Cultura

La sal de la tierra

Juan José Lara Ovando.

César Chávez merece una gran película, sin duda es un personaje que puede ser muy bien contado pues, si bien fue un líder reconocido, no es un líder de primer plano, tal vez por el hecho de ser mexicano (para Hollywood) o de ser campesino (y no de la ciudad) o de fundar un sindicato de trabajadores del campo, que después de él, no ha logrado trascender. Sin embargo, eso es lo que lo hace interesante, es un personaje humano, al que le costó ser el líder que fue y que se concibió y creó como trabajador en sus facetas públicas y personales, que son las que deben contar las biografías y los filmes.

La película César Chávez deja mucho a deber, ya que no recupera al personaje, solamente al líder de trabajadores agrícolas y muestra sólo un movimiento, la huelga (eso sí, histórica) de los recolectores de uva en el Valle de Delano, en la California del año 65. Ciertamente, esa huelga vale para ser filmada y para recordar al público o dar a conocer a los jóvenes a un luchador social de su talla, ese es el mérito sustancial de ésta cinta, pero no puede sostenerse exclusivamente de ello porque no nos muestra a una persona verdadera sino a un mito, a alguien a quien uno se debe acercar con mucho respeto, como lo hace el director mexicano (y también actor) Diego Luna, que lo ve plenamente como un héroe y no se atreve a criticarle nada.

No obstante, me parece que Luna, sí le puede respetar el sentido histórico y el liderazgo a Chávez si así lo desea, pero le debe dar un sentido natural a la película tratando al personaje con mayor profundidad y eso requiere que lo caracterice tal como era, con preocupaciones de su vida, con discusiones de sus problemas, con enfrentamientos de su formación sindicalista, expresando lo que pensaba con sus compañeros de lucha, en actividades cotidianas en su casa y con su familia, definiendo su camino como mexicano nacido en Estados Unidos. Si bien algunas de estas cosas se pintan levemente en la película, carecen de peso para darle fondo a una historia que no logra forjar un personaje fino, pulido en la vida, forjado con su esencia cultural de mexicoamericano. No tenemos más que rasgos: que le digan campesino a su hijo o que encabece las marchas la bandera mexicana o la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Eso es lo que sucede con la película y por supuesto que se ve solamente como un episodio, no como una historia. Como episodio podría quedar bien, aunque tendría que ser más reducido; como historia es demasiado larga y con poco sustento objetivo, se convierte en una alegoría acrítica. El ejemplo opuesto es el de la película Malcolm X (92), de Spike Lee, donde se cubre a profundidad al personaje dejando ver tanto sus actividades públicas, como su vida familiar y cotidiana, exponiendo sus rasgos favorables y desfavorables de manera notable.

Sin embargo, el hecho de llevar a Chávez a la pantalla, de querer darlo a conocer o recordar e impulsar su validez histórica, es ya un logro, y deja ver el interés de Luna por hacer un cine diferente, propositivo y con sentido de lucha, lo que se agradece. Darle un lugar a un líder campesino, mexicoamericano, sindicalista, de origen popular, admirado en México, de gran consideración por los líderes chicanos y de un gran valor en la lucha social es por sí mismo significativo, sobre todo si se toma en cuenta que no había sido llevado a la pantalla, salvo en documentales, algunos de los cuales utiliza Luna, como el inicial, para explicar quién es, que por cierto lo hace muy bien a través de una entrevista televisiva, siendo el mismo personaje quién lo explica; por lo mismo no se puede negar la validez del filme, ni señalarlo como malo, pero sí resulta insuficiente.

César Chávez cuenta con un buen reparto, encabezado por latinos del cine hollywoodense, como el puertorriqueño Michael Peña, la hondureña América Ferrera y Rosario Dawson, de ascendencia cubana, además del siempre excelente John Malkovich. Luna dirige con buen ritmo, mucha soltura (es su tercer filme y tiene una gran experiencia en actuación en Estados Unidos) y un gran espíritu, en locaciones sonorenses.

Definitivamente, César Chávez, dada la lucha que presenta por los migrantes mexicanos y por la organización de la huelga, recuerda otra película, esta sí verdaderamente grande, La sal de la tierra (54), del cineasta suecoamericano Herbert J. Biberman, quien -acusado de comunista- fue perseguido por el macartismo y se trasladó a Arizona, donde filmó con muy bajo presupuesto y con un reparto desconocido para no llamar la atención. La película que se convertiría en el clásico del cine de lucha social e iniciaría el género feminista. El tema: una huelga minera que había acontecido tres años antes en Nuevo México, provocada por la organización de los trabajadores de las minas de zinc (la gran mayoría de origen mexicano y con familia), que llevaron a cabo una huelga gracias al apoyo de sus esposas (la sal de la tierra) que sin ser trabajadoras de la mina, llevaron la batuta del movimiento porque la resistencia de la huelga implicaba el mejoramiento de las condiciones de vida para su familia. La enorme condición humana que muestra la película en la gestación y organización de la huelga hasta llevarla a su triunfo ha hecho de esta película un clásico, interpretada en su principal rol femenino por la actriz mexicana Rosaura Revueltas, mejor actriz en el Festival de Karlovy Vary y hermana de Silvestre, José y Fermín Revueltas.

César Chávez es un personaje que también representa la sal de la tierra, que da gusto y sabor a la vida pero todavía hay que esperar otro filme que logre mostrarlo en esa connotación.

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