Cultura

La tienda de los suicidas: Una novela muy arriesgada

Hacer humor negro es todo un arte que no a cualquiera le sale bien. Hay comedia que más que ser chiste es ataque, y hay chistes que simplemente no hacen gracia. Claro que depende de quién lo escuche, la comedia es muy subjetiva. Este tipo de humor no es algo que todo el mundo comparte porque puede considerarse inapropiado o política y moralmente incorrecto. Es por eso que advierto desde un inicio que este no es un libro para todos. La tienda de los suicidas es una original y arriesgada trama que propone un tema bastante tabú abordado desde lo absurdo, pero que curiosamente no le salió mal.

Jean Teulé, el autor de esta obra, es un novelista, dibujante y guionista de origen francés. Publicó en 2007 La tienda de los suicidas, la cual, tiene una adaptación cinematográfica en versión animada que fue dirigida por Patrice Leconte, y una adaptación en teatro y en tira cómica, pero ninguna a cargo de Jean Teulé.

Hay que admitir que este es un libro que desde que lees el titulo te deja pensando. Y si al igual que yo pensaste que se trataba de una metáfora, te adelanto que te equivocas, porque el título es más literal de lo que parece.  La historia nos sitúa en un futuro donde la mayoría de las personas carecen de una motivación para seguir viviendo y donde las religiones aprueban y promueven el suicidio. En medio de este deplorable escenario existe una tienda que ha pasado de generación en generación en la familia Tuvache, los cuales se dedican a ofrecer a sus clientes artículos y materiales para que acaben con sus vidas de la manera más eficiente y más acoplada a sus necesidades. Mishima y Lucréce Tuvache, los responsables de la tienda, son un matrimonio con tres hijos, los cuales llevan el nombre de famosos que se quitaron la vida, Vincent (Van Gogh), Marilyn (Monroe) y Alan (Turing).

El problema surge cuando Alan, el hijo menor, nace “enfermo” y resulta tener un comportamiento diferente al de todas las deprimentes y lastimosas almas. Una personalidad que irradia amor y positividad. Alan está enfermo de felicidad… y es contagiosa.

La familia Tuvache tiene cierto parecido con la familia de los locos Addams considerando el escenario lúgubre y mortal en el que están. Alan es irónicamente la oveja negra de la familia. Su inocencia hace que sus padres pierdan la cabeza al no poder entender por qué el niño sonríe todo el tiempo, por qué da los “buenos días”, por qué le dice “hasta pronto” a los clientes si no van a regresar y por qué arruina todo lo que debería ser triste.

La obra es muy corta y muy fácil de leer. Su estructura se asemeja un poco al de las obras de teatro, abunda el dialogo y es tan poco rebuscado que podría ser el de un libro infantil salvo por el pequeño detalle de que todos los temas que toca son muy fuertes. Como ya mencioné, es una sátira a tope de humor negro e ironía que posiblemente te provoqué varias risas.

Tras esta historia fuera de lo común podemos ver otros temas como la incomprensión de los padres hacia los hijos, el amor de la familia, la belleza de la vida y lo costoso que puede ser el cambiar de parecer respecto a algo, sobre todo si ese algo se lleva haciendo desde generaciones pasadas.

Con respecto a la adaptación animada hay varias diferencias, la más notoria es el final, pero la premisa es la misma. Sin embargo, me quedo con el libro porque, aunque el final es muy abrupto, lo encuentro mas adecuado al tinte de la novela. De hecho, me parece que, sin esa conclusión, la película cambió completamente el sentido de la obra, pues no te deja reflexionar mucho al respecto. A pesar de lo arriesgado que es tema del suicidio, el libro no se desvía hacia el morbo. Es algo ingenioso que se lee y se disfruta siendo consciente de lo absurdo que es.  Así que, si te llama la atención, te sugiero que hagas caso a tu curiosidad.

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