Cultura

La nación efímera: Woodstock

Un sueño de la juventud materializado durante tres días de música y paz. 15 de agosto de 1969, Bethel Nueva York. La gente comenzaba a llegar, 50 mil eran esperados. Las carreteras atiborradas de automóviles. El pequeño pueblo, que estaba cercano a la granja dónde iba a ser el festival, no podía respirar de la cantidad de jóvenes que había llegado para disfrutar de un fin de semana inolvidable. El terreno de Yasgur contaba con más de 100 mil personas. Los baños, insuficientes. La comida, a punto de terminarse. Las drogas, circulando. A pesar de las condiciones precarias, la multitud estaba en un estado de paz. Gozan la música. Protestan en silencio. Woodstock, aquel estado mental en que acorde con Schultz en su texto La fiesta de las Saturnales a Woodstock, la necesidad de autoexpresión, amor, afecto y admiración (en el sentido de admirar y ser admirado), era común a todos los jóvenes: Ese es el espíritu de Woodstock.

With a little help from my friends

Tanta gente reunida en un espacio de 242 hectáreas suponía un escenario destinado al caos. Jóvenes de todo el país reunidos en aquella granja, con los recursos limitados. Uno de los mitos entrañados es la compostura. Reinaba la anarquía ordenada. Pepe Andrade, locutor del programa Humo en el Agua, menciona: “Fueron poquito más de tres días, medio millón de personas y registradas sólo hubo tres muertes”. Al compás de la música, los cuerpos saltaban, cantaban y convivían en armonía.

La comida se acabó. Los baños eran insuficientes. La solidaridad de las personas no tardó en llegar: Los organizadores no esperaban más de 50 mil personas. Los granjeros de ahí ayudaron con comida y el gobierno también. Comentó Pepe Andrade.

Para José Luis Kobayashi, dueño de la tienda de discos “Maykos” y organizador de conciertos de rock, uno de los grandes logros que alcanzó el festival fue la cantidad de personas que habitaron un mismo espacio en condiciones adversas, “ver que un festival llena un lugar con 400 mil personas pues les abrió los ojos al mundo entero, es una inspiración, todos los que organizamos conciertos soñamos con hacer algo de esa magnitud”. Además mencionó que parte del mérito que hay en el éxito del concierto se debe al apoyo que recibieron por parte de las autoridades y los vecinos de la localidad cuando en las filas de jóvenes comenzaron a escasear los alimentos.

My Generation

Woodstock fue una gran coincidencia de eventos y manifestaciones culturales en los diversos ámbitos del arte. El inicio de la Guerra de Vietnam caracterizó el inicio de la ruptura. Una serie de eventos desembocaron en el gran Festival de Woodstock, que tuvo un antecedente en Monterey, California, en 1967.

La libertad aspiracional en la juventud, ir al campo, elegir la vida propia, ir contra lo establecido por el gobierno… ideas manifestadas en el cine, teatro, y literatura: “En el 68 vino en el teatro una propuesta que también hizo un rompeolas, fue la Rock Opera Hair, porque era una obra al desnudo. Vino a hacer un cambio totalmente diferente. Ahora, imagínate, mediados de los sesenta Timothy Leary, doctor, psicólogo, fue el que dio a la fama el LSD. También en la literatura: poetas y escritores como Allen Ginsberg, y John Sinclair. La poesía y la narrativa iban encaminadas a una liberación, a ‘deja ya esa facha que tienes’, ‘búscate a ti mismo y libérate’”.

Robin Salazar, dueño de la tienda de discos Vinil Azul, propuso pensar en el fenómeno de Woodstock desde dos puntos de vista: como un fenómeno estético único y como la explosión del sentimiento político de la época: “Woodstock se divide en dos, una es la parte musical: los artistas y todo lo que se creó, y la otra es el movimiento social; a mucha gente no les interesaba el cartel de artistas sino que les interesaba el movimiento de liberación femenina, el amor y paz. Toda esa parte social es algo que unió el evento”.

