Cultura

La humanidad animal

Por: Juan José Lara Ovando

Al contrario de como está planteada la Teoría de la Evolución, de Darwin -aunque es obvio que no se le separa en nada- en “El planeta de los simios. La confrontación” parece que es el hombre el que evoluciona en simio. A todas luces, éste parece ir superando al hombre -y seguramente lo hará- al ir conformando su propia civilización, si retomamos la novela de Pierre Boulle y la serie de películas, como la televisiva, que le anteceden a esta.

 

“El planeta de los simios. La confrontación” continúa el relato de la cinta anterior de esta saga llamada de la misma forma -“El planeta de los simios”, con el subtítulo Re (evolución)- y parte del momento en que se quedó aquélla: una hecatombe epidémica provocada por la rebelión de los simios, que diezma a la población y aísla a la ciudad, como si el mundo hubiera quedado destruido y la civilización agotada, cuestión que no parece explicarse lo suficiente y, por lo tanto, tampoco entenderse.

En esta segunda parte de la nueva época, han pasado 10 años de producida la rebelión y ambos grupos, humanos y simios, no se han reencontrado. Los simios están casi seguros de que los humanos se han extinguido; de los humanos no sabemos qué piensen al respecto, pero sí que viven temerosos y angustiados por la desolación en la que se encuentran y el atraso en el que han quedado, en medio de una ciudad destruida, un San Francisco irreconocible.

La película se centra mucho en los simios, de ellos sabemos muchas cosas -de los hombres no- lo que provoca que los espectadores nos identifiquemos más con los animales que con los humanos e internamente tomemos partido por ellos, y que estemos esperando que las situaciones de la historia vayan acercando al simio con los hombres -lo que finalmente es lo que va sucediendo-. Pero esa condición le resta méritos a la película, porque lo que vemos es que ambos grupos tienen razón y tienden más a acercarse que a confrontarse, por lo que el elemento conflictivo entre ambos no se produce y termina por mostrarnos como semejantes.

No se trata de semejanzas físicas, sino de una evolución racional en la que ambos actúan de manera equiparable, en la medida en que los simios van haciendo lo que en milenios ha hecho el hombre: comprendiendo sucesos que marcan su desarrollo. De modo que no se presenta a unos u otros como buenos y malos, sino (también de manera semejante) a ambos como buenos (sin que se explique pero sí dejando inferir la postura de los humanos); pero en cualquiera de los dos bandos siempre hay algunos que pueden desquiciarse y provocar conflictos.

¿Estará de acuerdo el señor Darwin en que las dos especies puedan evolucionar sin que se hagan daño, a menos que, por un par de ambiciosos de poder, sometan al otro? Si para él fuera aceptable, me parece que los realizadores de la película -director y guionistas- se fueron por el camino corto (o fácil) de atribuir el mal a la conducta de algunos simios o algunos hombres viles.

En ese sentido, uno se pregunta ¿es necesario que los que se confrontan con los humanos sean simios? Pienso que da lo mismo que lo sean, o que fuera otro animal o un grupo étnico o un invasor de otro mundo. El caso es que los simios de esta película son más humanos que racionales y eso descontrola al espectador, que espera una acción creíble que no llega nunca y que es modificada por un consenso a través un acuerdo no cabildeado. El simio se convierte, así, en una versión mejorada de la humana, pero no creo que la relación sea dicotómica, es decir, si hay más animalidad en los humanos.

Obviamente, los simios han aprendido a hablar en el lenguaje humano (que es, por supuesto, el inglés) además de estar bien organizados, lo que significa una rápida evolución; pero centrarse tanto en los simios y dejar en segundo plano a los humanos -lo que sucede con ellos no es relevante- deja muchas interrogantes sin resolver y desdibuja roles, como el del líder (un Gary Oldman desdibujado) que no sabe imprimir fuerza a su lucha y parece más bien un villano. Todo eso resta fuerza a la cinta, la vuelve un poco lenta, más obvia, con partes que pueden ser medio aburridas o escenas que pueden sobrar. El filme peca de contenida, está exageradamente medida para calzar algo que no dañe la reputación ni de los humanos ni de los simios. Por lo mismo, la historia queda igual de amarrada, sin que se pueda saber qué sigue, como que hay que construir nuevamente sobre algo a crear casi completamente.

El director Matt Reeves es conocido en la televisión por varias series realizadas, pero no cuenta con ningún éxito notable en cine. El actor Andy Serkis, quien interpreta al líder simio, es famoso por ese tipo de papeles; ha hecho a Gollum de “El Señor de los Anillos” y también a King Kong, por lo que su caracterización es estupenda, pero su actuación quedó muy comprimida; cosa muy diferente con el actor que interpreta al simio malo, que es el que les saca ventaja al llevar un rol más claro. No es mala, sólo que tiene más forma que fondo, cuando viene precedida de una primera entrega muy original.

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