Cultura

‘La Huella’: una mirada empática para ver la violencia

El director, utilizó el recurso de la mirada de la cámara para evitar el “alguien” y de esta manera lograr que el espectador no se distancie de la situación y al contrario sienta y experimente el horror de la violencia que se ha normalizado.

Lo que al final importa es la mirada del espectador ante una construcción narrativa repleta de simbolismos de horror y muerte. Lo que subyace es lo que la imagen trastocó en quien está frente a la pantalla. Esa sensibilidad que ha sido aturdida con miles de cifras y con cientos de muertes sin rostro. Lo que verdaderamente tiene significado es el silencio del final.

Tocar ese aspecto humano era, por así decirlo, el objetivo del cortometraje La Huella (2018) del director Carlos Andrade Montemayor. Un trabajo cinematográfico que, en palabras del propio director, “era necesario ver y una historia que debía ser contada”: Habla sobre el asesinato de periodistas en México, de la violencia suscitada en contra de los que informan, para callar las voces que denuncian y que niegan que todo está bien.

Matar al mensajero es el nuevo mensaje”, dijo Carlos Andrade, durante su visita a la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) para presentar su cortometraje. Aseguró que el nacer en un país donde las guerras han sido la constante histórica “no es una razón para vivir así”. El informar de manera digna es el deber de un periodista con la ciudadanía, incluso si esto resulta incómodo para otros, “esa no una es razón para que te maten”, no es una razón para que asesinen a alguien por hacer su trabajo.

La Huella narra, a través de escenarios conocidos, un rompecabezas que forma el espectro de la violencia: fantasma al se ha dejado de temer y que ha ocultado su cara horrorosa en cifras, en números de muertos que —como no tienen un nombre y “al menos no nos tocó a nosotros”— dejan de ser visibles, se pierden en la normalidad de uno de los tantos asesinatos que ocurren a diario en México.

En junio de este año, en la reseña Las voces de los ausentes claman justicia, se contaban 49 asesinatos de periodistas en tres años, cuatro meses después se suman Sergio, Mario, Javier Enrique, Rubén, José Guadalupe, María del Sol y Luis al grupo de Héctor, Alicia, Juan Carlos, Leobardo, José Gerardo, para ser 56 periodistas muertos por su labor: 12 periodistas en los 10 meses que lleva el año.

El cortometraje rompe con el común de mostrar un personaje en cámara; en este trabajo, quien tiene la cámara es el personaje. Al ser la cámara quien mira, convierte al espectador en una suerte de personaje empático que puede percibir las sensaciones como si se tratara de un periodista que está en la escena. Algunos han descrito sus similitudes con la vista que se tiene al participar en un videojuego.

De acuerdo al director, utilizó el recurso de la mirada de la cámara para evitar el “alguien” y de esta manera lograr que el espectador no se distancie de la situación, al contrario, sienta y experimente el horror de la violencia que se ha normalizado. “Los medios nos han enseñado a burlarnos de la muerte”, enfatizó Carlos Andrade.

“Puse la cámara en primera persona, para que quien vea sea ese alguien que está viviendo el momento en que se van descubriendo estos hechos de horror, lo que le pasa al periodista, llegar a los lugares cuando ya sucedieron las cosas (…) que al escuchar y ver los objetos él sintiera (…) para que él fuera siguiendo los pasos de esas huellas de la bestia”, explicó.

La producción de cortometraje recreó varios escenarios bastante conocidos en las planas de los periódicos: el basurero de Cocula, la bodega de Tlatlaya, un río en Guerrero, un departamento en la Ciudad de México y también se filmó en la calle de la colonia Narvarte (locación real). Con el propósito de que estas imágenes de pronto sean ignoradas por el dolor que implican, el traerlas de vuelta y filmarlas como si el espectador llegará momentos después de que ocurrieran los hechos contribuye a que la violencia no sea normal a los ojos de las personas, como suele suceder con las publicaciones de la prensa.

“Como espectador el arte te motiva, mueve cosas, te confronta contigo mismo —asegura Carlos—, pero no cambia los hechos”. Es “como la respuesta que se tiene ante ese hecho como espectador” explicó el director. Sin embargo, lo que espera el cineasta es “que el arte sirva para cambiar la perspectiva de este público, que vean las cosas desde otro lugar, a ver si eso los motiva para cambiar ellos”.

Recurso no fue suficiente

La producción de La Huella, fue beneficiada con los fondos del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), cuya solicitud de recursos requiere un año de anticipo. El dinero se acabó antes de terminar la filmación debido a la inflación, la cual no se percibe como muy alta, pero finalmente afecta un presupuesto hecho un año antes.

El director detalla que la música fue su regalo de cumpleaños por parte del creador de la banda sonora, porque no tenía cómo pagarle. Él terminó la postproducción para que el proyecto alcanzara a salir y se hicieron muchos ajustes en locaciones.