Por su parte José Luis Kobayashi, mencionó que la gran virtud del evento fue el sentimiento de unidad y el compromiso de comunión que demostraron quienes asistieron al concierto, “lo más importante fue ver la comunión que hubo, un concierto que al principio fue satanizado por los medios, el gobierno y los mismos vecinos; pero al momento de ver cómo se estaba desarrollando la cosa se dieron cuenta de que no era como ellos pensaban. Vieron que la gente iba sólo a escuchar música y a convivir en paz, vieron cómo compartían todo. Deja como legado eso, que la unión hace la fuerza, por eso pudo salir adelante el festival”.

La idea trascendió. Los años de Woodstock gestaron las condiciones idóneas para que el festival fuera posible. Tras el auge de las ideas de liberación, llegó a la mente de tres jóvenes la idea hacer algo grande, diferente. Un espacio de música y paz. Protesta y disfrute. “La idea era hacerlo en Woodstock, Nueva York. Mientras estaban pagando los permisos y las cosas legales, los de Woodstock dijeron que no, la gente se puso al brinco”, recordó Pepe Andrade. Tras el rechazo de la gente, encontraron una granja en dónde hacer el evento. White Lake Bethel. El nombre no se cambió, la palabra cambió. Un nuevo significado había nacido: Woodstock, la nación.

Summertime

Mediados de los años sesenta. Timothy Leary, un doctor y psicólogo estadounidense presentó al mundo una nueva droga alucinógena: el LSD. Como un gurú, Leary dirigía a los jóvenes por un viaje que reforzaba el discurso de encontrarse a sí mismo. No se puede negar el papel de las drogas en Woodstock, menciona Pepe Andrade: “Lo fuerte era el LSD, era la droga del momento que te hacia tener un viaje interior, se consumió mucho, y la mezcalina del peyote también. El LSD era parte del discurso: libérate, libertad, búscate a ti mismo”.

En ese tiempo, abundó, había libros sobre esa idea de buscarse a sí mismo, pero todas eran de búsqueda interior, y una de las cosas que te hacían entrar en ese éxtasis eran las drogas alucinógenas. Cabe aclarar que los servicios médicos que estuvieron durante el festival, atendieron en su mayoría mal viajes ocasionados por el ácido. Las drogas, específicamente la heorína, sólo ocasionaron una muerte durante esos tres días.

Amor, paz y rock ‘n roll o sexo, drogas y rock ‘n roll”, ese es el espíritu que radica en el centro del festival para José Luis Kobayashi. Según el dueño de la tienda “Maykos” la cultura de las drogas y la libertad sexual jugaron un papel importante en el desarrollo del evento, fuera de los prejuicios que se presentaban en la época, los jóvenes de Woodstock vivieron con total naturalidad la comunión entre la música y las drogas.

Wheel of fortune

Así desde su aparición a finales de los años sesenta, Woodstock se ganó un lugar en el imaginario colectivo del mundo como el gran festival de música y como la voz de toda una generación. Sin embargo la cosa no terminó ahí, en el mismo año la industria del disco observó un posible éxito comercial de haberse dado las condiciones adecuadas.

Robin Salazar, desde su experiencia en la industria comercial de la música, mencionó que la gran cantidad de personas que asistieron al evento redefinió la manera en que se veía a los conciertos: de ser pequeños grupos de artistas tocando para miles pasaron a ser grandes superproducciones pensadas para abastecer a cientos de miles: “el festival fue un parteaguas, en ese tiempo en Estados Unidos no había una fuerza en conciertos como la había en Europa, mientras allá tenías a los Rolling stones, Led Zeppelin o a los Beatles acá sólo estaba Jimmy Hendrix y algo más; entonces, que en esa época un evento, que se vendía como feria de artes, jalara cerca de 400 mil personas pues sí marca un antes y un después”.

Además también afectó a la industria del disco, ya que su mercantilización se dio inmediatamente después del suceso y ya en ese entonces se pensaba en la forma en que se venderían las grabaciones en vivo del concierto junto a la lista de canciones más representativas del evento: “cuando acaba el festival sale la grabación de Woodstock en el mismo año (1969), durante 50 años el disco que había era el original que salió en esa época, en la portada original no aparecen todos los artistas que tocaron en el concierto, por ejemplo falta Janis Joplin o algunos sólo tienen una o dos canciones en la grabación”.

