Cultura

La novela de Televisa

Ricardo Rivón Lazcano

(Fabricio Mejía recibió amenazas por la publicación de Nación TV. Pregunté qué tipo de amenazas y me contestó que no podía comentar pero su caso lo llevaba ARTICLE 19, una organización independiente defensora de derechos humanos cuya misión es promover, proteger, desarrollar y garantizar el cumplimiento de la libertad de expresión y el libre flujo de información e ideas a efecto de fortalecer la justicia global y empoderar a las personas para tomar decisiones autónomas.)

Como toda ficción, y para los fines legales –y de otro tipo– a que tengan lugar, Fabrizio Mejía Madrid advierte a los lectores:

“Los personajes y acontecimientos que se narran en esta novela pertenecen al territorio de la ficción. Están basados de manera distante en personajes reales. Cualquier parecido con la realidad es culpa de la realidad. Esto es una novela”.

Carlos Monsiváis comentó alguna vez que el periodismo de Mejía Madrid era literatura.

Recuerdo, sin perder de vista lo frágil de la memoria, haber leído una advertencia, en un librito que se me escapa, que más o menos decía:

“Todos los personajes de esta historia son reales, solamente los hechos han sido cambiados con la única finalidad de difamarlos”.

En la novela de Fabrizio Mejía los personajes distantes son reales, la esencia de los hechos no ha sido cambiada y la forma de platicarlos simplemente atrapa la atención y obliga a permanecer en la lectura. La edición electrónica abarca once páginas de referencias bibliográficas.

Dos epígrafes:

“Quien concentra las miradas concentra los sufragios”. Regis Debray, El poder seductor.

“Tu cara se me hace conocida ¿Y qué se habrá hecho aquella muchacha que salía en la serie que te gustaba tanto? La gran tradición televisiva es el olvido. Imagen eres y en sombra del control remoto te convertirás”. Carlos Monsiváis. Imágenes de la tradición viva.

Cuatro generaciones de Azcárragas: Vidaurreta, Milmo, Jean, Fastlicht. Historias de  violenta rivalidad entre padres e hijos. Ni Milmo, ni Jean estuvieron contemplados como herederos de la gran empresa; las truculencias para controlarla finalmente.

El Tigre realmente murió. En la ficción, solitario y en altamar, a bordo de su yate eco. Decía que quería los yates para que nadie lo molestara, en cambio, Azcárraga Jean, Emilio III, los quería como un instrumento de trabajo: “Para ir hacia las instalaciones de Televisa en China, a Nueva Zelanda… a Nueva York, a California, a Miami, donde está el futuro de Televisa”.

Desfilan los cadáveres de Paco Stanley y Víctor Iturbe, el Pirulí, como pequeños hilos de polvo blanco en una trama fácil de describir y enjuiciar, pero difícilmente de comprender en toda su complejidad. Uso y abuso de sustancias ilegales, deudas no pagadas que ponen el riesgo el negocio del tráfico de drogas, y en donde el asesinato es el mecanismo real y simbólico para su sustentabilidad y futuro.

Chespirito, Jacobo Zabludovski, Joaquín López Dóriga, la pájara Peggy, la Gaviota, Peñá Nieto, Luis Echeverría, Carlos Slim, Carlos Salinas, Ricardo Salinas…

Una escena:

Luego de hacer magia financiera, alianzas políticas y empresariales, aprovechar como nadie el timing procedimental de la justicia mexicana, Azcárraga Jean “Se ha quedado solo, como es el deseo de todos los poderosos. Parado sobre la cima desde donde puede ver todo lo que es suyo. Porque todo es suyo. No hay medida, no hay exceso. Rebusca en el aire algo que se le va de las manos como se le fue a su abuelo y a su padre. Pero, ahora, es su tiempo de otearlo. Brinda, en su yate, por ello.

-Es cierto, Televisa es México.

Televisa, el Partido Revolucionario Institucional, los presidentes, los gobernadores.

La ficha técnica de la Editorial Random House Mondadori:

“Un gobierno, una televisora, tres generaciones”

«Esto es México».

¿Qué ocurría dentro de la televisora más grande de habla hispana, en sus foros, en sus decisiones, en sus fracasos? ¿Qué tanto de México y de América Latina es el resultado de lo que sus habitantes vieron durante cincuenta años en las pantallas? ¿Somos todavía lo que vimos? Esta novela es, en cierta forma, una respuesta.

Aquí está la historia de medio siglo de la televisión mexicana, desde su primera transmisión -una misa-, hasta los líos familiares para hacerse de su control. Por sus páginas desfilan lo mismo comediantes, cantantes, productores de telenovelas, conductores de noticieros, que presidentes de la República, gobernadores, jefes policiacos. Nación TV -narrada con la agilidad punzante de Fabrizio Mejía Madrid- cuenta la historia de la televisión y del poder, sea éste partidista, presidencial, religioso o económico. Medio siglo de una televisión monopolizada cuyo espíritu se mantuvo inamovible: «entretener a los jodidos».

Esta novela es, también, una reflexión sobre las relaciones entre padres e hijos, de tres generaciones de Azcárraga que quisieron imprimirle a su herencia un estilo personal para adueñarse de México.

rivonrl@gmail.com

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