Cultura

La terca memoria

Por: Julio Figueroa

Lo que no anoto, lo olvido. Y lo que anoto, también. No acumulo. Tiro lastre y voy cargado hasta las manitas al filo del hilo. De pronto recuerdo una idea que escribí ayer y no la encuentro. De pronto aparecen notas perdidas del siglo pasado. Soy un desastre y voy inexorablemente, sin pausa y sin prisa como la estrella de Goethe, hacia el desastre final. Pero antes…

LAS MONJAS

Afuera

el frenesí.

Adentro

pleno y vacío.

Gira

el mundo.

Las monjas hacen pan.

(Y dulces: “Pedos de monja”).

Contemplación vacía.

OLÉ

Capotear los días, la vida, el amor, los deseos, los problemas, la muerte…

Entrar a matar y estocar la vida, hasta el fondo, limpiamente…

Si no en hombros ni en camilla, al menos pedir las camineras y salir alegres con los amigos…

Dormir bendito en casa.

Pararse a la hora de siempre y hacer impecable el trabajo del día.

–Nota. Impecable no es perfecto, es la entrega absoluta, no graciosa huida.

CASIMIRO CASTILLO

En Casimiro Castillo, Jalisco, hace muchos años, todavía fuerte pero ya derrotado por la vida, en el mercado, en un puesto no recuerdo de qué, vi el rostro de la muchacha más bella de mis sueños. Durante 13 o 17 minutos, yo iba y venía, ronroneando el lugar para verla, y luego me fui con una tristeza infinita, sabiendo que dejaba atrás el sueño de mis sueños, sin poder cruzar una sola palabra, más que las miradas perdidas, sin saber quién era ni dónde está ahora, y la olvidé para siempre. Salvo hoy que me encontré este papel arrugado y lo transcribo en bellas letras de luz. Si la tuviera ahora enfrente, no sabría quién es.

CRÍTICA AUTOCRÍTICA

–Pensar mejor, escribir menos y trabajar más –decía Goethe.

–Pensar más, hablar menos y decir mejor las cosas.

–Y si es breve, dos veces mejor.

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