Incluso, el cineasta diseñó el poster junto a un amigo. “Y teníamos dinero, no era un corto de cuates —argumentó Andrade— era un corto que ganó un premio para hacerse y no nos alcanzaba”, externó. Carlos detalló que le hubiera gustado que no se complicaran las cosas para poder afinar algunos detalles que no terminan de convencerlo.

Del olvido al reconocimiento

La Huella, obtuvo el Premio Danzante Iberoamericano de la 46 edición del Festival Internacional de Cine de Huesca. En el Festival Internacional de Cine de Monterrey la distinguieron con la mención especial del jurado para Cortometraje Mexicano a Diseño Sonoro. También se mostró en el Festival de Cine de Ensenada y ganó el primer lugar y participó en la muestra de Short Film México.

El que ganara en Huesca fue algo que el director no se esperaba, ya que es el segundo festival más importante de cortos en el mundo. Esto contribuyó a que algunas personas en México se interesaran por el corto y llamaran al director luego de que no se le había considerado en un primer momento.

“Yo pensé que iba a ir a tres festivales (…) porque la gente, los programadores, lo veían con buenos ojos, incluso el Imcine lo promovía, ya que era un corto que querían que se viera. No lo aceptaron ni en [el Festival Internacional de Cine de] Guadalajara (FICG), [el Festival Internacional de Cine] Guanajuato (giff) o [en el Festival Internacional de Cine de] Morelia (FICM), que son los festivales importantes y más viejos de este país. No les gustó, no fue ni siquiera preseleccionado”, manifestó el cineasta y detalló que el cortometraje se comenzó a ver fuera de México, en Austin y Huesca.

Al ganar en Huesca, los tres premios Danzante entran de forma directa para la preselección de los premios Oscar. Esto contribuyó a que festivales como el Black Canvas Festival de cine contemporáneo en la Ciudad de México se interesaran por el trabajo de Carlos Andrade, luego de que ya les había compartido el corto. “No sé si en los demás festivales no me hayan querido invitar porque no les gusta que hablemos mal de México” subrayó el director de La Huella.

“No tengo ni idea de qué pasará si ganará en los Oscar. Ojalá ganara, porque al fin de cuentas se reconocería el trabajo desde otro lado”, comenta el director respecto de la posibilidad de que La Huella llegará a la selección final de los premios más conocidos de la industria de Hollywood.

Cineastas jóvenes, con suerte

Carlos Alberto Andrade Montemayor se dedicó por muchos años a actuar. Durante los años ochenta estudió cine en Estados Unidos. “Tuve maestros maravillosos” aseguró Andrade al referirse a Stella Adler, profesora de interpretación que se encargó de enseñar a actores como Marlo Brandon y Robert De Niro, “era una señora con una visión muy clara de lo quería ver en el actor” detalló su alumno.

También tuvo la oportunidad de tomar un taller con Jack Nicholson, debido a que este fue multado con servicio a la comunidad por un inconveniente en una fiesta y decidió dar el taller como pago por su multa.

Al volver a México se dio cuenta que no se hacía cine en ese momento. Era 1991, había que tener contactos con el gobierno y las escuelas de cine para trabajar en las pocas películas que se hacían. Por eso trabajó en televisión por mucho tiempo.

“Los nuevos estudiantes de cine en México tienen mucha suerte”, aseguró el cineasta Carlos Alberto Andrade, “se hacen más de 150 películas, se hacen series, 400 cortos al año”. Él recordó que hubo momentos que sólo se hacían cuatro películas, entre las que se hacían con fondos comerciales y de gobierno.

El cerrar las puertas al cine está relacionado con que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) toma al cine como entretenimiento y no como cultura, lo cual ocasiona una competencia directa con Hollywood —cuyo poder de distribución y publicidad para las películas está lejos de ser competida por el cine mexicano— opinó el cineasta.

Desde hace 10 años, el director ha trabajado en un proyecto que aún no se concluye: un largometraje titulado El Regalo. Al ser una película con alto presupuesto, y dado que el primer productor que tuvo falleció, se truncó el avance del filme. Andrade planea darle el tiempo suficiente para conseguir el recurso y que la película se pueda realizar como se ha planeado.

“Imcine trata de apoyar cine de calidad”, consideró el director. Esto implica contar una historia que se pueda filmar, que los costos sean realistas y tenga posibilidad de llegar a las pantallas. “Al fin de cuentas es un negocio —explica Andrade— hay que prepararse para poder competir, los nuevos cineastas deben tener capacidades más allá de los conocimientos de realización, sino también en finanzas, en distribución para que puedan destacar entre aquellos que ya tienen recursos y experiencia”.

Destacó que en México hay pocas pantallas para que el cine nacional se pueda ver, la competencia con el cine estadounidense siempre deja en segundo plano al cine que se hace aquí; sin embargo, se realizan muchas más películas que antes y el mercado de las series crece para abrir oportunidades a los nuevos cineastas.

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