Siguiendo la línea de pensamiento que dio como resultado la fragmentación del concierto, este año se presentaron una serie de ediciones conmemorativas del evento, “salió una edición especial para el aniversario que se llama Back to the Garden en ella vienen 10 CD´s donde están 432 tracks, de los cuales más de 200 son inéditos e incluye un libro de pasta dura con fotos de Michael Lang, una réplica del programa original y sólo se editaron 1969 copias”, describió Salazar haciendo referencia a la edición más cara que se puede comprar.

De igual forma, desde una visión histórica del rock, Pepe Andrade afirma que hay un antes y un después a partir de Woodstock “Muchos de los grupos que estuvieron en Woodstock fue catapultados. Santana cuando llegó a tocar ahí no tenía disco, en el 70 ya tenía dos”. Artistas como Joe Cocker y Ten Years After (ambos ingleses) crecieron su popularidad en Estados Unidos de manera exponencial.

El interés no estaba en las ganancias. Diversos músicos pedían al encargado de las bandas Bill Graham, un lugar en el Festival aunque no fuera pagado. La grandeza del evento se sentía incluso antes de iniciar.

Freedom

El festival marcó un antes y un después en la historia de la música, Woodstock esparció una idea de la liberación personal desde Estados Unidos hasta Inglaterra. Reproducciones de festivales de gran escala se vieron alrededor del mundo, de los cuales podemos destacar la Isla de Wight en Inglaterra, y Avándaro de México (llamado por los asistentes el ‘Woodstock chiquito’).

La noción de pertenecer a algo tan grande, como lo que ocurrió aquel fin de semana de 1969 en White Lake, se convirtió en la bandera de muchos jóvenes. Insurrección y liberación, dejar de pertenecer para ser. Tal como lo vivió Pepe Andrade en la ciudad de Querétaro “nosotros estábamos chavos cuando trajeron la película de Woodstock al viejo Cine Plaza, dónde está Del Sol. Precioso el cine, y ahí hicieron ese ciclo. Y se armó la locura. Salimos y al jardín todos platicando, otros cantando, no faltó quien llevara una guitarra, se ponían a tocar ahí, chavitos de 16 años. Te quedabas con el haber visto todo eso, sales con el corazón palpitando más fuerte”.

José Luis Kobayashi aseguró que parte del espíritu de Woodstock sigue vivo en los festivales que se hacen actualmente: “Siempre sales con nuevos amigos, compartiendo alimentos, transportes o incluso si eres coleccionista pues haces contactos para intercambiar música. El legado ahí sigue”.

Según el dueño de la tienda “Maykos”, la esencia de fraternidad y comunión demostrada por los jóvenes de aquella época persiste manifestaciones artísticas contemporáneas, eso se debe a que las nuevas generaciones encuentren un referente en Woodstock; entran en el mundo del rock y vuelven a la historia para ver sus antecedentes, “es algo que no se pierde tan fácilmente, es parte de la historia y de la cultura del rock, es como la historia de México: si no conoces el pasado pues ¿Qué te espera?”.

Para Robin Salazar, Woodstock también sigue presente en los referentes de la gente pues “Woodstock, sólo hubo uno. Son eventos de una sola vez en la vida y jamás van a poder replicarlo. Fue un evento legendario por los grupos que tocaron, por los movimientos sociales y políticos que había en el momento”, desde su punto de vista parte del encanto que sigue provocando el concierto radica en su carácter irrepetible.

1969. Año de la inconformidad de los jóvenes. La guerra de Vietnam. Los hippies. Condiciones de violencia remarcadas en la cotidianidad de la vida americana. Año de Charles Manson. Tiempos de pérdidas como Sharon Tate y Labianca. Tiempos de incertidumbre. Tiempos violentos. Este año celebramos el decalustro de aquel icónico fin de semana de 1969. Este año celebramos un cambio en la historia. Este año aún vivimos con sueños de libertad. La esencia de Woodstock está vigente.

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