Cultura

La poesía “es una forma de estar en el mundo”: Gabriela Aguirre

La poetisa presentó el pasado 29 de noviembre su segundo libro, El lugar equivocado de las cosas

Por: Luz Marina Moreno Meza

“La poesía me eligió a mí… es una forma de estar en el mundo”, manifestó la escritora Gabriela Aguirre, académica de la Facultad de Lenguas y Letras que ganó el Premio Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa” por su libro El lugar equivocado de las cosas.

“Yo sé que lo que hago se inscribe dentro de la vertiente de la poesía íntima, vivencial… si tú lees este libro vas a conocer mucho de la vida de Gabriela”, consideró la también ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino” en 2003 por el libro La frontera: un cuerpo.

Gabriela Aguirre expresó que el título del poemario El lugar equivocado de las cosas se involucra con algunos de los poemas, pero sobre todo con uno que habla de su padre y de una imagen de la infancia.

“Tiene que ver con estar jugando y de pronto sepas que van a llegar tu padre y tu madre, y sepas que las cosas van a estar fuera de su lugar y que habrá una llamada de atención porque todas las cosas tienen su sitio…

“Cuando pasa el tiempo uno descubre que ahora con las propias cosas de la vida va a llegar nuestro padre y va a decir: ‘a ver, cuáles son las cosas de tu vida, dónde deberían estar esas cosas y cuál es el lugar en el que verdaderamente están’”, reflexionó Aguirre.

La temática del universo familiar es lo que ha regido la escritura de Aguirre, las relaciones que como sujeto puede desarrollar dentro de éste y el rol que cada individuo juega.

Ella atribuyó esta corriente de escritura a la preocupación de construir una mitología propia, en la que pueda explicar las cosas que pasan pero reescribiendo la historia en ese espacio denominado por ella: “de la posibilidad”, en el que la invención toma lugar.

Gabriela Aguirre aseguró que la presentación de su segundo libro de poemas le dejó un buen sabor de boca debido a que la audiencia llenó el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo.

“Era gente que yo no conocía, no solamente eran mis hermanos, mis papás y mis sobrinos… sino que había mucha gente que quiero pensar que era por verdadero amor a la poesía”, recordó.

 

Editoriales, un obstáculo

Señaló que los sistemas editoriales han sido uno de los obstáculos tradicionales a los que se ha enfrentado como escritora, pero al momento de redactar su principal traba es la página en blanco. Ésta la hace definir que tiene todas las posibilidades y a la vez no tiene nada; hecho aterrador para Gabriela debido a que sabe que todo es posible y que depende únicamente de ella, del imaginario personal, indicó.

“Si bien los autores sabemos que tenemos nuestras obsesiones y que hay ciertas cosas a las que no sólo volvemos, sino que nos interesa volver”, manifestó la poeta, quien añadió que llegar a ser considerada como repetitiva le genera miedo con los lectores; pese a ello Aguirre deja ver que el reto no se encuentra en escribir acerca de un tema sino abordarlo desde otro ángulo.

Los premios traen oportunidades

Haber ganado el Premio Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa” con el poemario El lugar equivocado de las cosas le ha dado la oportunidad de que su trabajo sea reconocido y que las puertas para nuevos proyectos se le hayan abierto.

Gabriela Aguirre, quien tiene estudios en Lenguas Modernas por parte de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), sabe que a pesar de crear poesía, autores de narrativa como Julio Cortázar han sido modelos a seguir. Junto con él, poetas como Alejandra Pizarnik, Rubén Bonifaz Nuño y Francisco Hernández.

Para comenzar a escribir, la autora y docente de Literatura Moderna, Literatura Iberoamericana y Retórica dentro de la Facultad de Lenguas y Letras, parte normalmente de una imagen que puede llegar a ser auditiva, un sonido que detona su escritura, elemento que más adelante le revele algo a la creadora.

“Una imagen puede decir lo que un cuento en tres páginas”, reveló.

Ajeno a lo que una imagen puede generar en la autora, también los contextos en lo que se ha visto inscrita la han permeado. Un claro ejemplo de esto es el primer poema de su libro, en el que expone su viaje al desierto de Samalayuca, Chihuahua, mientras residió en El Paso, Texas. Lo que la llevó a considerar al desierto como un lugar maravilloso que sufre el hurto de su arena para la producción de pisos.

“Para mí Ciudad Juárez y El Paso es una ciudad, la ciudad de la frontera”, explicó.

La autora reconoció que escribir un libro normalmente le lleva de dos a tres años, ya que necesita que la vida pase para que “lleguen las palabras”.

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