Cultura

La tercera opción del arte queretano (II / II)

Por: Roberto Rosano Lara

PARA DESTACAR: En los jóvenes artistas, Pablo Moya y Xavier Aguilar, encontramos un ejemplo de “tercera opción” para los espectadores que nos encontramos más bien en el punto medio entre las propuestas conservadoras del arte figurativo realista y las del arte performático radicalista.

De una tercera opción de arte bien equilibrado entre sus aspectos intelectuales-sensibles y los elementos pictóricos-técnicos que lo constituyen, podemos encontrar un ejemplo en las más recientes exposiciones organizadas por la Galería Municipal “Rosario Sánchez de Lozada”, donde se expuso la obra de dos prometedores artistas: Pablo Moya y Xavier Aguilar. Intituladas respectivamente, “Bestiario abierto” (de la que se habló en la anterior edición) y “Las ruinas del espíritu”, ambas colecciones resultaron ser un feliz hallazgo y una apuesta a la generación de una nueva argumentación visual en la capital queretana.

En “Las Ruinas del Espíritu” de Xavier Aguilar, presenciamos una colección que, como su propio nombre lo indica, es profundamente espiritual y mística, y de ruinosa sólo tiene la intención de humildad en el título porque lejos de ser relato de muerte, es apología del espíritu que vence, a la luz del ascetismo y el conocimiento, las cadenas de la forma.

En la obra de Aguilar apreciamos un banquete de humos en movimiento, dinámica lenta pero certera de figuras que al mismo tiempo son fuego de inmolación, hongos nucleares, y árboles de añoranzas y memorias, demostrando que el arte figurativo-realista puede ser altamente simbólico y polisémico cuando su autor no persigue como único propósito la excelencia técnica sino más bien una búsqueda conceptual innovadora, dando por resultado la ansiada impronta estilística que hace relevante su discurso en la historia.

En sus dibujos y pinturas nos sumergimos en un universo de personajes sabios y andariegos, o como él mismo los llama, “Ermitaños”. Para Xavier los ermitaños de sus cuadros constituyen una suerte de alquimistas-chamanes, expertos en lo que Gastón Bachelard denomina la maestría de la obra “poner afuera lo que estaba adentro”, es decir, recrear la intuición de lo interno, de la consciencia misma que observa, y ponerlo manifiesto en la exterioridad de los fenómenos.

Sus obras nos proveen de múltiples personajes que caminan filosofando por un mundo ideal, y que de vez en vez se encuentran y se transmutan a nuevas dimensiones de existencia, como él mismo afirmara en conversación con nosotros. Hay pocas cosas tan interesantes como un artista que no solo ha creado una mitología visual (musical, literaria, etc.), sino que además ha reflexionado detenidamente sobre ella, siendo capaz de explicitarla tanto en su discurso plástico como en su discurso filosófico, uno puede confiar que él sabe lo que pinta si también sabe lo que habla.

Y es que es necesario que los artistas reflexionen su obra y reconstruyan su propia mitología, quizás así los espectadores nos sentiríamos arrastrados también, por el ejemplo, a recrear la nuestra. Y esto es justo lo que sucede cuando uno visita la exposición de Xavier Aguilar, porque sus cuadros claman continuar el relato, continuar el diálogo que propone el artista, una tarea propiamente del “lector” es decir, del espectador, que al permitir dejarse afectar por una propuesta de información revelatoria se transforma y resignifica su existencia entera.

Cabe mencionar también que la maestría de Xavier consiste no solo en recrear su mitología personal tan llena de sincretismos religiosos, sino también en el perfeccionamiento autodidacta de su técnica, que al verse libre de influencias escolares, ha podido forjar de manera autónoma en el fuego de la disciplina y la investigación propias –como debe de ser- si la búsqueda artística es sincera.

En estos dos jóvenes artistas, Pablo Moya y Xavier Aguilar, encontramos un ejemplo de “tercera opción” para los espectadores que nos encontramos más bien en el punto medio entre las propuestas conservadoras del arte figurativo realista, tan tradicional en esta ciudad, y las del arte performático radicalista.

Esta tercera opción está siendo gestada entre los pintores (y espectadores) de una nueva generación, que de la mano tutelar y generosa de grandes maestros, están generando estructuras plásticas bien equilibradas y refrescantes, que se mueven entre lo figurativo, lo abstracto, y esperemos también próximamente, lo conceptual.

Queda abierta la invitación entonces a conocer el trabajo de estos artistas, así como visitar la exposición de Oscar Rafael Soto en la Galería Libertad, importante artista leonés que cuya obra discurre entre lo figurativo y lo abstracto, y la colección FEMSA traída al Museo de Arte de Querétaro, todas propuestas interesantes y dignas de invertir atención.

 

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