Cultura

La laudería: el corazón de la música

Por: Juan Rojas

Me encontraba en ese teatro escuchando aquella orquesta sonora rimbombante, impotente y avasalladora; el alma se arrebataba del cuerpo y formaba parte de ese aire solemne que conducían las notas; presenciaba “la segunda voz”.

Terminó “Claroscuros”, el arreglo para corno inglés que había montado para un concierto con la filarmónica de Querétaro el músico oboísta Karel Gómez. (Tribuna de Querétaro 741).

Era un día especial así que ameritaba un festejo igual de especial… la celebración de haber culminado una de las presentaciones más importantes en su vida (sino es que el más importante) se llevó a cabo en un lugar inmejorable: se descorchó la primera botella de vino y se brindó por la noche mágica de “Claroscuros” en el taller de laudería de su esposa; ahí donde se crea el cuerpo de la música.

Junto con su colega, Martín Cruz Aragón, Gabriela Pérez Carpinteiro, abrió su taller de laudería en el Centro Histórico hace ya tres años. Los dos egresados de la Escuela de Laudería me abrieron las puertas de su taller para platicar de su trabajo y de lo compleja que es la profesión del laudero.

Su taller es un cuarto con bastante espacio, su materia prima (la madera) envuelve cada rincón del taller. Mientras Gaby y Martín trabajan, Karel prepara café y afina el oboe, por lo que la música de fondo acompaña la creación de los instrumentos.

“Nosotros hacemos violes, violas, cellos, contrabajos; todo es artesanal, como ves, nuestro trabajo es totalmente manual”, explicó Gabriela mientras ajustaba un pequeño violín.

“Es tan compleja (la laudería) que vas conociendo cosas en el camino y que yo nunca vi en la escuela, como reconocer sonidos o calcular medidas, es algo que he ido descubriendo y desarrollando en la práctica”, afirmó Martín con sonrisa elocuente.

En los años que han trabajado en el taller, sus técnicas artísticas y sus conocimientos musicales se han empapado de sensibilidad gracias a la creación de instrumentos.

Martín, en la soledad que guarda el descanso, toca la guitarra, Gabriela practicaba el violín, pero hace más de dos años que no toca uno, “la laudería es un trabajo muy celoso”.

“La materia de matemáticas que nosotros llevamos en la Escuela de Laudería, era poco práctica, era hacer ecuaciones diferenciales y llegar a conocer frecuencias; lo que de verdad nos ayudó fue conocer algo de Biología, por ejemplo saber cómo es el crecimiento de un árbol, cómo su edad afecta al sonido de un instrumento y cosas por el estilo nos ha servido demasiado”, explicó Gaby.

“Creo que no va de la mano ser músico y ser laudero, sin embargo sí tener cierta noción de saber cómo debe sonar el instrumento, o cómo acomodarlo en el cuerpo… tienes que tener la conciencia de cómo es que funciona un instrumento, cómo es que tienes que sentirlo, cómo es que tienes que sentir el peso del arco”, señaló Martín sin dejar de sonreír, metido en la charla.

La laudería es un cuerpo, es lo que sostiene la música y permite la expresión autor. “Para mí, la música es una comunicación espiritual, creo que eso hace falta. Todo (incluido nuestro trabajo) es compartir ideas, compartir momentos y el compartir actualmente se devalúa mucho”, manifestó.

Gaby concluyó destacando la labor de “las manos artesanas, las manos del laudero”.

{loadposition FBComm}

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba