirigida por una mujer, Clío Barnard -de origen norteamericano, pero de arraigo inglés- que con algunos documentales previos dirige su ópera prima con excelente resultado.

Xavier Dolan es un director prolífico que anualmente filma una película y ha llamado mucho la atención. Ahora, en su quinta película (y apenas tiene 25 años), imprime suspenso, aunque queda un tanto floja su crítica a la homofobia. Los más sorprendentes son el islandés Benedikt Erlingsson, reconocido actor de teatro de su país, ahora con su ópera prima; y el chino Jia Zhangke, ya muy reconocido en su país. Ambos logran sendas joyas, bellas y limpias. Sin exagerar, se meten -por un lado- a la relación que puede haber entre los hombres y los caballos, a través de la supuesta mirada del equino, que observa a los hombres y -por el otro- a la exasperación que domina a distintas generaciones chinas, las problemáticas de corrupción, pobreza, acoso sexual y desempleo, que no pueden generar más que odio y violencia, un pecado del desarrollo. Historias de caballos y hombres y Un toque de pecado son el punto culminante de la Muestra.

Los directores más afamados son los de las películas que cierran, que todavía no hemos visto, Ettore Scola y Shion Sono. El primero, con un largo historial, dedica su filme al gigante del cine italiano, Federico Fellini, y va exponiendo la vida del homenajeado conjuntamente con la suya; el segundo se ha introducido en el mundo de la violencia permanente de la vida moderna de su país, en este caso al de los yakuza (mafia japonesa), pero su talento para relatar genera una gran expectativa. Algunas de estas películas se proyectarán en salas comerciales, esté pendiente porque no tienen mayor promoción, ojalá no se las pierda.

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